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Mostrando las entradas de marzo, 2011

julio cortázar. crónica para césar

Crónica para César

Y levantarás una gran ciudad
y los puentes de la gran ciudad alcanzarán a otras ciudades
como la peste de las ratas cae sobre otras ratas y otros hombres

Todo lo que en tu ciudad esté vivo proclamará tu nombre
y te verás honrado
alabado y honrado
y tú mismo dirás tu nombre como si te miraras al espejo
porque ya no distinguirás entre los adoradores y el ídolo

Probablemente serás feliz
como todo hombre con mujer como todo hombre con ciudad
probablemente serás hermoso
como todo ídolo con piedra en la frente
como todo león con su aro de fuego corriendo por la arena
y levantarás una torre
y protegerás un circo
y darás nombre al séptimo hijo de las familias trabajadoras
No importa que en la sombra crezcan los hongos rosados
si el humo de las fábricas escribe tus iniciales en lo alto

El círculo de tiza se cerrará
y en las cavernas de la noche acabarán de pintar las imágenes protectoras

De hoy en adelante serás el sumo sacerdote
de mañana en mañana el oficiante de ti mismo

te reclaman destinos más gloriosos

Duerme tranquilo

Dijiste la palabra que enamora
a mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora
debe ser fresca, su decir ameno;
para tu oficio de amador no es bueno
el rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos
que el de llevar, entre los negros pozos
de las ojeras, la mirada en duelo.

¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
de algún bárbaro rey y tiene estatua.

Alfonsina Storni,Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Ocre. 1925’, Losada, Buenos Aires, 1999

julio cortázar. hablen, tienen tres minutos y otros poemas

Hablen, tiene tres minutos

De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botella de Beaujolais, para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.

Máxime sabiendo
que pienso en, ti obstinadamente, como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminable el gongo de la fiebre,
o el loco que cobija su paloma en la mano,
acariciándola hora a hora,
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntaste
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos…

qué saber

A otro hablar

¿Y qué puedo decir con la lengua trabada?:
esto, y la sombra piso,
palabras huecas alzo, tomo
de la cola un ratón y lo suelto,
no es lo que busco.

Ando a ver en qué ando, qué saber,
hallar mi centro fijo, un rastro, el carozo;
me respiro y no.

Una mujer ayer su cabellera puso,
venda en mis ojos;
pero no dejé de buscar lejanías.

Quiero decir hermosas, no razones,
palabras como hombres pétalos y estrellas,
seudópodos de mí hacia lo inaprensible.

Ando andando estas averiguaciones
a ver si se me desata la lengua.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
en 200 años de poesía argentina, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Alfaguara, Buenos Aires, 2010
imagen: s/d

haga la cuenta de mi vida

XXXIII

Si lloviera esta noche, retiraríame
de aquí a mil años.
Mejor a cien no más.
Como si nada hubiese ocurrido, haría
la cuenta de que vengo todavía.

O sin madre, sin amada, sin porfía
de agacharme a aguaitar al fondo, a puro
pulso,
esta noche así, estaría escarmenando
la fibra védica,
la lana védica de mi fin final, hilo
del diantre, traza de haber tenido
por las narices
a dos badajos inacordes de tiempo
en una misma campana.

Haga la cuenta de mi vida
o haga la cuenta de no haber aún nacido
no alcanzaré a librarme.

No será lo que aún no haya venido, sino
lo que ha llegado y ya se ha ido,
sino lo que ha llegado y ya se ha ido.

César Vallejo, Santiago de Chuco, Perú, 1892 - París, 1938
en César Vallejo, Trilce, Compañía Ibero Americana de Publicaciones, Madrid, 1930. Prólogo de José Bergamín y Salutación de Gerardo Diego
imagen: Leonora Carrington, Laberinto, en Arte pintura y genios

frías formas metálicas

De Profundis

Hay un campo de rastrojos sobre el que cae la lluvia negra.
Hay un árbol que oscurecido está allí, solo.
Hay un viento susurrante que ronda las chozas abandonadas.
Qué tarde tan triste.

Más allá de la aldea
la dulce huérfana aún recoge escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados contemplan el crepúsculo
y su regazo espera al novio celestial.

De regreso a casa
unos pastores encontraron el dulce cuerpo
podrido en la zarza.

Una sombra soy apartado de los poblados sombríos.
Bebí el silencio de Dios
de la fuente en el bosque.

Frías forma metálicas en mi frente.
Las arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se extingue en mi boca.

Me encontré de noche en un brezal,
engrosado con basura y polvo de estrellas.
En el bosquecillo de almendros
ángeles de cristal han vuelto a repicar.

Georg Trakl, Salzburgo, Austria– 1914, Cracovia
Versión © Silvia Camerotto sobre la versión del inglés
Imagen: Pieter Brueguel, El triunfo de la muerte

De profundis

Es ist ein Stoppelfeld, in das ein sc…

nacen, se reproducen, después mueren

Canto a los hombres del pan duro

Nacen, se reproducen después mueren.
De cobre son y el cobre los golpea.
Llevan de cobre el corazón y la camisa.
Llevan de cobre las mujeres recias.
Llevan de cobre el ojo y los abuelos.
De cobre son y suenan.

Nacen, se reproducen, después mueren.
Y es de cobre el vapor del caldo escaso,
de cobre el duro tálamo, la higuera,
el defendible hinojo,
la charla sobre el pan, el hasta cuándo,
las mesas de hule roto, la impaciencia
por ver caras alegres, frutillas, casas propias,
amigos bajo el sol, bajo la siesta.

Nacen, se reproducen, después mueren.
Fueron cadetes de la industria,
albañiles de andamios,
fabricantes de cosas inútiles modernas,
paladines del aire y del martillo,
fregadores de pisos, humo de chimeneas.

Nacen, se reproducen, después mueren.
¿Quién obtuvo sus sangres?
¿Quién destinó sus vértebras?
¿Quién los puso de gallos en la aurora
caminando y gritando, pateando y acatando,
hirviéndoles la sangre compañera?

Yo los he visto hastiados hasta d…

con el dedo índice escribió

Goodbye

Benditos los que no tienen mitologías
y se refugian agazapados
bajo las lámparas del criadero;
benditos los que no saben que la muerte
da clases en todos lados
y se conforman con una palmada
y un plato de comida;
benditos los que entran en ese lugar
donde los significantes
le dan vuelta la cara a Dios.

En el vidrio

Después de insistir mucho,
conseguí quedarme diez minutos solo con mi madre.
Un guardia gordo, que mascaba chicle,
me llevó hasta el lugar de visitas.
Estaba ahí, de pie, con su delantal naranja.
Separados por un vidrio inmenso
nos sentamos uno frente al otro.
Ella agarró su teléfono, yo agarré el mío.
Su idioma era un extraño
caminando por una voz muy débil.
Entonces, viendo mi desesperación,
se acercó al vidrio
y lo empañó con el aliento.
Con el dedo índice escribió ahí
el día y la hora en que va a resucitar.

Sindicalismo

No te dejes engañar
por el papel brilloso de los chocolates
ni la vista iluminada de la ciudad cuando oscurece.
No te distraigas
con los que foto…

gris se endurece el cielo

Tres visiones en un ópalo
Drei Blicke in einen Opal

a Erhard Buschbeck
1

Visión en ópalo: una aldea coronada de secas viñas,
la calma de nubes grises, amarilla colina rocosa
y frescura de fuentes crepusculares: espejos gemelos
enmarcados por sombras y peñascos babeantes.

El camino y las cruces del otoño se disuelven al anochecer,
peregrinos que cantan y lienzos ensangrentados.
Entonces la figura del solitario se vuelve hacia dentro
y marcha, ángel pálido, por el desierto vergel.

Desde lo negro sopla el viento sur. En compañía de sátiros
hay mujercitas esbeltas, monjes, pálidos sacerdotes de la voluptuosidad,
bello y tétrico se adorna su desvarío con lirios
y alza las manos hacia el dorado ataúd de Dios.

2

Lo humedece una gota de rocío que pende del romero:
fluye hacia allí un soplo de olores sepulcrales.
Hospitales que colma un tumulto de gritos febriles y maldiciones.
Huesos pútridos y grises se incorporan en el sepulcro.

Envuelta en velos y babas azuladas danza la mujer del anciano,
el …

esa cama estúpida

La yerba espera


a Javier Adúriz
Ahora que sé que las sentencias no convienen
y que Café Bretaña es un buen libro
A vos te va la vida alucinando, envuelto en un turbante
en medio de mensajes para el pueblo
que alientan lo que a los otros nos falta
Un samurái en cuerpo y alma o simplemente un hombre
que fue y que vino para buscar la calle que sabemos
que no existe
En Peña me enrostraste complejo de católica
y me dejaste yerba junto a una nota de tres líneas
Después de mucho tiempo leí los primeros dos poemas
que escribiste contra el disgusto y placer
de los más últimos
Y si lo pienso, la dama de pelo fucsia no fue tu gran amiga
pero nos abrazamos muchas veces
pero nos escuchamos muchas veces
y diste justo en el clavo
y supiste de dónde me tenían agarrada
como a vos, a esa cama estúpida
a la ruina sistemática de lo que importa.


Silvia Camerotto, Lomas de Zamora, 1959
Inédito
imagen: s/d

eres esplendorosa y desvalida

Enumeración de la patria

Oh, desmedido territorio nuestro,
violentísimo y párvulo. Te muestro
en un infiel espejo: Tus paisanos
esplendores, tus campos y veranos
sonoros de relinchos quebradizos,
tus noches y caminos despoblados
y con rebaño de ojos constelados.
Entre bandadas de árboles mestizos,
entre múltiples sombras y basuras,
te muestro con nostalgias asombradas
con niñas de trece años y maduras
en las puestas de sol inmoderadas.

Trémulas nervaduras de una hoja,
los ríos te atraviesan de agua roja,
sobre el primer cuaderno con paisajes
pintados por las manos de algún niño.
Tienes plantas y pájaros salvajes,
somnolientas mujeres en corpiño
trenzándose los dedos. Quietas balsas
para cruzar los ríos. Cangrejales
devoradores de hombres y animales,
montones de hijas negras y descalzas
cruzando tus desiertos y estaciones.
Tienes provincias y gobernaciones,
poblaciones vacías y distancias
con nombres melancólicos de estancias,
indomables cansancios y mortales,
pavorosos pantanos esti…

las leyes que las rigen

Recuerdos del Dr. Watson

a José C. Chiaramonte
Vimos en Holmes la lluvia desde el carruaje
en la hermosa avenitda Brixton, yendo hacia Andley's Court.
"Esta tarde en el Concert Hall oiremos cantar a Noman Neruda".
Ráfagas mudas de agua lenta golpeaban contra los vidrios,férrea
realidad nos rodeaba y nos movíamos en ella, nítidos. Puedo,
si quiero, evocar el preciso rumor de las ruedas sobre las piedras mojadas
y el resoplar de los caballos atravesando la ciudad familiar.
Ladrillos rojos chorreando agua, hombres borrosos en la lluvia;
la luz de gas manchaba la oscuridad matinal. Siento otra vez, con noble
fruición, el peso cálido y el vaho de nuestros abrigos,
la mirada de un muerto en honda persecución
golpeando contra el revés de mi mente. Hombres del porvenir, plagados
de irrealidad, para ustedes no habrá nunca este collar
de sólidos minutos, este edificio de horas de piedra. La niebla
carcomerá las paredes de Londres y el corazón de nuestra descendencia
yacerá débil o …

elizabeth azcona cranwell. única duración

Única duración

Tiempo hubo ya para reconocer los signos de las vidas remotas
donde nos hemos recorrido
entre la gracia, el júbilo, el dolor y la muerte
tiempo para aceptar las vidas que vendrán
insinuadas en espejos y hogueras, en lámparas y sueños.

Sombras de extinguidos jardines que rozan suavemente el olvido
narran su realidad en un vaivén de hojas, en múltiples regresos
y la memoria enciende lentamente sus formas
como juegos del agua, como notas que caen al espacio

(la voluntad y el verbo
estallido mutable de la luz)

Es la ilusión del nombre
el cuerpo y las palabras.
Somos los herederos del amor y la fiebre
de la desolación, el goce, sangre y mito
entre generaciones que se encuentran y crecen
se desgastan y mueren.

Todo sonido se disuelve en silencio
y el silencio es la sombra del poema.

¿Por qué ese canto de tristeza que atenúa la vida
que hace la sed en Dios
y alza su voz estéril en el empecinado grito de los días?

La tristeza es el honor de los muertos
y la muerte es un modo …