domingo, febrero 28, 2010

hay ruiseñores que cantan



en el año del Centenario de Miguel Hernández


Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Miguel Hernández, Orihuela, Alicante,1910 - 1942
de Miguel Hernández, Viento del pueblo, Editorial Lumen, Barcelona, 2000
imagen: Antonio Pérez "Franchi"

sábado, febrero 27, 2010

ya empieza a quedar poco


Sin tigres

SIN TIGRES

¿Qué hay en la sombra a la hora del yo,
cuando todo pierde el gusto
y uno empieza a vivir sin ilusión,
porque el tiempo ya empieza a quedar poco?

¿Qué otra cosa hay en la sombra de la hora del yo?
Al frío y al calor, a un diente menos,
al tomate que va perdiendo el gusto, al egoísmo,
el mal gobierno, ¿a todo uno se acostumbra?

¿Qué otra cosa hay en la sombra de la hora del yo
sino vivir crispado, dormir poco,
saber que todos vamos, por mera estupidez,
hacia un mundo sin tigres?

Jorge Fondebrider, Buenos Aires, 1956
Inédito
imagen: William Blake

viernes, febrero 26, 2010

aquí solo existe la tierra



Panorama ciego de Nueva York

Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
Pero no, no son pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes.
Pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna,
y son siempre muchachos heridos
antes de que los jueves levanten la tela.

Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
No está en el aire, ni en nuestra vida,
ni en estas terrazas llenas de humo.
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
es una pequeña quemadura infinita
en los ojos inocentes de los otros sistemas.

Un traje abandonado pesa tanto en los hombros,
que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas;
y las que mueren de parto saben en la última hora
que todo rumor será piedra y toda huella, latido.
Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales
donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas
y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas
pequeñas golondrinas con muletas
que sabían pronunciar la palabra amor.

No, no son los pájaros.
No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,
ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,
ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada:
es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,
es un pequeño espacio vivio al loco unisón de la luz,
es una escala indefinible donde las nuebes y rosas olvidan
el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.
Yo muchas veces me he perdido
para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas
y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas
y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.
Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas
donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos,
plazas del cielo extraño para las antiguas estuas ilesas
y para la tierna intimidad de los volcantes.

No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,
pero dientes que callarán aislados por el raso negro.

No hay dolor en la voz. Aquí solo existe la Tierra.
La Tierra con sus puertas de siempre
que llevan al rubor de los frutos.


Federico García Lorca, Fuente Vaqueros,1898 – entre Víznar y Alfacar, 1936
de Poeta en Nueva York (circa 1929), "Calles y sueños"
imagen: s/d

martes, febrero 23, 2010

la tierra es breve


XXIII

Me digo, la tierra es breve,
y la angustia es absoluta.
Y muchos están heridos,
pero y con eso ¿qué?

Me digo, podríamos morir;
la vida más plena
no puede contra la caída final;
pero y con eso ¿qué?

Me digo que en el cielo,
de algún modo, seremos pares,
habrá un nuevo equilibrio;
pero y con eso ¿qué?

CXXVIII

Al morir oí el zumbido de una mosca;
la quietud alrededor de mi cuerpo
era como la quietud del aire
entre los vientos rotos de la tormenta.

Los ojos cercanos se escurrieron hasta secarse,
y las respiraciones se unían con firmeza
hacia la última meta, donde el rey
sería visto en todo su poder.

Yo lego mis recuerdos, cediendo
la porción de mí que
pude transferir, —y allí, entonces
se interpuso una mosca.

Con un zumbido azul, inestable y torpe,
entre la luz y yo;
y entonces las ventanas se cerraron, y entonces
no pude ocuparme de ver.

Emily Dickinson, 1830- 1886, Amherst, Massachusetts.
Versión © silvia camerotto
De The Collected Poems of Emily Dickinson, Barnes & Noble, New York, 1993
imagen: Caspar David Friedrich, Woman at window, en Commons Wikimedia

XXIII

I reason, earth is short,
and anguish absolute.
And many hurt;
but what of that?

I reason, we could die;
the best vitality
cannot excel decay;
but what of that?

I reason that in heaven
somehow, it will be even,
some new equation given;
but what of that?


CXXVIII

I heard a fly buzz when I died;
the stillness round my form
was like the stillness in the air
between the heaves of storm.

The eyes beside had wrung them dry,
and breaths were gathering sure
for the last onset, when the king
be witnessed in his power.

I will my keepsakes, signed away
what portion of me I
could make assignable, —and then
there interposed a fly.

With blue, uncertain, stumbling buzz,
between the light and me;
and then the windows failed, and then
I could not see to see.

sábado, febrero 20, 2010

olvidando las alturas


10.

cada evidencia se convierte
entrega su confianza
muestra su frente a los hombres

el reto cotidiano
el edificio respirable de la ternura
se yerguen junto a las fuentes
y a veces interrumpen la rivera opuesta

de En común, 1944-1949

Todos nosotros

no he perdido las miradas de esta multitud
están junto a las calles
sosteninendo las manos y las luces

pero se hace necesario convertir cada uno de sus pasos
sus diarios las tareas

veo los pisos surgidos de a poco
y veo sus alas plegadas al anochecer
y esta gente pregunta mientras tanto por sus mesas
por las paredes o el sueño que se acerca

muchos han reducido las tardes
olvidando las alturas
para esperar solamente

todos aceptamos las respuestas
reunidas por la luz
y contemplamos los días
ausentes de par en par

sin embargo
en medio de este nombre
donde las cosas aquietan mi memoria
busco la marcha de cada letra
la alegría de vivir en el descuido de mi retorno

de En común, 1944-1949

Los hombres y los años

a uno y otro lado de la muralla
los años quedan clausurados en su primer regazo
en los ojos abiertos hacia el amanecer

hablo de la sed y el sueño líquido del hombre
de los deseos la esperanza el insomnio en el extremo del valle
del enjambre de la memoria y nuestras mandíbulas fuertes
del temblor la ronca membrana de los rieles
y el humo del poblado

hablo de los vidrios lentos a la madrugada
de la parturienta amenazando la medianoche
con sus gritos y sus cadenas puras
hablo de los fusiles y de la carne fluyente
herida
descompuesta
de las horas por llegar
de los frutos de la ternura
de los ojos digitales
mezclados a la multitud en las manifestaciones

hablo del amor adolescente
y de las ventanas del alba
de los expedicionarios perdidos
inmóviles en espera de la claridad
hablo de los niños y la demencia lindando la poesía
de la mentira la humillación las torturas renovadas

hablo de cosas simples
de las manos extendidas
gratuitas

es necesario inventar el mundo
iluminar los ojos
ver la extensión abierta de nuestro impulso
una rama en la luz
acunada por las voces de los héroes anónimos

la alegría de las conversaciones ingeniosas
el contagio de los sentidos
el buen apetito la sed de buena ley
el olvido y la palabra absorbidos en la fronda
la siesta a ras del suelo
el debate moroso de los reptiles
el plácido quejido del pajonal
el polvo del camino ahogando las viñas
el apremio de las multiplicaciones
y el vacío irremediable
del signo viejo y nuevo

de En común, 1944-1949

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
fuente: Edgar Bayley, Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1976
imagen: Toan Vu-Huu en Today and Tomorrow

jueves, febrero 18, 2010

contra las fisuras


Dedicación a un pedazo de tierra

Este pedazo de tierra
frente a las aguas de esta ensenada
está dedicada a la viva presencia
de Emily Dickinson Wellcome
nacida en Inglaterra: casada;
perdió a su marido y con su hijo
de cinco años se embarcó
a Nueva York en un barco mercante de dos capitanes,
fue llevada hasta las Azores,
viajó a la deriva por los bancos de arena de Fire Island,
encontró a su segundo marido
en una casa de huéspedes en Brooklyn,
se fue con él a Puerto Rico,
tuvo otros tres hijos, perdió
a su segundo marido, vivió
penosamente durante ocho años
en St. Thomas, Puerto Rico, Santo Domingo,
siguió a su hijo mayor a Nueva York,
perdió a su hija, perdió a su "bebé",
agarró a los dos hijos del segundo matrimonio
de su hijo mayor, siendo huérfanos, los crió,
peleó con la otra abuela y las tías,
por ellos, los trajo aquí
verano tras verano, y aquí se defendió
contra ladrones, tormentas, sol, fuego,
contra las moscas, contra las muchachas
que husmeaban, contra la sequía,
la hierba mala, las marejadas,
los vecinos, las comadrejas que robaban sus gallinas,
contra la debilidad de sus propias manos,
contra la energía creciente
de los muchachos, contra el viento, contra
las piedras, contra los intrusos,
contra las fisuras, contra sus propios pensamientos.

Removió esta tierra con sus propias manos,
dominó sobre esta parcela,
ridiculizó a su hijo mayor
hasta que la comprara, vivió aquí durante quince años,
alcanzó la soledad final y—

Si no puedes traer nada a este lugar
sino tu osamenta: quédate afuera.


William Carlos Williams, Rutherford, 1883-1963
versión © silvia camerotto
imagen: s/d

*Emily Dickinson Wellcome fue la abuela de William Carlos Williams

Dedication for a Plot of Ground

This plot of ground
facing the waters of this inlet
is dedicated to the living presence of
Emily Dickinson Wellcome
who was born in England; married;
lost her husband and with
her five year old son
sailed for New York in a two-master;
was driven to the Azores;
ran adrift on Fire Island shoal,
met her second husband
in a Brooklyn boarding house,
went with him to Puerto Rico
bore three more children, lost
her second husband, lived hard
for eight years in St. Thomas,
Puerto Rico, San Domingo, followed
the oldest son to New York,
lost her daughter, lost her "baby,"
seized the two boys of
the oldest son by the second marriage
mothered them — they being
motherless — fought for them
against the other grandmother
and the aunts, brought them here
summer after summer, defended
herself here against thieves,
storms, sun, fire,
against flies, against girls
that came smelling about, against
drought, against weeds, storm-tides,
neighbors, weasels that stole her chickens,
against the weakness of her own hands,
against the growing strength of
the boys, against wind, against
the stones, against trespassers,
against rents, against her own mind.

She grubbed this earth with her own hands,
domineered over this grass plot,
blackguarded her oldest son
into buying it, lived here fifteen years,
attained a final loneliness and —

If you can bring nothing to this place
but your carcass, keep out.

miércoles, febrero 17, 2010

wallace stevens. el planeta en la mesa


El planeta en la mesa

Ariel estaba feliz de haber escrito sus poemas.
Eran de un tiempo que recordaba
o de algo visto que le gustó.

Otras creaciones del sol
eran basura y confusión
y la mata madura se retorcía.

Su yo y el sol eran uno
y sus poemas, aunque creaciones de su ser,
eran, no menos, creaciones del sol.

No era importante que perduraran.
Lo importante era que poseyeran
algún rasgo o carácter,

alguna riqueza, aunque sea captada a medias,
en la pobreza de sus palabras,
del planeta del que formaban parte.

Wallace Stevens, Reading, Pennsylvania, 1879- Hartford, Connecticut,1955
versión © silvia camerotto
imagen: Rob Gonsalves, Table Top


The planet on the table

Ariel was glad he had written his poems.
They were of a remembered time
Or of something seen that he liked.

Other makings of the sun
Were waste and welter
And the ripe shrub writhed.

His self and the sun were one
And his poems, although makings of his self,
Were no less makings of the sun.

It was not important that they survive.
What mattered was that they should bear
Some lineament or character,

Some affluence, if only half-perceived,
In the poverty of their words,
Of the planet of which they were part.

martes, febrero 16, 2010

javiera galarza. variaciones sobre el olvido y el perdón


Variaciones sobre el olvido y el perdón (selección)
para Silvia

1.
¿cuál es el exacto momento en que un cuerpo amado entra
en el pasado? ¿cuándo perdemos gravedad de una voz, magnitud
de una caricia? ¿cómo desdibuja el tiempo palabras y promesas?

no me concedas señor
ni olvido ni perdón.

2.
era 24 de marzo
y se cumplían 30 años
y
era
24 de marzo
y los chicos gritaban
y pasaban las comparsas
y las chicas bailaban
y el pueblo latía junto a
nuestros cuerpos
y los gemidos y los llantos
también eran
nuestros
cuerpos:

habíamos
sobrevivido

3.
ella va a caminar desnuda y con tacos hacia el baño
hasta que venga la niebla y no recuerdes más que
la niebla

4.
«la única jurisprudencia es la del ofendido»
(lautreamont)

no pretendas verificación de lo acontecido,
reconstrucción de los hechos, legitimación.
los abogados existen. los poetas no.
el amor es intangible. un bien intangible.
no pretendas que sea tangible,
no pretendas que sea un bien.
no pretendas que sea.

no
pretendas

no

5.
vas hacia otra mujer pero ya eres tú otro también

6.
«cuerpo recuerda»
(kavafis)

—el tejido del cuerpo social —no digas CUERPO social
—es la piel que tiembla al ser sabida —es la memoria
—los cuerpos no tienen memoria —no digas
cuerpo
—agita nombres como pañuelos —no han aparecido

señor no me concedas ni olvido ni perdón

7.
te he visto dormir sobre mi pecho: uterina, desnuda y primera.
el ciclo del cosmos todo se comprendía en esa escena.
invertíamos las piedades. era brahma. el origen. la creación.
la cosmogonía. una leyenda hindú.

no nos será dado en vida comprender la revelación que aquella
noche alcanzaron nuestros cuerpos

8.
no querías tus puentes, conventos donde trepar, estar perdido
una vez más, tus calles, tus trenes, tus mujeres, tus andenes,
cigarrillos y caminos, tu inabarcable libertad?

no la vas a extrañar?

9.
[...]te hablé de la renuncia de buda
si podríamos haber sido dos mendigos de abrigos largos
deambulando por la ciudad
por una vez supiste lo que era estar perdida no tener adonde
ir

10.
"Quien tiene un porque para vivir, es capaz de soportar cualquier como”.
(F. Niestzche)

me pediste seguridad a mí que sólo conozco la intemperie
y las tormentas.

visto en perspectiva tiene gracia.

12.
mujer y hombre en el lecho de su sombra hacen el fuego.
camino de retorno.
hacen el fuego en su secreto y ni siquiera lo saben ni les
importa.
dylan thomas escribe su oficio u hosco arte para ellos que
lo ignoran.
prolongan la vida en una caricia. se confunden y alumbran
mutuamente.
qué importa dondeterminadondeempieza el otro.
hombremujer.
pronuncian grandes palabras.

pero la muerte y el olvido son tan inmensos.

14.
debemos ser implacables—

«...quema los textos—dijo artaud...»
«...sé que duele quemar...»
(Adrienne Rich)

todo lo que aprendí de nietzsche o freud es:
se debe trascender el propio destino.
reescribir a sófocles, rehacer los shakespereanos
libretos de nuestra duda y tragedia.

QUEMAR
esos libretos incluso.

entender que somos tránsito trama simbólica continuidad

de todas formas he venido a delfos a consultar
el oráculo

por amor al misterio

revolución

15.
me pedías que me abriera
pero no soportabas lo que veías: la magnitud de mis abismos.
entonces me amabas por un rato hasta que te concedías
el indulto. la obediencia debida. el punto final.

19.
cuál es el momento en que un cuerpo libidinizado se
hace pretérito imperfecto? cómo se apaga el calor de ese
otro temblar hasta ser un recuerdo vago, impreciso,
inlocalizable?

(hay perdón?
hay olvido?)

los susurros fueron plegarias desvanecidas.
ecos en la lluvia.

señor dame botas y caminos mas no olvido.

abandono pueblos bajo la llovizna.
nunca la lluvia tuvo otro color
.


Javier Galarza, Buenos Aires, 1968
De El silencio continente, Edición independiente, Buenos Aires, 2008
imagen:

lunes, febrero 15, 2010

cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela


La arena de las urnas

Verde de moho es la casa del olvido.
Ante cada una de las puertas al viento azulea tu juglar decapitado.
Él te toca el tambor de musgo y amargo vello de pubis;
con supurante dedo del pie pinta tu ceja en la arena.
Más larga la dibuja que ella era, y el rojo de tu labio.
Tú llenas aquí las urnas y nutres tu corazón.

de La arena de las urnas, 1952


Cuenta las almendras,
cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela,
cuéntame con ellas:

Yo busqué tu ojo cuando lo abriste y nadie te miraba,
hilé aquel hilo secreto
por el que el rocío que pensaste
resbaló hasta los cántaros
que protege un proverbio que de nadie encontró el corazón.

Solo allí entraste enteramente en ese nombre que es el tuyo,
avanzaste con pie firme hasta ti,
libres batieron los mazos en la cabeza de campana de tu silencio,
llegó a tu encuentro lo bien oído,
también lo muerto ciñó con su brazo,
y los tres os fuisteis a través de la tarde.

Hazme amargo.
Cuéntame con las almendras.

de Amapola y memoria, 1952

Tantas estrellas que
nos ofrecen. Yo estaba,
cuando te miré-¿cuándo?-
fuera en
los otros mundos.

Oh esos caminos, galácticos,
oh esa hora, que nos
preponderó las noches en
la carga de nuestros nombres. No es
verdad, lo sé,
que viviéramos, sólo
pasó ciego un aliento entre
el allí, el no-allá y el a veces,
como un cometa silbó un ojo
hacia aquello extinguido, en las gargantas,
allí, donde se entremoría el fulgor, estaba
espléndido en tetas el tiempo,
en el que ya crecía, decrecía
y recrecía lo que
es o fue o será,
yo sé,
yo sé y tú sabes, sabíamos
no sabíamos, sí
estuvimos aquí y no allí,
y a veces, cuando
sólo la nada estaba entre nosotros, nos encontramos
uno al otro totalmente.

de La rosa de nadie,1963

Paul Celan,Czernowitz, 1920 - París, 1970
de Paul Celan, Obras Completas, Editorial Trotta, Madrid, 2002
Traducción de José Luis Reina Palazón
imagen de Nihil© – Obsecratio II, en Uno de los nuestros

Der sand aus den urnenSchimmelgrün ist das Haus des Vergessens./Vor jedem der wehenden Tore blaut dein enthaupteter Spielmann./Er schlägt dir die Trommel aus Moos und bitterem Schamhaar;/mit schwärender Zehe malt er im Sand deine Braue./Länger zeichnet er sie als sie war, und das Rot deiner Lippe./Du füllst hier die Urnen und speisest dein Herz.

ZÄHLE die Mandeln,zähle, was bitter war und dich wachhielt,/zähl mich dazu://Ich suchte dein Aug, als du′s aufschlugst und niemand dich ansah,/ich spann jenen heimlichen Faden,/an dem der Tau, den du dachtest,/hinunterglitt zu den Krügen,/die ein Spruch, der zu niemandes Herz fand, behütet.//Dort erst tratest du ganz in den Namen, der dein ist,/schrittest du sicheren Fußes zu dir,/schwangen die Hämmer frei im Glockenstuhl deines Schweigens,/stieß das Erlauschte zu dir,/legte das Tote den Arm auch um dich,/und ihr ginget selbdritt durch den Abend.//Mache mich bitter./Zähle mich zu den Mandeln

Soviel Gestirne, die /man uns hinhält. Ich war/als ich dich ansah – wann? -/draußen bei/den andern Welten./O diese Wege, galaktisch,/o diese Stunde, die uns/die Nächte herüberwog in/die Last unsrer Namen. Es ist,/ich weiß es, nicht wahr, /daß wir lebten, es ging/blind nur ein Atem zwischen /Dort und Nicht-da und Zuweilen,/kometenhaft schwirrte ein Aug/auf Erloschenes zu, in den Schluchten,/da, wo’s verglühte, stand/zitzenprächtig die Zeit,/an der schon empor- und hinab-/und hinwegwuchs, was/ist oder war oder sein wird-,/ich weiß,/ich weiß und du weißt, wir wußten,/wir wußten nicht, wir/waren ja da und nicht dort,/und zuweilen, wenn/nur das Nichts zwischen uns stand, fanden /wir ganz zueinander.

jueves, febrero 11, 2010

y mejor nadie la vea


Tener lo que se tiene

Sólo me faltan rastas en el pelo blanco
de tan quemada por el lindo sol de marzo
sobre el río cuyas aguas se enfrían más y
más cálido el sol y helada el agua y después
el frescor de la atardecida bajo un manto
de rocío que arrastra delicadamente
marzo para largas caminatas, Talita
corretea por su coto de caza y yo
recibo las mejores melodías, versos
que se arman solos en mi cabeza afinándose
en la increíble caja de resonancia del agua,
volvemos a casa luego para dormir
como santas Talita y yo viviendo un rato
como queremos, dejá que barra cualquier
melancolía en la mañana temprano
y tener lo que se tiene, dejame el presente.


Tener lo que se tiene, 2

Quién me vea por la sirga
una mujer con su perro
y un manojo de leña
para encender el fuego

bajo cero y lo empeora
el torbellino de viento
rojo haciéndose sobre
negro vivo en el cielo

la bolsita del pan
prendida en un bolsillo
quién me vea por la sirga
invierno tras invierno

de tantos ya no pesan
me dice el panadero
única voz del día
en el cuidado silencio

que baja por el frío
como la puerta abierta
a una cosecha extraña
y mejor nadie la vea

Diana Bellessi,Zavalla, 1946
de Tener lo que se tiene, Poesía reunida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009

miércoles, febrero 10, 2010

cuando el naufragio ha sido


XXIV

La diferencia entre desesperación
y miedo, es como la diferencia
entre el instante del naufragio,
y cuando el naufragio ha sido.

La mente está en calma —inmóvil—
satisfecha como el ojo
en el rostro del busto,
que sabe que no puede ver.


XXV

Hay una soledad terrenal,
una soledad de mar,
una soledad de muerte, pero éstas
son compañía,
comparadas con ese íntimo lugar,
esa privacidad polar,
en la que un Alma se reconoce a Sí misma en
Finita Infinitud.

Emily Dickinson, 1830- 1886, Amherst, Massachusetts.
Versión © silvia camerotto
De The Collected Poems of Emily Dickinson, Barnes & Noble, New York, 1993
imagen: Alexander Bostan, The loneliness en Tribulaciones de una fruta

XXIV

The difference between despair
And fear, is like the one
Between the instant of a wreck,
And when the wreck has been.

The mind is smooth, —no motion—
Contented as the eye
Upon the forehead of a bust,
That knows it cannot see.


XXV

There is a solitude of space,
A solitude of sea,
A solitude of death, but these
Society shall be,
Compared with that profounder site,
That polar privacy,
A Soul admitted to Itself:
Finite Infinity.

lunes, febrero 08, 2010

de lo oculto


Desastres

de guerras o viento
y tormenta de occidente

de política estoy cansado con la vanidad
de un poeta legisladores

del mundo no reconocido

que es lúgubre
descender

y ser un extraño cómo
descenderemos

quienes nos convertimos en extraños en este viento que

se levanta como un regalo
en el desorden los vendavales

de la vanidad de un poeta si nuestra historia termina
sin ser contada a quienes y

a aquello que antecedemos queríamos saber

si servíamos para algo

allí afuera la historia
cambia el viento desparramó la arena
y estamos solos el mar asoma
en la poesía del amanecer con su imperfecta

luz de playa un extremo cristalino
arenas que brillan bajo el inminente
y no menos brutal viaje a pie
bajo luz

y viento
y fuego y agua y aire los cinco

elementos brillantes
lo maravilloso

de lo obvio y lo maravilloso
de lo oculto están allí

de hecho una danza de distinción

de las alas de la avispa una danza
de las lenguas madre ¿pueden

bailar

con todos sus significados? Oh

Oh veo a mi amada la veo irse

sola por el hielo me veo

a mí mismo Sarah Sarah veo la tienda
en el desierto mi vida

estrecha mi vida
es otra lo veo
en el desierto lo veo
es torpe y solitario mi joven
hermano él es mi hermana
perdida su débil

voz entre la gente la sal

y colinas terribles cuyos ejércitos

se han marchado y las cuevas
del pueblo oculto.


George Oppen, New Rochelle, 1908- California, 1984
Versión © silvia camerotto
imagen: john jude palencar

Disasters

of wars o western
wind and storm


of politics I am sick with a poet's
vanity legislators


of the unacknowledged


world it is dreary
to descend


and be a stranger how
shall we descend


who have become strangers in this wind that


rises like a gift
in the disorder the gales


of a poet's vanity if our story shall end
untold to whom and


to what are we ancestral we wanted to know


if we were any good


out there the song
changes the wind has blown the sand about
and we are alone the sea dawns
in the sunrise verse with its rough


beach-light crystal extreme
sands dazzling under the near
and not less brutal feet journey
in light


and wind
and fire and water and air the five


bright elements
the marvel


of the obvious and the marvel
of the hidden is there


in fact a distinction dance


of the wasp wings dance as
of the mother-tongues can they


with all their meanings


dance? O


O I see my love I see her go


over the ice alone I see


myself Sarah Sarah I see the tent
in the desert my life


narrows my life
is another I see
him in the desert I watch
him he is clumsy
and alone my young
brother he is my lost
sister her small


voice among the people the salt


and terrible hills whose armies


have marched and the caves
of the hidden
people.


audio

lunes, febrero 01, 2010

wallace stevens. sonambulismo


Sonambulismo

En una costa vieja, el océano rústico se agita
silencioso, silencioso, como un pájaro flaco,
que piensa en anidar, pero nunca anida.

Las alas siguen desplegándose, pero nunca son alas.
Las garras siguen arañando la roca, la roca superficial,
la rompiente sonora, hasta que el agua la arrastra.

Las generaciones del pájaro son todas
arrastradas por el agua. Una tras otra
Siguen, siguen, siguen arrastradas por el agua.

Sin este pájaro que nunca anida, sin
las generaciones que se suceden en su universo,
el océano, cayendo y cayendo en la costa hundida,

sería una geografía de los muertos: no de esa tierra
a la que podían haber ido, sino del lugar donde vivieron,
donde no había un ser penetrante,

donde ningún sabio, que viviera recluido.
puso en palabras las aletas pequeñas, los picos desgarbados, la personalia,
que como un hombre que todo lo percibe, fueran suyas.


Wallace Stevens, Reading, 1879 – Hartford, 1955
Versión © silvia camerotto
imagen: Barlowe, John Noble

Somnabulisma

On an old shore, the vulgar ocean rolls
Noiselessly, noiselessly, resembling a thin bird,
That thinks of settling, yet never settles, on a nest.

The wings keep spreading and yet are never wings.
The claws keep scratching on the shale, the shallow shale,
The sounding shallow, until by water washed away.

The generations of the bird are all
By water washed away. They follow after.
They follow, follow, follow, in water washed away.

Without this bird that never settles, without
Its generations that follow in their universe,
The ocean, falling and falling on the hollow shore,

Would be a geography of the dead: not of that land
To which they may have gone, but of the place in which
They lived, in which they lacked a pervasive being,

In which no scholar, separately dwelling,
Poured forth the fine fins, the gawky beaks, the personalia,
Which as a man feeling everything, were his.

emily dickinson. me digo que la tierra es breve

*** Me digo que la tierra es breve, y la angustia absoluta. Que hay demasiado mal; ¿pero qué? Me digo que podríamos morir; que la m...