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Mostrando las entradas de septiembre, 2010

pedazo tras pedazo

Agua

Era un pueblo langostero en Maine—
cada mañana una enorme cantidad de jorneleros
partían de la orilla hacia canteras
de granito en las islas,

y abandonaban docenas de lóbregas
casas blancas de madera
adheridas como conchas de ostra
a una colina de roca,

y debajo de nosotros, el mar lamía
los toscos, angostos y diminutos
laberintos de una esclusa,
donde eran atrapados los peces para cebo.

¿Recuerdas? Nos sentábamos sobre una roca.
Desde esta distancia en el tiempo
parece del color del lirio,
pudriéndose y tornándose más púrpura,

pero solo era
la misma roca gris
tornando al mismo color verde
del mar que la mojaba.

El mar empapaba la roca
a nuestros pies todo el día
y continuaba arrancándole
pedazo tras pedazo.

Una noche soñaste
que eras una sirena aferrada al pilote de un muelle,
e intentabas arrancar
los moluscos con las manos.

Deseábamos que nuestras dos almas
pudieran regresar como gaviotas
a la roca. Pero al final,
el agua fue demasiado fría para noso…

aunque nunca llegue el día

La mesa de mis dioses

a Pedro González
Bebo con mis dioses,
con Xangó, dios del trueno, protector
del ebrio y del amante,
a quien he visto desimantar a las bahianas
marearlas
como si dento les copulara un bandera,
que descendió en mí en Santiago de Cuba
por obra y gracia de Orula y de un babalao
cenizo
de cruzar la suerte de los hombres.
Bebo con Vishnú a quien no pude despertar
de su lento absoluto, cuando ascendiendo
una escalera enorme
lo vi yacer, sin mundo,
como una luna esperando el regreso del cielo.
Fue en Bali esa visión. La tierra
desaparecía
devorada por sus delicadezas.
Ofrendo y bebo con la Pachamama, porque le pertenezco
arbolito que yo soy y nunca alcanzo
río que me llamo y nunca vuelvo,
y con el Señor del Milagro,
que brillaba como un fruto
en el terror
en el luto
y el espejismo del alma de mis abuelos.
En la mesa, desnumerando, como suelen,
está el duende, con su mano de lana
y su mano de hierro
cicatrizando sus ojos debajo de la higuera.
Y al diablo, pobre hombre, a…

cada uno con su noche individual

dentro de poco irrumpirá la madre
nos aguarda otra cena

y unos aquí
y otros aquí
y otros aquí también
cada uno en su noche individual
comeremos

la bocanada de conversación
se hará hilos
buscará otra ventana
donde quizá el sonido
hable con uno que está solo
y le diga: cerca hay una familia

dentro de poco irrumpirá la madre

el pulpo odiado amado
estirará un tentáculo con sopa

y comeremos
o leyendo o peleando en silencio

desgranará uno el pan
y el otro esos recuerdos
como trépanos ávidos de lloro
dentro de poco irrumpirá la nada

ni sopa habrá
ni boca en qué volcarla

22.5.1985

Susana Thénon, Buenos Aires, 1935-1991
en La morada imposible, Tomo II, Edición a cargo de Ana M. Barrenechea y María Negroni, Corregidor, Buenos Aires, 2001
imagen Héctor Pineda© – Omnia Vanitas en Uno de los nuestros

tenemos miles de artefactos

Un siglo sin mitos

-El siglo XIX no puede ser apelado aún- dijo Garbeld. Y agregó, luego de plegar el diario en cuatro: -Hace tres mil años imperaban la Gorgona, el Minotauro. En el siglo XIX se disiparon los monstruos, los prodigios, y comenzaron a utilizarse esas palabras en sentido figurado, o mejor dicho: se aplican a desfiguraciones de la naturaleza. Desde el siglo XIX usamos la negación, la paradoja, pero no prosperó pensamiento alguno sobre el cosmos real. -Tengo entendido- dije- que desde el siglo XIX prosperó precisamente la cosmología y tenemos un esquema aproximado del nacimiento del universo y su estado actual. -¿A qué se refiere? -se enojó Garbeld. -Precisamente a las teorías sobre el cosmos, que parecen muy correctas. -Desde el siglo XIX sólo negamos los prodigios -se emperró Garbeld.-Todos ellos fueron limitados, junto con los salvajes, a reducciones, a reservas temáticas. Revistas de horóscopos y otra literatura menor, programas o canales de televisión especiales para …

vos che tierra

Argentino hasta la muerte
He nacido en Buenos Aires,
¡Qué me importan los desaires
con que me trata la suerte!
Argentino hasta la muerte,
He nacido en Buenos Aires.
Guido y Spano,1895

A Buenos Aires la fundaron dos veces
a mi me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuántos tatarabuelos tiene uno
yo acuso siete españoles seis criollos y tres franceses
el partido termina así
combinado hispanoargentino 13 franceses 3
suerte que los franceses en principe son franceses
si no qué haría yo tan español
nací por fín hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina
nacía en Chascomús en Buenos Aires
nací en tantos lugares casi todos con agua
cuando empezó mi desarrollo se acabó el del país
una hija me nació de cada oreja
fallecí en una playa de Vigo
vuelvo a nacerme cada vez que amo
me naceré en París con lluvia fina
porque yo hermanos igual que Buenos Aires
no estaba aquí me trajeron de Europa
me trajeron por piezas
primero una mitad la otra dos siglos después
tengo entonces dos…

aquí reposa un viento

Cinco epitafios australes

I
Al resero Facundo Corvalán

Aquí yace Facundo
Corvalán, un resero.
Porque había nacido en la cama del viento,
sopló todo su día.

Empujando furiosas
novilladas al Sur,
atropelló el desierto, vio su cara de hiel,
y le dejó una pastoral
montada en un caballo blanco.

Vivió y amó según la costumbre del aire:
con un pie en el estribo
y el otro en una danza.
Y, como el aire, se durmió en la tierra
que su talón había castigado.

Nadie toque su sueño:
aquí reposa un viento.


II
A Unco, el idiota

Unco, el idiota, cortador de juncos,
yace aquí sin machete ni juncal.
Para el techo del hombre cortó juncos:
Para el amor del hombre
cortaba juncos verdes:
juncos llenos de viento,
para el hombre y su risa
cortó en el aguazal.
Y él nunca usó ni techo
ni amor ni risa ni hombre.

Rojo de mediodías, pero sin luz adentro;
gallardo y fuerte, pero sin canción,
fue una rica vihuela
que no tuvo cordaje
y una lámpara hermosa
que no encendió su dueño.
Su Dios fue un huevo de chajá
mecido a…

los grandes interrogantes

La cura

Habían dejado a la sirvienta despierta;
es tarde otra vez,
el fuego ardiendo tan fuerte que abrieron una puerta,
y desde su cuarto

Ella los escucha dirimiendo los grandes interrogantes:
¿Cómo tratar un caso
de clorosis o quizá de amor no correspondido?
El fuego se consume,

Cierran la puerta. Ella le estaba escribiendo a su madre,
diciendo: No pienses
en consultar a esa impostora. Su hermana, la que
murió, tenía el don.

…comprendo que debe ser difícil para ella,
Hasta ahora, ninguna novedad,
pero seguro, en el fondo, le alivia el corazón
que la niña mejore.

Las voces resuenan otra vez, la puerta es ancha,
ella escucha la campana,
aparece con su vela, lista para guíar
a un huésped a la cama,

luego regresa a su carta. La señora de la casa
permanece en su cuarto.
El señor suspira cuando cierra la pesada puerta de calle.
No hay cura.


Eiléan Ní Chuilleanáin, Cork, 1942
Versión © Silvia Camerotto
imagen:


The Cure

They’ve kept the servant sitting up;
It’s late again,
Their fire bur…

pasemos un instante la vida a dos vidas

Palmas y guitarra

Ahora, entre nosotros, aquí,
ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo
y cenemos juntos y pasemos un instante a la vida
a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte.
Ahora, ven contigo, hazme el favor
de quedarte en mi nombre y a la luz de la noche teneblosa
en que traes a tu alma de la mano
y huimos en puntillas de nosotros.

Ven a mí, sí, y a tí, sí,
con paso par, a vernos a los dos con paso impar,
marcar el paso de la despedida.
Hasta cuando volvamos! Hasta la vuelta!
Hasta cuando leemos, ignorantes!
Hasta cuando volvamos, despidámonos!

Qué me importan los fusiles;
escúchame;
escúchame, qué impórtanme,
si la bala circula ya en el rango de mi firma?
Qué te importan a ti las balas,
si el fusil está humeando ya en tu olor?
Hoy mismo pesaremos
en los brazos de un ciego nuestra estrella
y, una vez que me cantes lloraremos.
Hoy mismo, hermosa, con tu paso par
y tu confianza a que llegó mi alarma,
saldremos de nosotros, dos a dos.
Hasta cuando seamos ciegos!
Hasta
que l…