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Mostrando las entradas de noviembre, 2008

la ofrenda de herodes

I.
La alcoba solitaria

El diván dormitaba; las sortijas
brillaban junto a la oxidada aguja
y un antiguo silencio de Cartuja
bostezaba en las lúgubres rendijas.

Sentía el violín entre prolijas
sugestiones, cual lánguidad burbuja
flotar su extraña anímula de bruja
ahorcada en las unánimes clavijas.

No quedaba de tí más que una gota
de sangre pectoral, sobre la rota
almohada. El espejo opalescente
estaba ciego. Y en el fino vaso,
como un corsé de inviolable raso
se abría una magnolia dulcemente.

de Crepúsculos del Jardín

II.
La última careta

La miseria se ríe. Con sórdida chuleta,
su perro lazarillo le regala un festín.
En sus funambulescos calzones va un poeta,
y en su casaca el huérfano que tiene por Delfín.

El hambre es su pandero, la luna su peseta
y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin
de león, la corona. Su baldada escopeta
de lansquenete impávido suda un fogoso hollín.

Van en dominó de harapos, zumba su copia irónica.
Por antifaz le presta su lienzo de Verónica.
Su cuerpo, de llagado, parece un huerto en…

la teoría de violeta

al llegar a casa encontré una grata sorpresa en mi correo...


Buscando en mi biblioteca, encontré esta fotografía. En el instante en que la vi no pude contener mis deseos de enviarselas. Esta foto es la prueba definitiva de la validez de mi teoría. Está finalmente comprobado que en otro tiempo y en otro espacio, todo fue real, o al menos verosimil.
Espero haberlos convencido.
Saludos.
Violeta
P.S:
Tal vez, al encontrar expre­sión perfecta para mi pasión, había agotado la pasión misma: las fuerzas emocionales, como las fuerzas de la vida física, tienen sus limitaciones positivas. Acaso el mero esfuerzo de convertir a alguien a una teoría implica alguna forma de renuncia a la fuerza de la creencia. Quizá estaba simplemente harto de toda la cuestión y, habiéndose consumido mi entusiasmo, se quedó mi razón a solas con su propio juicio desapasionado. Como quiera que sucediera, el hecho es que indudablemente, y no puedo pretender explicarlo, Willie Hughes fue para mí de pronto un simple mito, …

tablas poéticas. primera parte

Tablas poéticas
De Francisco Cascales [1617]

Las cinco primeras tratan de la poesía in genere, y las otras cinco de la poesía in specie

De la poesía in genere
Tabla primera: De la diffinición poética, de su materia, forma y fin, de la división de las poesías, de la diferencia y concordancia dellas.
Tabla segunda: De la fábula.
Tabla tercera: De las costumbres.
Tabla quarta: De la sentencia.
Tabla quinta: De la dicción.

De la poesía in specie
Tabla primera: De la épica mayor.
Tabla segunda: De los poemas menores reduzidos a la épica mayor.
Tabla tercera: De la tragedia.
Tabla quarta: De la comedia.
Tabla quinta: De la Lýrica.

De la poesía in genere
Tabla primera
PIERIO.- En nombre de Dios, pregunto, ¿qué cosa es la poética?
CASTALIO.- La poética es arte de imitar con palabras. Imitar es representar y pintar al vivo las acciones de los hombres, naturaleza de las cosas y diversos géneros de personas, de la misma manera que suelen ser y tratarse. Assí que nuestros hechos no sólo los imita la poét…

la evasiva memoria

apuntes para una reencarnación (selección)

Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.

Escribir palabras que lleguen a ser los desprevenidos años preadolescentes. Horas a eso del atardecer, repentinas (nadie contaba con ellas), la nube que acaba de llegar a la página, ya a punto de ausencia, la misma urgencia que la hizo entrar en la pieza la hace ahora desvanecerse, nube con una llovizna dentro, ¿y por qué tan callados en algunos lugares de la tarde, en medio de una conversación de golpe interrumpida, chaparrón de la memoria en mitad del verso, hiato blando del corazón de la sandía partido en dos como el para siempre enrojecido corazón del ocaso, pulpa de esa memoria abriéndose paso entre person…

aquí estamos

el libro y yo

no verás niños engreidos

el retorno del desterrado

Se amontona en borrascas una especie de herrumbroso fango,
no hielo, no nieve, para adherirse al hotel de Ville,
donde ensamblados dragones de hierro apresan
la ventisca en su rigor mortis. Una campana
se queja cuando los ecos arrancan
la paja del techo de su torre,
las ametralladoras gatillan, escupen, rajan la madera
y mellan los techos de pizarra sobre la Holstenwall
donde las arrancadas tejas coronan al vencedor. Otoño
e invierno, primavera y verano, los cañones se alistan
y avanzan pesadamente por la estrella calle de techos agudos
delante de tu gris, doliente casa ancestral
donde el nogal dinamitado
sombrea una vieja, rolliza puerta desquiciada por el viento
e intimida al comandante yanqui. No verás
niños engreidos ni encontrarás
al infame canciller de la pata de palo
con una nomeolvides en el ojal
cuando los insípidos libertadores se derramen
por la Plaza del Mercado, depositen en tierra las armas
ante el Rathaus; pero ya los puestos de azucenas
hacen …

fingir la comprensión que no se tiene

extraños

Volviendo de la escuela de mi hija
vi venir a una mujer con la expresión crispada
hablando con dolor a un celular.
Lloraba y pensé en decirle algo.
No lo hice, porque ocurre,
con soledad tan clara,
tan nítida y rotunda,
que sólo con esfuerzo y desde lejos
se puede acompañar.
Fingir la comprensión que no se tiene,
mostrar preocupación ajena,
mientras uno sigue caminando
y haciendo con las manos ese gesto,
como espantando los pájaros del miedo.

jorge fondebrider
de Los últimos tres años, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2006.

sofistería

maldecir la retórica que dice
que la vida es un halago de dios
dormir en nuestra casa de prestado
con una unívoca persona
y pagar la cuota
de la muela perdida por envejecimiento
hasta haberse gastado de rodillas
extendiendo las sábanas
con las que el funebrero envolverá
el último acontecimiento feliz
que fue cerrar los ojos para no ver
la inútil tragedia.

silvia camerotto, lomas de zamora, 1959
inédito

la gente lee libros trágicos

jinetes del apocalipsis

No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas,
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
suena con llanuras que parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.

Irene Gruss
* de La mitad de la verdad. Obra poética reunida 1982/2007. Editorial Bajo la luna Poesía, 2008

te ofrecieron amor y no quisiste

1.
elegía

Sintiendo el casi bárbaro pavor de lo absoluto
y la atracción simpática del hambre de la tierra,
echo estas cuatro estrofas de hiel en tu sepulcro
igual que cuatro garfios para tu carne muerta.

Sé bien que estás viviendo aquí o en otro sitio,
dentro o fuera del ámbito del espacio y del tiempo,
en horrible simbiosis empotrado en tus hijos,
enquistado en sus vidas, como un gusano fétido.

Ojalá cuando el sueño te devoró los ojos
y te impulsó hasta el fondo sin fondo de la noche,
tu fuga no dejará tras sí para nosotros
ni la estela encendida en su caída enorme;

que volatilizada tu materia y extinta
tu psique, fueras menos que la nube que pasa,
¡porque los malos quedan pesando en nuestra vida
y los buenos nos llevan la muerte de ventaja!*

*de Nefelibal,1922.

2.
sueño

En la silla de mimbre te has quedado dormida
con un fin de sonrisa en la boca entreabierta.
Está como en cenizas la brasa de tu vida
y por un poco de aire no acabas de estar muerta.

En las manos se aduerme la luz, com…

josé luis mangieri. selección

«lo que vale —te guste o no— es lo que hacés desde que nacés hasta que te morís»,









Cosas pendientes

Me gustaría que la gente dijera de mí ,"Con pasión, hizo lo que pudo". Sería un buen final.**

Último vuelo

Veintiséis años de amor
partieron rumbo a Texas
en un Boeing 707
bajo la lluvia.

El aeropuerto y las gentes
quedaron solos
mojados
mirando.

Yo también.***


**de Es rigurosamente cierto, Libros del Rojas, Buenos Aires, 2004.
***de Poemas del amor y de la guerra, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008.

más josé luis: 16.10.08, 22.7.08, 22.6.08