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Mostrando las entradas de julio, 2010

por toda ciencia

El holandés volador

Inquebrantable y orgulloso del desafío
a la deriva, sin nadie a quien servir o a quien mandar,
al fin dueño de si mismo, y todo por la Ciencia,
busca la tierra perdida.

Solo, siguiendo la única luz de su único pensamiento,
timonea para encontrar la costa de donde vinimos, —
sin temor a que un torbellino lo atrape
en los mares sin nombre.

Navega hacia la noche; y después de la noche
llega el amanecer, aunque el sol no esté;
entonces, sin nada más a la vista que sí mismo,
sin objetivo, navega.

Al final se despeja la nube
entre la inundación que tiene delante y el cielo;
y luego —aunque maldiga en voz alta el Poder
que no tiene poder para morir—

se aleja del tormento del viejo fantasma
de lo que antes estuvo allí—
abandonando una vez más, impertérrito
como siempre, otra isla cercada por la niebla.

Edwin Arlington Robinson -Lincoln County, Maine1869- New York 1935
Versión © silvia camerotto
Online text © 1998-2009 Poetry X. All rights reserved.
de The Three Taverns | …

esta sí es la soledad

Tejes

Tejes. Callamos. Yo leo,
que es mi modo de tejer.
La casa empieza a tener
frialdad de mausoleo.
Hace frío.
Sí; hace frío.
Pon otro poco de leña.
En el cuadro un árbol sueña
y frente a él corre un río.
Rafael no viene más.
Ya no viene más Irene.
¿Y Dora?
¿Y Pedro?
¿Y Tomás?
Ya ninguno de ellos viene.
Además, ¡cuántos se han ido
por éste o aquel sendero!
Otros nacieron, pero
también los hemos perdido.
Transcurren unos minutos
en una quietud tan pura
que el tejido y la lectura
son perfectos y absolutos.
¿Oyes? Salen de la escuela
los chicos.
Pues, ¿qué hora es?
Hablan y cantan. Después
sólo queda una estela.
¿Han llamado?
Sí, han llamado.
Nadie ha llamado a la puerta.
Está la calle desierta
como un camino olvidado.
El reloj marca una hora
cualquiera en la eternidad.
Esta sí es la soledad.
Nunca la sentí hasta ahora.
Es tarde.
Es tarde.
Cerramos
la llave de luz. Salimos.
Hasta luego.
Y nos dormimos.
Y después despertamos.

Ezequiel Martínez Estrada, San José de la esquina, Santa Fe, …

si todo se derrama

Presión

Una muralla.
Mejor,
una represa contiene a los recuerdos suspendidos.
Igual siempre goteamos.
Pero si se abren las esclusas, si se rompe,
si todo se derrama
habrá que ver qué pasa,
qué tanto sobrevive,
si boqueamos.

Jorge Fondebrider, Buenos Aires 1956
Inédito
imagen: Magritte, Double secret

javier galarza. caligrafías

caligrafías

te convoco con palabras
de mago. hasta romper mi boca
contra el silencio del alba.

para amar tu disolución
en la sombra. la llovizna
de tus dichos:

tu militancia en lo prohibido

voy a quererte como pueda.
a decirte donde alcance.

que no se borre tu nombre
en la ventana —tu caligrafía
de vacilaciones—

voy a amar las celosías
del invierno. todo lo que
humedezca el dibujo torpe
de tu nombre.

las pintadas rebeldes
de nuestra resistencia
en la pared.

Javier Galarza, Buenos Aires, 1968
Inédito
imagen: Rachel McCauley, s/d

gruss, gruss, gruss

El tiempo que demoras en terminar cada cosa
igual al de las cosas a medio hacer.
Nada perturba:
ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo
hecho y cerrado.
A modo de hilván y a medias todo.
Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo
lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,
allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio
de arena del reloj.
Así irresuelta, desparramado un eco,
la brasa sin atizar.

Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
Inédito
imagen: Francisco Cruz de Castro, Reloj de arena

pobre la que no puede...

Con personas

Yo abrazaría el mundo
de ser Edith Piaf.
Retorcería la furia del mundo
de ser June Jordan, o su
madre.
Negaría el mundo
si fuera
Emily Dickinson.
El asunta sería
si no lo abrazara,
ni yo diera furia,
ni encerrada de blanco
cocinase para mis vecinos.

Oración de la pobre

Pobre de la intranquila
de la consecuente
de la que no satisface su
pedido, ah pobre de la
inquieta
de la cumbre borrascosa,
de la azucena
marchita en el vaso,
pobre de la que espera
de ida y de vuelta
pobre su oración
de pobre.
Pobre la que se rebela
ay de esa oración
de la rebelión
de la Pobre.
La fantasmagoría de
pobre la mujer,
pobre la soledad,
la poca virtud
la poca acción
del llanto.
Pobre la que no puede
hacer novela
ni film
ni realidad
con la pobreza.
Pobre la que se rebela, y
guay con la rebelión,
pobre inquieta.

Mujer irresuelta

Yo quisiera, como Gauguin, largar todo e irme,
dejar mi familia, la no tan sólida
posición
e irme a escribir a alguna isla
más solidaria.
Esa tranquilidad de Gauguin,
perm…

y ahora resulta que las musas aman...

Soneto a Violante

Yo no sé hacer sonetos más que amando.
Brotan en mí, me nacen sin licencia,
los hago o ellos me hacen. Inocencia,
de amor que se descubre. Tú, esperando,

tú, mi Violante, un sueño acariciando,
¿cómo quieres que yo no arda en vehemencia
y por catorce llamas de impaciencia
no exhale el alma que te está cantando?

Si yo he amado volcán, árbol y torre,
si te abraza y te abrasa y te recorre
hiedra envolvente y sangre surtidora,

si eres musa y mujer, pena y secreto,
te he de entregar celoso mi alfabeto
que de ti y de tus labios se enamora.


El nuevo ser

¿Y ahora resulta que las musas aman,
que las musas amáis, que sois mujeres,
que ya me estás queriendo, que me quieres,
que no quieres volver donde te llaman?

¿Que tus cinco sentidos se te inflaman
y tu piel está loca de alfileres?
Carne, celeste carne, ¿también eres
sensitiva a los dedos que te enraman?

Ven, que quiero obtener tu timbre puro
y liberar del éxtasis tu arpegio.
Ven que te arranque un son de sortilegio,

tu nunca o…

comunicado

Por problemas de copyright con el país de Irlanda y ante la indicación de un organismo oficial irlandés a un colega nuestro de estar violando con sus publicaciones las normas internacionales sobre derechos de autor, en el día de la fecha, la editora ha eliminado los siguientes poemas del rubro Poesía Irlandesa:

*Somos exilados de nuestra propia sociedad de Harry Cliffton en versión de Gerardo Gambolini
*Lavado y Lucina brillando en el silencio de la noche de Eiléan Ní Chuilleanáin en versión de Silvia Camerotto
*Cuarentena y Testigo de Eavan Boland en versión de Silvia Camerotto
*Un hombre solo es tan bueno y Tienda de campaña de Pat Boran en versión de Silvia Camerotto
*La lista de Pádraig J. Daly en versión de Silvia Camerotto
*Mensaje para el editor de Patrick Galvin en versión de Jorge Fondebrider
*Guido Cavalcanti a su padre de Peter Sirr en versión de Gerardo Gambolini
*Trazando el interior de Eugene O’Connell en versión de Silvia Camerotto
*La carpa debajo de la piel de Peter Si…

cuando toda la vida es una lluvia

En tiempos de la vejez

Cuando sea viejo
no te apartaré de mí,
fríamente, amiga del alma,
ni tampoco me entristeceré
al recordar la apariencia
del descuidado y loco corazón
que el viento arrebató,
cuando sea viejo.

Cuando sea viejo
y la blanca brasa ardiente del fuego milagroso
al mundo parezca frío,
el deseo de mi alma que te supo entonces
cuando la vida toda es una lluvia,
la lluvia de los años; será esa hora
la que abra una flor para nosotros,
que nos abarque por entero, cuando seamos viejos.

Cuando sea viejo
si tú recuerdas
algún amor, conserva entonces
el fuego del hogar hasta el diciembre de la vida,
que la alegría de añejos y dulces cálices
sea la que te haga descubrir que:
«pocos milagros hay menos dulces
que el amor que te tengo
cuando soy viejo».

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972),
de Lume Spento, 1908
Versión © Silvia Camerotto
imagen: Rain is nature's perfect song, s/d.

In Tempore Senectutis

When I am old
I will not have you look apart
From me, int…

quiero quedarme sin palabras

retrato terminado

Es una manera de decir
quiero quedarme sin palabras,
perder sin comentarios.

Hasta cuándo voy a hablar
de lo que ya no está.

De la que ya no está
viéndome escribir de ella.
¡Y con esos ojos!

También yo de noche los abro
y miro el silencio
en la oscuridad
donde el retrato termina
sin que lo alcance a ver

y pienso
y pienso
y pienso

en temas como vos
que no parecen tener
vencimiento,

en tu deseo de llegar a casa:
con la llave preparada,
aferrada a la puerta del taxi,
te dejabas caer en tu puerta
casi con la voluntad incierta
de una hoja de otoño,

en clase de vencimiento,

y esos ojos más bien dorados
de los que decías en las descripciones
ojos verdes. Para mirar
cada ocasión con buenos ojos
que no me miran más,
aunque los recuerde.

Y ahora
quiero quedarme
sin palabras. Saber perder
lo que se pierde.

O eso parece.

Parece que las dos
nos hemos quedado sin madre:
yo sin vos
vos sin ella,

y sucesivamente,
como eslabones perdidos
y encontrados por un rato
con los padres,

pe…

ah sentidos, mis guardianes insomnes

Himno de alabanza

¿Y por qué no he de cantar también yo un himno de alabanza,
aunque casi todos los que amé sean ahora igual que la hojarasca
que se arremolina alrededor del viento
y no puedan jactarse ni siquiera de poder arrojar su propia sombra?
Por todo lo perdido, ¿acaso contrariaste mi voluntad de dicha
o volví del revés los pasos que me habías señalado?
Si celebré con llanto mis bodas con la noche, ¿fue por seguir mi vocación de abismo
o porque me cubriste con sábanas de tiniebas cada día?
Para nadie la culpa ni para mí el castigo.
Fue solamente porque cayó una estrella
o porque se precipitaron bajo la luna errónea las mareas.
Es la misma señal, el mismo asombre con que sigo cayendo en la espesura,
aquí, desde tu mano.
¿Y no he de cantar por eso un himno de alabanza?
Yo agradezco estos ojos que se agrandan para ver tu escritura secreta en cada piedra:
esta boca con el sabor de "siempre", "tal vez" y "nunca más";
las manos y la piel donde arrojan s…

a irene

XIII

El alma elige su propia sociedad,
después cierra la puerta;
en su divina mayoría
no más intromisión.

Inconmovible, ve cómo se detiene el carruaje
frente a su portón;
inconmovible, se arrodilla en su alfombra
un emperador.

La he visto elegir de una
amplia nación;
y cerrar luego como una tumba
las valvas de su atención.

1862

Emily Dickinson, 1830- 1886, Amherst, Massachusetts.
Versión © silvia camerotto
De The Collected Poems of Emily Dickinson, Barnes & Noble, New York, 1993
imagen: Leaving for the ball, Alexandre-Marie Colin, 1830.


XIII

The soul selects her own society,
Then shuts the door;
On her divine majority
Obtrude no more.

Unmoved, she notes the chariot's pausing
At her low gate;
Unmoved, an emperor is kneeling
Upon her mat.

I've known her from an ample nation
Choose one;
Then close the valves of her attention
Like stone.

lo que ahora no recuerdes nunca volverá

Excavaciones

Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Pero si pones el pie donde estaba el umbral,
si te acercas con la rama de albahaca y un gallo en los brazos,
las sombras vendrán rápidamente a tu encuentro.
Pero si te sientas donde estuvo el umbral,
si cantas con el gallo -con el gallo de la memoria-
todavía puedes recordar, privilegio de los vivos,
todavía puedes olvidar, privilegio de los muertos.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y señalas el dintel.
Y ya no sabes si estás del lado de la sombra o del lado de la luz.
Alguien viene a beber sol: extiendes la mano.
Alguien viene a beber sombra: extiendes la mano.
Y cuando el desconocido te pregunta quién eres, no sabes contestar,
cuando le preguntas quién es, no puede contestar.
Canta -pides- pero él no cantará.
Sueña -responde- y tú no entenderás.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Y …

acepto

Un atardecer de abril después de una separación

Ya no tengo a quién esperar
De modo que para qué preocuparse
Por cambiar las sábanas
o barrer el patio.

Se hace lo imprescindible
regar las plantas
dar de comer a los gatos
¿qué culpa tienen?
Al crepúsculo salgo a la calle
en busca de cerveza.
Mi vecino homosexual me invita
a cenar este sábado en su casa.
Acepto.
Donde no hay sexo no hay problemas.

Estos encuentros
han llegado a ser mi único sentimiento.

Los huesos de mi padre

Hace más de veinte años que murió
y no renovamos el derecho de sus huesos
a permanecer en el nicho.

De mi parte fue intencional.
A mi padre no le gustaba estar encerrado.

Ojalá un sepulturero los haya vendido
y haya comido algo especial con su mujer y sus hijos
o se haya tomado unos vinos
en rueda de amigos.

Y con esos huesos un joven estudie medicina
-esos huesos largos y bien formados-
sin pensar en la muerte.

La forastera

Durante muchas noches de insomnio
he vagado
aterida
por la Ciudad del Pasado.

No llevaba pl…

ruidos de armas y bastiones

the sweet converse of an innocent mind
John Keats
1
Qué harás con los días sucios y fríos,
cuando el gato trepa a la ventana
y el tiempo recorta con salvaje continuidad
el perfil de los edificios en la ceniza del cielo.

Apenas dos o tres días, y la habitación luce desordenada, desierta,
ruedan por el suelo pelusas y fragmentos de hojas secas y la tierra
que entra por las rendijas ávida de habitar los huecos
grises del pensamiento que no ha sido tratado durante semanas.
Amplia de alas y de rimas, la literatura abandonada.
Qué harás con los días si te dan la oportunidad.

Dame misterio, leguas.
Dame divinidad.

3
De algún modo está todo asociado a las proclamas
lucubradas sobre una mesa; a los mapas
de las reyertas; al fatídico peso de los otros.
En tiempos de mal clima, en inviernos de hosquedad,
cuando sobre el cielo avanzaban humo y tormenta,
cuando eran las ciudades llenas de pesar y de vida;
cuando caminabas por calles con la mirada hecha palabra,
puro presente, malestar y convicción,