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Mostrando las entradas de abril, 2010

y cuando ha durado

Regreso

Adorna las cosas con una amplia monotonía de ausencias

Ahora es una pálida envoltura

El azul oscuro de la profundidad se ha roto

Ahora es un árido manto


Desapego

He aquí un hombre
uniforme

He aquí un alma
desierta
un espejo impasible

Me ocurre que despierto
y me reúno
y poseo

El raro bien que me nace
así lento me nace

Y cuando ha durado
así insensiblemente se apagó


Peregrinaje

Al acecho
en este vientre
de escombros
horas y horas
he arrastrado mi osamenta
gastada por el fango
como una suela
o como una semilla
de espino

Ungaretti
hombre de pena
te basta una ilusión
para darte coraje

Un reflector
del otro lado
pone un mar
en la niebla

Giusseppe Ungaretti, Alejandría, 1888- Milán, 1970
en Giuseppe Ungaretti, Poemas escogidos, Selección, traducción y prólogo de Rodolfo Alonso, Fabril Editora, Buenos Aires, 1978
imagen: Tyfun Eker, Sweet loneliness

a toda hora sin tregua

Historia

puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que el aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama.

Blanca Varela, Lima, 1926-2009
en Antología de la poesía peruana, Fuego Abierto, Selección y prólogo: Carmen Ollé, Editorial Lom, Santiago, 2008
imagen: Quint Buchholz, Einstein meets Monroe

una vital esperanza mutilada

Age of Mythology

Visir sentado en un sillón de Stalingrado;
ocupante de la ruina más suntuosa de la ciudad.
Aquí se avengan a escuchar la modulada tormenta eterna del obús.
Ronronea, tose, canturrea - golpea como profundo pistón-.
Y él mira en las nubes rojas de óxido y de ideas,
no el crepúsculo sino la boca rugiente del porvenir.
Es un espectro de los bosques eslavos.
Prepara el fuego entre losas quemadas.
La ventana del oeste, estucada, se abre a la furiosa guerra -
disparo a disparo- de los francotiradores entre las chapas;
pero la ventana del este da al alba que crece anestesiada.
Cuerpos macilentos se mueven en su ectoplasma. Gigantes de la escarcha.
Vampiros cruzan por el oeste y bajan en picada a beber sangre coagulada.
Así los dioses, así el preparar el café, leer el parte, calzar las botas
sobre las tiras de tela ensangrentadas; amartillar el arma.
Y cuando se yergue en la intemperie, voces de legiones fantasmas
se alzan entre los escombros / de una vital esperanza mutilada.

quita la costra humana

Lavado

Lava al hombre de la tierra; quita la costrahumana. Veinte pies más abajo hay tierra fría e íntima tan limpia.
Lava el hombre de la mujer: el sudor ajeno de su piel, las cenizas de su cabello. Ponla a secar al sol las marcas azules en su pecho se borrarán.
Mujer y mundo, aún no tan limpios como la gata que salta al alféizar con un pescado entre sus dientes; sus ojos fijos ycuriosos reflejan la habitación mugrienta, ella comienza a lavar el agua del pescado.
Eiléan Ní Chuilleanáin, Cork, 1942 Versión © Silvia Camerotto imagen: Sally Mann

Wash
Wash man out of the earth; shear off The human shell. Twenty feet down there´s close cold earth So clean.
Wash the man out of the woman: The strange sweat from her skin, the ashes from her hair. Stretch her to dry in the sun The blue marks on her breast will fade.
Woman and world not yet Clean as the cat Leaping to the windowsill with a fish in her teeth; Her flat curious eyes reflect the squalid room, She begins to wash the water from the fish.

en la peor hora de la peor estación

Testigo



Acá está la ciudad: sus montañas gastadas, su pasto y su hierro, su costa brumosa vista desde las carreteras del lado de Wicklow.
Desde Dalkey Island hasta North Wall, hasta la distancia azul que aferra su perímetro, las viejas divisiones arraigadas en su interior.

Y también en mí. Y ahí estarán siempre.
Salen de mi boca: tropas con botas y espuelas. Los hombres y mujeres a quienes desposeyeron.

¿Qué es una colonia sino la brutal verdad que cuando hablamos las tumbas se abren. y los muertos caminan?
Eavan Boland, Dublin, 1944 Versión © Silvia Camerotto imagen: Rowan Gillespie, Irish Famine Memorial

Witness
Here is the city—
its worn-down mountains,
its grass and iron,
its smoky coast
seen from the high roads
on the Wicklow side.

From Dalkey Island
to the North Wall,
to the blue distance seizing its perimeter,
its old divisions are deep within it.

famoso campo de batalla

Un hombre solo es tan bueno…

Un hombre solo es tan bueno como lo que le dice a un  perro cuando debe levantarse de la cama en medio de una noche invernal porque un maldito perro está ladrando;
y va y abre la puerta en camiseta y calzoncillos y allí, en el baldío lleno de pozos que los espectadores llaman campo de deportes encuentra al perro callejero con una pata

levantada a la expectativa y con expresión de ‘gracias a dios y por un minuto pensé que no había nadie más que yo despierto en este maldito pueblo’.
Pat Boran, Portlaoise,1963 en Pat Boran, New and Selected Poems, Dedalus Press, Dublin, 2007 versión © silvia camerotto imagen: sally mann
Man is only as good as…
A man is only as good
as what he says to a dog
when he has to get up out of bed
in the middle of a wintry night
because some damned dog has been barking;
and he goes and opens the door
in his vest and boxer shorts
and there on the pock-marked wasteground
called a playing field out front
he finds the mutt with one paw
raised in ex…

hasta el cielo se ha puesto a llorar

garúa

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento
Parece un trozo de sombra,la noche;
y yo en las sombras camino muy lento.
Mientras tanto la garúa
se acentúa con sus púas
en mi corazón...

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo;
y aunque quiera yo arrancarla
desecharla
y olvidarla,
la recuerdo más....

Garúa...
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera...
Sintiendo tu hielo
porque aquella con su olvido
hoy le ha abierto una gotera...
Perdido solo
como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra
Garúa..
Tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

Qué noche tan llena de frío y hastío.
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote...
Las gotas caen en el charco de mi alma;
hasta los huesos, calado y helado.
Y…

el último subsidio

Pequeño reloj de pulsera negro

Fue cuando el médico dijo:
"está muriéndose"
que me compré un pequeño reloj
para medir el tiempo de su agonía.

Todavía lo uso.
Ahora para medir
mi tiempo sin padre.

Transeúnte que me detienes en la calle
y apresuradamente me preguntas la hora,
¡no puedes saber para qué cosas
sirve este reloj!

de A capella, 1991
en Una antología de la poesía argentina (1970-2008), Selección, prólogo y notas: Jorge Fondebrider, Editoria Lom, Santiago de Chile, 2008

El invierno llegó

El invierno llegó
como llegan todas las estaciones.
Con el invierno
el último subsidio.

Mis vecinos esperan
aparecer en las listas.

Los que ya aparecieron
compran muebles
minicomponentes
celulares
y zapatillas que brillan como diamantes.

¿Yo?
Observo. Observo.
fijo mi mirada en las plantas:
después de la inundación
-confundidas-
algunas intentan florecer.

¿Y yo?
Hago una urdimbre secreta
de las pérdidas y las ganancias.
El dinero no figura
ni en un caso ni en otro.

en Poetas argentina…

eternidad aparente

Nadie nos dice cómo...

Nadie nos dice cómo
voltear la cara contra la pared
y
morirnos sencillamente
así como lo hicieron el gato
o el perro de la casa
o el elefante
que caminó en pos de su agonía
como quien va
a una impostergable ceremonia
batiendo orejas
al compás
del cadencioso resuello
de su trompa
sólo en el reino animal
hay ejemplares de tal
comportamiento
cambiar el paso
acercarse
y oler lo ya vivido
y dar la vuelta
sencillamente
dar la vuelta

Es fría la luz

Es fría la luz de la memoria
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia

tras cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo

así cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto

crece el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se b…

me escribí yo mismo

El ahorcado del Café Bonaparte

Para no conocer los abismos del humo
para no tragarse los periódicos de la tarde
para no usar unos espejuelos cubiertos de sangre o telaraña
El que estaba sentado en un rincón lejos de los espejos
tomándose una taza de café no oyendo el tocadiscos
sino el ruido de la pobre llovizna
El que estaba sentado en un rincón lejos de los relámpagos
lejos de los leones morados de todas las guerras
hizo un cordón con una hoja de papel
en la que estaban escritos el nombre del Papa el nombre del presidente
y otros dos mil nombres ilustres
y a la vista de todos los presentes
se colgó del sombrerero que brillaba sobre su cabeza amarilla
El patrón del café salió bajo su capa negra en busca de un policía
Armstrong cantaba sin cesar la luna había aparecido
como una gata furiosa en un tejado
Tres borrachos daban puñetazos en el mostrador
y el ahorcado después de mecerse dulcemente durante un cuarto de hora
con su voz muy lejana
comenzó a pronunciar un hermoso discurso:
&qu…

las ovejas me miran fijamente

Lucina* brillando en el silencio de la noche


Luna brillando en el silencio de la noche el cielo colmado de estrellas yo leía mi libro en unas ruinas bajo la pobre luz de una vela, sin carne asada o música o bebida fuerte o protección contra el viento que soplaba por la ventana entreabierta, y sentí la luz de la luna sobre mi cabeza, despejada después de tres días de lluvia.
Me bañé en agua helada; de color naranja, corriendo por el pantano sumergida entre el berro los murciélagos revoloteaban por mi cuarto, donde dormía a salvo. Cuando desperté, las ovejas me miraban fijamente.
Oleadas de oscuridad, detrás de mí, la plaga de ratones, plaga de escarbajos saliendo arrastrados del lomo de los libros, plaga ensombreciendo pálidas caras con arcilla el mal de la luna extraviada.
Me relajé en el desierto, sorprendida como las bestias de los mosaicos del piso de la capilla cuando Cromwell* se marchó,  y a través del agujero en el techo vieron el cielo agrandarse.
Los perros pastores me rodearon; regresó el saltam…

antonio machado. la saeta

La saeta

¿ Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno? Saeta popular
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!


Campos de Castilla, 1912
Antonio Machado, Sevilla, 1875 - Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras, Tomo I, Editorial Losada, Buenos Aires, 1970
imagen: Salvador Dali, Crucificción

el furibundo marte

Oda VII.
Profecía del Tajo

Folgaba el Rey Rodrigo
con la hermosa Cava en la ribera
del Tajo, sin testigo;
el río sacó fuera
el pecho, y le habló desta manera:
«En mal punto te goces,
injusto forzador; que ya el sonido
oyo, ya y las voces,
las armas y el bramido
de Marte, de furor y ardor ceñido.
¡Ay! esa tu alegría
qué llantos acarrea, y esa hermosa,
que vio el sol en mal día,
a España ¡ay cuán llorosa!,
y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!
Llamas, dolores, guerras,
muertes, asolamientos, fieros males
entre tus brazos cierras,
trabajos inmortales
a ti y a tus vasallos naturales;
a los que en Constantina
rompen el fértil suelo, a los que baña
el Ebro, a la vecina
Sansueña, a Lusitaña:
a toda la espaciosa y triste España.
Ya dende Cádiz llama
el injuriado Conde, a la venganza
atento y no a la fama,
la bárbara pujanza,
en quien para tu daño no hay tardanza.
Oye que al cielo toca
con temeroso son la trompa fiera,
que en África convoca
el moro a la bande…