Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de agosto, 2009

¿cuándo se invalidará mi sentencia?

Los desamparados

La paz que otros buscan, encuentran;
las peores tormentas no duran mucho tiempo;
el cielo concede incluso a la mente más culpable
una amnistía para el pasado;
¿Cuándo se invalidará mi sentencia?
Sólo rezo para saber lo peor;
y ruego como si mi corazón fuera a estallar.

¡Oh agotadora lucha! Silencioso año
que en apariencia dice un cuento cierto;
y aún así lo abandonan y temen
y las esperanzas son fuertes y prevalecerán.
Mi fe más calma no escapa al dolor;
y, sintiendo que espero en vano,
creo que él regresará.

William Wordsworth, Cockermouth, 1770.- Rydal Mount, 1850.
De Ecclesiastical Sonnets, Critical Edition by Abbie Findlay Potts, Yale University Press, New Haven, November 1922

Versión © Silvia Camerotto
Imagen: S/D

The foresaken

The peace which other seek they find;
The heaviest storms not longet last;
Heaven grants even to the guiltiest mind
An amnesty for what is past;
When will my sentence be reversed?
I only pray to know the worst;
And wish as if my heart would burst.

O weary struggle!…

esa trampa metafísica

Mosca de velorio

Después del muerto
quien lo pasa mejor en el velorio
es sin duda la mosca.
Ella insiste en el rostro del difunto
pese a todos los vivos
y allí están compartiendo
el dominio cerrado
de un tranquilo díalogo secreto.
Ahora hay que cerra el ataúd
y de un salto vital la mosca huye
para seguir viviendo como sea
y no caer en esa trampa metafísica.
Había mucha fe aplicada
en ese contacto delicado,
algo bueno, moral, de problema resuelto.
Si comparamos, vemos,
cómo se tambalea y vocifera,
cómo fracasan las relaciones.
Ahora bien
¿por qué quiso vivir la mosca?
¿por qué el muerto siguió muerto?

Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924- Salta, 2004

de Poesía completa Joaquín O. Giannuzzi, Edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Edición Sibilina S.L.U., Sevilla, 2009.
Imagen: S/D

con dos pollos ciegos

No somos lo que esperábamos

Un árbol suelto de monte:
la llama que queda.
La mujer no entiende
por qué se ha despedido
del cuerpo que la lastima
y no tiene fuerzas
para triturar la noche.

Chupando el nudo
de su vientre,
el viento que destila
el muro viejo,
el grito que dispara
el torturado
cuando lo dejan solo.


La promesa

Julia calla.
La casa es igual,
con dos pollos ciegos.


Dedicado

Vení, sentate, charlemos.
Acá estoy, como querías, como dijiste
que querías.

Vengo de años de inyecciones,
con un animal muerto: ya no
es sólo una piedra en la cabeza.

Vuelvo a este Brasil deshecho
donde me pediste que esté. Ahora,
¿qué querés que te diga?

Mi voz está entre otras voces,
acompañada, sigue
siendo mía.

Vuelvo con la sangre curada y rota,
miro a los fascistas
desde la vieja ventana.

Las patrullas se mueven del vómito
al abismo. Se han tecnificado
para atravesar nuestros cuerpos.

Era mentira que nuestros amigos
no acabaron en el cementerio. Acá estoy,
pero no sé si puedo darte algo más.

Salvador Biedma, Buenos Aires, 1979
Inéditos
Ima…

el árbol de la rabia

Quién dijo que era simple

Son tantas las raíces del árbol de la rabia
que algunas veces las ramas se quiebran
antes de florecer.
Sentadas en Nedicks
las mujeres reunidas antes de la marcha
charlan sobre las problemáticas chicas
a quienes contratan para liberarse.
Un empleado casi blanco pasa por alto
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas ni advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de la propia esclavitud.
Pero yo, atada por mi espejo,
igual que por mi cama
veo razones en el color
así como en el sexo
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yoes sobrevivirá
a todas estas liberaciones.

Audre Lorde, Harlem, 1934- 1992
Versión © Silvia Camerotto
Imagen: Karin Petersen

Who said it was simple
There are so many roots to the tree of anger
that sometimes the branches shatter
before they bear.
Sitting in Nedicks
the women rally before they march
discussing the problematic girls
they hire to make them free.
An almost white counterman passes
a waiting brother to serve them first
and the ladies neit…

la que mueve la acción

Así habla Júpiter y así la hija divina de Saturno,
decaído el semblante, le responde:
«Por eso, pues sabía que era ese tu deseo, egregio Júpiter,
he abandonado a Turno y he dejado la tierra contra mi voluntad.
Si no, no me verías ahora solitaria en este miradero del aire
sufriendo lo decible y lo indecible. Estaría arrebujada en llamas
allá en la misma línea de batalla, arrastrando a los teucros al amargo combate
Aconsejé a Juturna, lo confieso,
que ayudara a su hermano infortunado y accedí
a que intentara audacias mayores todavía por salvarle la vida,
mas no a que disparase dardos ni a que tensara el arco.
Lo juro por el inexorable hontanar de las aguas de la Estigia
-el solo nombre por que siente respeto los dioses de la altura-.
Y ahora me voy y abandono esta lucha que he aborrecido ya.
Un favor no prohibido por decreto ninguno del destino te pido en bien del Lacio
y la grandeza de los tuyos, tu pueblo. Cuando asienten la paz
con una bodas de feliz augurio, que así sea, cuando qued…

sobras de sombra

Ante la ley

Los extremos de mi barba ya se enredan
con las uñas que sangran por el dorso.
En cada mano puedo plantar un ombú
aunque la condición se compromete
desde que todo lo presente pica
igual que un piojo.

Por qué no sabré ver ahora
la luz en la pared de la caverna
y sólo este bastidor sucede
haciendo sobras
de sombra,
remedos de un remedo
ataviados
como una mercancía.

El vacío se borda y desteje
inhumano. Ahí detrás
alguien consume
con usura
una enormidad de nada.

Debo darme bríos:
no sé qué hago aquí,
no sé qué espero.

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948
de La forma humana, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1999.

veinte cigarrillos por día

La Ingrid Bergman

Mi proyecto erótico de los 18 años.
Una vez le hice señas desde la oscuridad
y ella se desprendió de los brazos de Cary Grant.
Se despegó de la pantalla,
vino hacia mi butaca, se sentó en mis rodillas
y no se levantó hasta que mis pantalones se
humedecieron y the end.
Qué poesía amarga la de mi vida en esa época.
Ahora debe andar por los setenta y tantos
y yo fumo veinte cigarrillos por día para no
sentirme excesivamente dramático.

Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924- 2004.
de Poesía Erótica Argentina, Selección y prólogo Daniel Muxica, Editorial Manantial, Buenos Aires, 2002.

y quién dice...

III

¿Y quién te dice cómo hacés
para que no se caiga
el vaso de tu mano
y derramés el agua
si todavía absorta estás
a la altura de la hierba,
sólo despierta a tus sentidos?
Mirás como si a tu alrededor
tuvieras todo el espacio posible
y cada objeto fuera un calidoscopio.
¿Y quién puede decirte cómo hacés
para durar derramando agua
y con esos ojos del tamaño
del mundo?

de 'III Parte, Constelaciones'

II

Las palabras están muertas.
Hay un silencio anterior
a la palabra.
Hay un silencio que llega
después de las palabras.

Las campanadas del reloj de bronce
de la vieja casa de los abuelos
resuenan en cuartos vacíos.

Hay otro silencio que no es
esta mudez repentina y desencajada.
Hay un hablar verdadero donde
oímos en silencio a los otros,
donde podríamos cantar lo indecible.

de 'Salida de la sangre'

Marcelo Leites, Concordia, 1963
de La resonancia de las cosas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009
imagen: Painting the moon, fotografía, autor desconocido.

hasta la roca aislada

Conjuro

Dado el horizonte de la ciencia
me inclino a la magia —
he puesto tu libro junto al mío

ahora, que las almas y las palabras
se entrelacen
que un poder impreciso

interceda en este nimio
asunto humano y lo eleve
como un vapor secreto, privado

hasta la roca aislada
donde sólo anidan cosas
permanentes.

Gerardo Gambolini, Buenos Aires, 1955.
Inédito.
Imagen: Odilon Redon, Burdeos 1840-1916, Sita.

papiols, papiols

Sestina Altaforte

Loquitur: En Bertrans de Born.
Dante Alighieri puso a este hombre en el infierno por que era un agitador de conflictos.
¡Eccovi! ¡Juzgadlo !
¿He cavado él de nuevo?
La escena en su castillo, Altaforte. "Papiols" es su malabarista.
"El Leopardo", es el estandarte de Ricardo Corazón de León.

I
¡Maldita sea! todo nuestro sur apesta a paz.
¡Tú, Papiols, hijo de puta, ven! ¡Música!
No tengo vida excepto cuando las espadas chocan.
Pero ¡oh! cuando veo los estandartes de oro, pieles, púrpuras, combatiendo
Y a los anchos campos debajo de ellos volverse carmesí,
Entonces, yo aúllo con mi corazón casi loco de regocijo.

II
Durante el cálido verano me regocijo
Cuando las tempestades de la tierra desbastan la repugnante paz,
Y los relámpagos del negro cielo destellan carmesí,
Y los feroces truenos retumban su música
Y los vientos gritan a través de las furiosas nubes, combatiendo,
Y a través de los rajados cielos las espadas de dios chocan.

III
¡El infierno garant…

pulverizado reino

II.
El otro

Reino de dos hornallas y azulejos.
Calamares y fermentos de sartenes mugrientas.
Platos que se confunden con el hule descolorido.
Pan con hombre. ¡Alabado seas!
Que no nazca del agua y del espíritu el muerto asomando al vacío.
La remoción concluye en el patio del primer piso y los
vecinos escuchan la Grosse fugue.
Éso se llama perseverancia, decís, con la ventana abierta
mientras mirás a la chica que estudia medicina.
Un pie de barro y otro de hierro.
Después del sueño de Nabucodonosor,
el arco perimetral es rodeado por grandes murallas.
Altura y resistencia de los restos de la estatua.
Sartenes mugrientas.
No temas, seguirá siendo el pulverizado reino.
De la cama al trabajo y del trabajo, cada uno a su casa.

silvia camerotto, lomas de zamora, 1959
inédito

he visto tu rostro

la luz checoslovaca

Oxidada la artesanía, la calle bajo taciturna luz, la que pelea con su origen;
difusa pero empeñada en que fue más o puede serlo.
Cruje la puerta que se abre lentamente al pasillo con vieja alfombra,
allí donde se produjo la séptima aparición de la Virgen.
La ve, mientras la vecina nonagenaria pasa con la chata
de su centenaria vecina a la que cuida devota, como hermana.
Oh señor, he creído. Oh señor creo aún si lo deseas.
¿No es cierto que la intensa circulación y la gula son una misma cosa?
¿No es verdad que los bajos tonos corresponden a los eternos imperios?
Lo dicho: he visto tu rostro en sartenes oscuras en despojadas cocinas.
Y lo he visto bajo el escaso resplandor azulado del supermercado vecinal.
No lo he visto en el shopping, Señor. No lo he visto en el casino.
Señor, por alguna indicación tuya sorprendida en un libro comercial,
he amado los días nublados y el desierto en las palabras.
Pero me condenaste a amar la verde lechuga y la carne fresca,
en tanto…