viernes, enero 20, 2017

oliverio girondo. lo que esperamos

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Lo que esperamos
Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces…
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

Oliverio Girondo, Buenos Aires, 1891- 1967
imagen de Karin Schranz


miércoles, enero 04, 2017

t. s. eliot. little gidding (2)

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Litttle Gidding (2)

III

Hay tres condiciones que a menudo se parecen
aunque son totalmente diferentes, crecen en el mismo seto:
apego a uno mismo y a las cosas y a las personas, desapego
de uno mismo y de las cosas y de las personas; y creciendo entre ellos, la indiferencia
que se parece a los otros como la muerte se parece a la vida,
estar entre dos vidas –sin florecer, entre
la ortiga viva y la muerta. Este es el uso de la memoria:
para la liberación –no menos amor sino expansión
del amor más allá del deseo, y así liberación
del futuro y también del pasado. Así, el amor a un país
comienza como el apego a nuestro propio campo de acción
y descubre que esa acción de poco importancia
aunque jamás indistinta. La historia puede ser servidumbre,
la historia puede ser libertad. Mira, ahora se desvanecen,
los rostros y los lugares, con el ser que, como pudo, los amó,
para renovarse, transformarse en otra cosa.
El pecado es Necesario, pero
todo estará bien, y
la forma de las cosas estará bien.
Si pienso, otra vez, en este lugar,
y en la gente, no del todo encomiable,
sin parentesco cercano o bondad,
pero de un genio peculiar,
todos tocados por un genio común,
unidos en el conflicto que los dividió:
si pienso en un rey al anochecer,
en tres hombres y aun más, en el cadalso
y en unos pocos que murieron olvidados
en otros sitios, aquí en el extranjero,
y en uno que murió ciego y tranquilo,
¿Por qué deberíamos honrar
a estos muertos más que a los moribundos?
No es llamar al pasado
ni es un conjuro
para llamar al espectro de la Rosa.
No podemos resucitar viejas facciones
no podemos restaurar viejas políticas
o seguir un antiguo tambor.
Estos hombres y aquellos que se les opusieron
aceptan la constitución del silencio
y forman un solo grupo.
Todo lo que heredamos de los afortunados
lo tomamos de los derrotados
de lo que tenían para dejarnos –un símbolo:
un símbolo perfeccionado en la muerte.
Y todo estará bien y
la forma de las cosas estará bien
por la purificación de la causa
en el campo de nuestra súplica.

T. S. Eliot, St. Louis, 1888- Kensington, 1965
De The Four Quartets,  Faber and Faber, Londres, 1944
Versión © Silvia Camerotto


III


There are three conditions which often look alike
Yet differ completely, flourish in the same hedgerow:
Attachment to self and to things and to persons, detachment
From self and from things and from persons; and, growing between them, indifference
Which resembles the others as death resembles life,
Being between two lives - unflowering, between
The live and the dead nettle. This is the use of memory:
For liberation - not less of love but expanding
Of love beyond desire, and so liberation
From the future as well as the past. Thus, love of a country
Begins as an attachment to our own field of action
And comes to find that action of little importance
Though never indifferent. History may be servitude,
History may be freedom. See, now they vanish,
The faces and places, with the self which, as it could, loved them,
To become renewed, transfigured, in another pattern.
Sin is Behovely, but
All shall be well, and
All manner of thing shall be well.
If I think, again, of this place,
And of people, not wholly commendable,
Of not immediate kin or kindness,
But of some peculiar genius,
All touched by a common genius,
United in the strife which divided them;
If I think of a king at nightfall,
Of three men, and more, on the scaffold
And a few who died forgotten
In other places, here and abroad,
And of one who died blind and quiet,
Why should we celebrate
These dead men more than the dying?
It is not to ring the bell backward
Nor is it an incantation
To summon the spectre of a Rose.
We cannot revive old factions
We cannot restore old policies
Or follow an antique drum.
These men, and those who opposed them
And those whom they opposed
Accept the constitution of silence
And are folded in a single party.
Whatever we inherit from the fortunate
We have taken from the defeated
What they had to leave us - a symbol:
A symbol perfected in death.
And all shall be well and
All manner of thing shall be well
By the purification of the motive
In the ground of our beseeching.

domingo, enero 01, 2017

ulrike draesner. traducciones radicales, dos sonetos de Shakespeare





















(traducciones radicales, dos sonetos de Shakespeare)

las horas que con gasas suaves enmarcan tu mirada,
en la cual con tanto agrado un ojo extranjero nada,
las darán los transplantadores, como algo de ellos, a ti,
y será sobreiluminado lo que superaba lo más luminoso:
el tiempo que hace tictac en átomos lleva el verano
a un invierno más radiante, y allí lo de justifica:
jugo, petrificado en el refrigerador, membranas carnosas, marchitas,
belleza encostrada por la helada, desnudez, en cada lugar:
si no se encontrara entonces el destilado del verano en el cajón,
más líquido más prisionero entre paredes y gas,
la bolsa amniótica de la belleza se desvanecería por belleza
ni ella, ni el recuerdo quedaría, de esto, como era.
            pero algo de flor, extraído, empujado dentro del invierno,
            derrama como código celular, jugo lechoso, el futuro contra el vidrio.

Ulrike Draesner, Munich, 1962
Versión de Emma Julieta Barreiro
en Periódico de Poesía
imagen de Joy Garnett

(radikalübersetzungen, zwei sonette von Shakespeare)

die stunden, die mit weichem mull den rahmen spannten
deines blicks, in dem so gern ein fremdes auge schwimmt,
werden die transplanteure geben, als sich, an dich,
und ausgeleuchtet wird, was das leuchtendste übertraf:
die in atomen tickende zeit überführt den sommer
in strahlenderen winter, und zergründet ihn dort:
saft, im kühlschrank erstarrt, fleischige membranen, welk,
schönheit überkrustet von frost, nacktheit, an jedem ort:
stünde dann nicht das destillat des sommers im fach,
flüssiger gefangener zwischen wänden und gas,
wäre die fruchtblase der schönheit durch schönheit zerstoben
weder sie, noch erinnerung bliebe, daran, was war.
aber blumenartiges, extrahiert, in den winter geschoben,
schwappt als zellcode, milchiger saft, die zukunft ans glas.


sábado, diciembre 31, 2016

margaret atwood. muerte de un hijo joven por ahogamiento

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Muerte de un hijo joven por ahogamiento

Él, que navegó con éxito
por el río hostil de su alumbramiento
zarpó una vez más

hacia un viaje de hallazgos
en la tierra donde una vez floté
pero no pude tocar para reclamarla.

Sus pies resbalaron por la orilla,
la corriente lo arrastró
en un remolino de árboles y hielo en la creciente

y fue a dar a una región lejana,
su cabeza una escafandra;
por las burbujas de fino vidrio de sus ojos

observó, aventurero temerario,
un paisaje más raro que Urano
que todos hemos pisado y algunos recuerdan.

Hubo un accidente; se bloqueó el aire,
él colgaba en el río como un corazón,
recuperaron el cuerpo anegado,

túmulo de mis planes y futuros mapas,
con varas y ganchos
de entre los troncos amontonados.

Era primavera, el sol seguía brillando, el pasto nuevo
se hizo firme;
mis manos destellaban detalles.

Después de un largo viaje me cansé de las olas.
Mis pies tocaron fondo.
Las velas de los sueños se desplomaron,
Se desgarraron.
Yo lo planté en este país
como una bandera.

Margaret Atwood, Ottawa, Canadá, 1939
Versión de Sergio Eduardo Cuevas Rodríguez
en Periódico de Poesía



Death of a Young Son by Drowning


He, who navigated with success
the dangerous river of his own birth
once more set forth

on a voyage of discovery
into the land I floated on
but could not touch to claim.

His feet slid on the bank,
the currents took him;
he swirled with ice and trees in the swollen water

and plunged into distant regions,
his head a bathysphere;
through his eyes' thin glass bubbles

he looked out, reckless adventurer
on a landscape stranger than Uranus
we have all been to and some remember.

There was an accident; the air locked,
he was hung in the river like a heart.
They retrieved the swamped body,

cairn of my plans and future charts,
with poles and hooks
from among the nudging logs.

It was spring, the sun kept shining, the new grass
leapt to solidity;
my hands glistened with details.

After the long trip I was tired of waves.
My foot hit rock. The dreamed sails
collapsed, ragged.
I planted him in this country
like a flag.

viernes, diciembre 30, 2016

roberto appratto. es la voz de tu conciencia



***

Es la voz de tu conciencia la que te habla
Y te dice: no has de sufrir.
Has de pensar en ti sobre todas las cosas,
Es decir en mí: sin distraerte
Con las ansiedades y los sentimientos de pérdida
Que te acechan a cada paso. Escucha:
Es la voz de tu conciencia la que te pide
Concentración y seriedad
Para pensar en tu vida.
Ésta es la voz de tu conciencia que te exige,
Desde ahora,
Escribir un poema por día.
Un poema.
No es una broma
Ni una exageración: un poema por día
Te ayudará a limpiar tu espíritu
Para no sufrir. Repito: no has de sufrir
Por los problemas amorosos, sino
Amar a ese poema que escribirás
Para no sufrir. La voz de tu conciencia
Vuelve a hablar: escúchame: no te pierdas
En los trajines del día. No duermas tanto.
No vayas al cine
Sólo para pasar el rato.
Debí haberte hablado antes. Debí
Haberte prevenido contra todo eso,
Pero esperaba que actuaras
Por ti mismo. De modo
Que me mantuve en silencio. Hoy,
Con una voz ronca, tal vez por desuso,
Pero fuerte,
He decidido hablar, y por eso me estás escuchando,
¿Me estás escuchando?
Hablo con una voz pausada, serena, para decirte
Que te quedes así,
Sentado, si es posible, en actitud de cumplir
Estrictamente mis palabras: es en presente,
Es en imperativo, que te digo que te concentres,
Que te mantengas alejado del alcohol
Y de las malas compañías; que estés solo,
Profundamente solo,
Aun en presencia de los otros,
Que no harán sino molestarte
Con textos imprecisos, torpes, mal puntuados,
La expresión indirecta y borrosa de sus almas;
La voz de tu conciencia te dice que no los escuches,
Que limpies tus oídos,
Que te pongas de una vez
A escribir el poema. Ése es el llamado.
El poema permanece en ti como una fuerza invisible,
El ritmo de un contrabajo que va y viene
Sobre las inclinaciones de tu espíritu, hasta el otro día,
En que escribirás otro poema,
Como se nunca hubieras escrito antes:
Con una pose ingenua ante la salida libre,
Indómita, de tus palabras. Yo las guiaré, yo,
La voz de tu conciencia, capaz de ver el dolor
Y la imperfección en lo que has hecho.
Me dirás que es tu vida, pero es también la mía;
Tengo derecho, por tanto, a decirte que te calles.
La voz de tu conciencia exige, perentoria,
El respeto del silencio,
Del ejercicio espiritual
De un poema por día, y lo seguirás aun cuando
Los demás te indiquen otro camino:
Serás un hombre si puedes desoírlos y hacer
Solamente lo que te estoy diciendo:
No pienses en otra cosa; sobre todo,
No pienses en eso. La voz de tu conciencia
Piensa por ti
para que no confundas el ritmo de tu vida
con el de tu corazón. Te lo dice, sólo por hoy,
esta voz, que advierte el desorden
en el uso inútil, operático,
de la fantasía, de la memoria,
de la ensoñación.
Deja que tu pasado,
a menudo abrumado por el dolor,
por la incertidumbre,
por la entrega absoluta a causas imposibles,
se evapore. Por eso te dice, una vez más,
la voz de tu conciencia que te quedes así, quieto,
y no sufras. Escribe tu poema, firme, sólido,
impasible, galvanizado en tu soledad, y estarás bien.
Ahora, con un gesto desprendido y generoso,
Con una sonrisa de aceptación, sin otra cosa que tu propia fuerza,
Escribe lo que te dictaré: empieza así:

Tengo para escribir cuatro poemas
Todos al mismo tiempo, material
Hay de sobra, puedo escribir más si quiero
Pero alcanzaría con cuatro: tomo aire
Y meto unas palabras en el primero,
Paro con ése y sigo así hasta el cuarto
Hasta que llego a una cantidad suficiente
De palabras en cada uno y termino,
No sé cómo pero termino más o menos a tiempo
Para dar una vuelta y decirme: tengo cuatro poemas,
Todos en un rato, y así día a día  llego
A ciento veinte poemas por mes y a mil
Cuatrocientos cuarenta por año, lo cual
Está bien. Novelas


Serían un poco menos.

Roberto Apprato, Montevideo, 1950
imagen de Alberto Burri, en Instalación de miniaturas: The Trauma of Painting

jueves, diciembre 29, 2016

john ashbery. y ut pictura poesis es su nombre














Y ut pictura poesis es su nombre

Ya no puedes decirlo así.
Concernido por la belleza tienes que
salir al aire libre, a un claro,
y descansar. Sin duda cualquier cosa divertida que te ocurre
está bien. Pedir más que esto sería raro
en ustedes, ustedes que tienen tantos amantes,
gente que te admira y que está dispuesta
a hacer cosas por ti, pero piensas
que no está bien, que si en verdad te conocieran. . .
tanto como para un auto-análisis. Ahora,
sobre qué poner en tu poema-pintura:
las flores siempre son agradables, en particular la espuela de caballero.
Nombres de chicos que conociste alguna vez y sus trineos,
los cohetes son buenos-¿existen todavía?
Hay muchas otras cosas de la misma calidad
como las que he mencionado. Ahora uno debe
encontrar algunas palabras importantes, y otro montón de
palabras discretas, aburridas. Ella se me acercó
por la compra de su escritorio. De repente la calle fue
plátanos y el estruendo de los instrumentos japoneses.
monótonos testamentos desperdigados por ahí. Su cabeza
se unió a la mía. Éramos un subibaja. Algo
debe ser escrito sobre cómo te afecta esto
cuando escribes poesía:
La extrema austeridad de una mente casi vacía
chocando con el exuberante follaje de Rousseau en su deseo de comunicar
algo entre respiraciones, aunque sólo sea por el bien
de los demás y su deseo de comprenderte y abandonarte
hacia otros centros de comunicación, para que la comprensión
comience y, al hacerlo, se deshaga.

John Ashbery, John Ashbery, Rochester, 1927
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Su Blackwell

And Ut Pictura Poesis Is Her Name

You can't say it that way any more. 
Bothered about beauty you have to 
Come out into the open, into a clearing, 
And rest. Certainly whatever funny happens to you 
Is OK. To demand more than this would be strange 
Of you, you who have so many lovers, 
People who look up to you and are willing 
To do things for you, but you think 
It's not right, that if they really knew you . . . 
So much for self-analysis. Now, 
About what to put in your poem-painting: 
Flowers are always nice, particularly delphinium. 
Names of boys you once knew and their sleds, 
Skyrockets are good—do they still exist? 
There are a lot of other things of the same quality 
As those I've mentioned. Now one must 
Find a few important words, and a lot of low-keyed, 
Dull-sounding ones. She approached me 
About buying her desk. Suddenly the street was 
Bananas and the clangor of Japanese instruments. 
Humdrum testaments were scattered around. His head 
Locked into mine. We were a seesaw. Something 
Ought to be written about how this affects 
You when you write poetry: 
The extreme austerity of an almost empty mind 
Colliding with the lush, Rousseau-like foliage of its desire to communicate 
Something between breaths, if only for the sake 
Of others and their desire to understand you and desert you 
For other centers of communication, so that understanding 
May begin, and in doing so be undone. 

martes, diciembre 27, 2016

césar vallejo. altura y pelos

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Altura y pelos

¿Quién no tiene su vestido azul?
¿Quién no almuerza y no toma el tranvía,
con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo?
¡Yo que tan sólo he nacido!
¡Yo que tan sólo he nacido!

¿Quién no escribe una carta?
¿Quién no habla de un asunto muy importante,
muriendo de costumbre y llorando de oído?
¡Yo que solamente he nacido!
¡Yo que solamente he nacido!

¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa?
¿Quién al gato no dice gato gato?
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!

¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!


César Vallejo, Perú, 1892- París, 1938
de Poemas Humanos, 1923-1938

domingo, diciembre 25, 2016

rosario castellanos. el resplandor del ser

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El resplandor del ser

Sólo el silencio es sabio.
Pero yo estoy labrando, como con cien abejas,
un pequeño panal con mis palabras.

Todo el día el zumbido
del trabajo feliz va esparciendo en el aire
el polvo de oro de un jardín lejano.

En mí crece un rumor lento como en el árbol
cuando madura un fruto.
Todo lo que era tierra -oscuridad y peso-,
lo que era turbulencia de savia, ruido de hoja,
va haciéndose sabor y redondez.
¡Inminencia feliz de la palabra!

Porque una palabra no es el pájaro
que vuela y huye lejos.
Porque no es el árbol bien plantado.

Porque una palabra es el sabor
que nuestra lengua tiene de lo eterno,
por eso hablo.

El ser eterno, único,
la redondez del círculo cumplida.

Boca que se abre para decir sí
como se abre -asintiendo- la semilla.

Baja a la inteligencia
total, sin mengua, la palabra;
y queda (como el ámbito por el que vuela un pájaro)
plena y maravillada.

En mí su voluntad no fue hermosura.
Me hizo, como a la planta del desierto,
áspera y taciturna.
Me alzó para medir la soledad
en la extensión sin término, desnuda.
El viento herido en mis espinas- sangra.
Mi única flor es la obediencia oscura.

No ser ya más. O ser
sumisa, un instrumento.
Una flauta en los dedos de la música,
una espiga inclinada bajo el verano inmenso.

No ser ya más. Girar
disciplinadamente ceñida al universo.
Navegar sin orillas
en el amor perfecto.

Amanece en el valle. Con qué lento
resplandor se sonrosa la nieve de las cimas
y cómo se difunde la luz en el silencio.

Hechizada, contemplo el milagro de estar
como en el centro puro de un diamante.

¡Ah, despertar, vivir,
amar, amar el viento
como un amor de pájaro!

De toda la creación esta creatura,
ésta, para mi gozo.
Escogida y perfecta,
coronación del mundo más hermoso.

De su promesa viene
a ser presencia pura.
¡Oh, amor! ¡Oh, misterio,
agua donde la perla se consuma!

¡Alegría de ser dos! En dos orillas
va el río, regalándose.
En dos alas el pájaro
sube al centro del aire.

En las manos unidas
reposa, sostenido, el universo.
¡Alegría de ser dos, y entre los dos
lo eterno!

Me llamas, como a Eurídice,
rompiendo la tiniebla.
El nombre que me das
es para que amanezca.

Sonreída, inocente,
hierba, me vuelvo al aire conmovido.
De la noche no tengo
más que el rocío.

Me alegro con la rama del almendro.
Calló todo el invierno, pero sin descansar,
pues preparaba el tiempo
de convertir lo oscuro de la tierra
en esta flor con la que hoy me alegro.

Se mecía la rama
y era una flor abierta
su única palabra.

¡Cuánta muerte vencida para alcanzar la cima
de plenitud tan breve y delicada!

No era la eternidad. Era la primavera.
La primavera que florece y pasa.

Lo supe con mi carne.
Que la vida es la flor que entre sus dedos
va deshojando el aire
para dejar sin cárcel el perfume
y sin dueño la miel temblorosa del cáliz.

Así, como a la flor del cardo, nos destruye.
Lo supe con mi carne.

¡Qué amistad la del agua con su cauce
y qué conversación la de la rama
cortejada del aire!

En la mano del día
resplandece un anillo de esponsales.
¡Quñe nupcias de la luz y del espejo!

Nadie está solo. Nadie.

No temo por la hoja del arbusto pequeño,
aunque la oculte el árbol poderoso,
aunque la huelle el paso del becerro.

El rocío la embellece
de noche y en silencio.

¡Cömo canta la tierra cuando gira!
Canta la ligereza de su vuelo,
su libertad, su gracia, su alegría.

Así cantan los pájaros
regresando a su nido desde lejos.

El amor que nos ama
no aparta de nosotros ni un instante
la mirada.

Bajo ella estamos todos los dispersos,
como espigas en haz, en gravilla apretada.
La medida completa
que él alzaría en sólo una brazada.

¿Quién vivió y no lo cree?
Las palabras lo juran,
lo atestiguan los seres.

Que este don que nos dieron es don que se recibe
y ya no se devuelve.

A veces hay la noche,
pero la luz es fiel y vuelve siempre.

Al tercer día todo resucita.

Sólo la muerte muere.

No te despidas nunca.

La hoja que el otoño desprende de la rama
conoce los caminos del regreso.

La juventud recuerda su querencia.
La golondrina vuelve del destierro.

No te despidas nunca, porque el mundo
es redondo y perfecto.


Rosario Castellanos México DF,1925 - Tel Aviv, Israel, 1974
En Poesía no eres tú, Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 1972


viernes, diciembre 23, 2016

yvor winters. the old weep gently













Los viejos lloran suavemente

Estos viejos árboles
suspiran en cada hoja,
miran sus troncos
como si regresaran años atrás.
Los viejos nudos permanecen
allí donde los miembros fueron arrancados-
pequeños rostros borrados con la mano
de su pena gargoleana;
mientras las sombras
se deslizan por los troncos
como lágrimas.

Yvor Winters, Chicago, 1900- Palo Alto, 1968
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Osnat Tzadok


The Old Weep Gently

These old trees
Sigh in every leaf,
Look down their trunks
As if back down the years.
Old knots stay
Where limbs were torn away-
Little fist-rubbed faces
Of gargoyle grief;
While shadows
Slip down the trunks
Like tears.



miércoles, diciembre 21, 2016

yvor winters. sobre blake















Sobre Blake

Cuando la madre de Blake murió,
él se levantó de la cama
(era inválido)
y le cerró sus ojos y acomodó su cabello;
y sacó la almohada bajo su cabeza,
y puso la sábana sobre su delgado y sereno rostro,
y la dejó allí.

El pequeño Mayordomo se deslizó a través de la penumbra-
una cucaracha asustada.
Blake lo arrinconó
para darle indicaciones. Y él: “¿A qué hora murió?”-
La última palabra salió entrecortada
con una mueca serena y dolorida.
Gran problema. Su cabeza se sacudía
ante Blake en el crepúsculo, febril, sombría.
Blake es también pequeño, su cuerpo frágil se retorcía.
Su cara transparente y afeminada
algo estremecida,  congelada volvió a casa.
El llanto de su hermana, apenas visible por la penumbra.
estupefacta, borracha, al final del corredor.
Esto fue todo.

Luego Blake regresó al cuarto crepuscular
donde las velas luchaban débilmente con el anochecer.
Retiró la sábana blanca del  blanco rostro.
Su bata cayó en pliegues cerezas
sobre esta, manchas de fiebre en la sombra.
Estaba cansado y débil y helado.
Miró la cara serena como si fuera un espejo,
Sus rasgos –un espejo curioso, ¡la Muerte!-
congeladas e inestables ante el aliento súbito e intruso.

Yvor Winters, Chicago, 1900- Palo Alto, 1968
Versión © Silvia Camerotto
imagen de William Blake, Pity

Concerning Blake
When Blake’s mother died,
He got up out of bed
(He was an invalid)
And closed her eyes and smoothed her hair;
And took the pillow from beneath her head,
And drew the sheet across her thin clear face,
And left her there.

The little Butler scudded through the gloom-
A frightened cockroach.
Blake cornered him
To give him orders. And he: “At what time did she die?”-
The last word jerked out
With a placating pained grimace.
Great difficulty. His head jerked about
Before Blake in the dusk, febrile, dim.
Blake’s small too –fragile body twitched.
His transparent feminine face
Quivered slightly, froze back into place.
His sister’s sobs, half checked by the gloom,
Staggered, drunken, down the hall.
This was all.

Then Blake went back into the twilit room
Where the candles struggled vaguely with the dusk.
He drew back the white sheet from the white face.
His bathrobe fell in cerise fold on fold
Above it, fever-blotches on the shadow.
He was tired and weak and cold.
He stared at the clear face as into a mirror,
His features –a curious mirror, Death!-
Frosted and uncertain at his sudden intruding breath.







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