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Mostrando las entradas de febrero, 2011

mientras haya esperanzas y recuerdos

4.
Los suspiros son aire, y van al aire
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?


11.
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de este himno
cadencias que el aire dilata entre las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh, hermosa!,
si teniendo en mis manos las tuyas,
podría al oído, contártelo a solas.


Gustavo Adolfo Bécquer, Sevilla, 1836- Madrid, 1870.
de Rimas, Editorial Kapeluz, Buenos Aires, 1971
imagen de Michael Cheval© – New Rules of the Old Game, en Uno de los nuestros

nevada, óyeme

Balada blanca

En un otoño blanco
Dios se deshoja.
Caen los ángeles muertos,
borran mi sombra.

Copo a copo, un olvido
destiñe el bosque.
Me iré por esta nieve
no sé hasta dónde...

Qué jazmín, el camino,
qué beso, el cielo...
Cisne de mi nostalgia:
pareces sueño.

El bosque ya es pañuelo
con despedida,
y mi pecho, paloma
que huyendo gira.

Me voy por unos mundos
de algodón lento.
Me voy como un perfume.
Ni nombre tengo.

Qué blanca es esta sombra
que me derrumba.
No me quedan ni huellas
de las figuras.

¿Dónde andarán mis ojos?
Nevada, óyeme:
Si mañana estoy viva
me pondré un nombre.

La ventana

Procura vivir de suerte que al final de la partida, saquen de la muerte vida.  (Anónimo)
Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo de vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cu…

trémulos anunciaban las batallas

The infinite horses

I have seen them asleep on the grass,
mirroring themselves in the fields;
seen them furious, on their knees,
like haughty gods, all white,
dressed in ribbons, savage
with manes flying like the loose hair
of legended sirens on the shores.
Vile vipers have dreamt of them,
reeds and bedded mothers
keep them closed in the palms.
Trembling they foretell battles,
like the beat of their trotting hoofs,
like applause thundering in a vast theater.
They have seen wounds bleeding into the clay,
died among flowers, in the mire,
intimates of birds and vermin.
They draw near bearing armed men,
approach on their backs vile tyrants,
dressed in blood and purple.
I shall remember implacable horses:
Russian trappings; the Prezewalski;
the names of the hundred and twenty
Roman horses, chiseled in marble;
at the Olympus of Dionus of Argus,
with a hard penumbra aphrodisiac on
their bronze flanks, the horse
most flavored by the others
was that of Altis; he who was so loved
by Semiramis,…

empleo

Milagros de pobreza

Mi amigo Isaías necesitaba un empleo. Entonces publicó un aviso: Joven decidido, entusiasta, aptitudes. Teléfono: 4... Nadie podía así precisar si se trataba de una solicitud o de una oferta de empleo. Y llovieron los pedidos: casos realmente conmovedores. Postergaciones inexplicables. Jóvenes aptos, llenos de posibilidades, quienes por un motivo u otro habían sido olvidados. Él no podía ciertamente ofrecerles el empleo que necesitaban, pero, a lo menos, podía responder sus cartas, calmar algunas de sus inquietudes, darles algunas esperanzas... Y en eso pasó Isaías todo el tiempo de su juventud que hubiese debido destinar a labrarse una situación.

XXIII, 75.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
de El Movimiento Poesía Buenos Aires, 1950-1960, Selección, prólogo y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979
Imagen: Jeffrey Vanhoutte, con expresa autorización del autor

en la habitación colmada

El forastero

Era cuando la vida giraba en torno al miedo como los insectos alrededor
del solitario farol de una esquina
y el caracol de la idea dejaba, en tanto, escuchar su zumbido de ola
infructuosamente eterna.
La alegría, infiel, había huido ante el primer atropello,
y en la habitación colmada de nuestros deseos no quedaba ni espacio ni
siquiera para el grito de socorro.
Fue necesario transitar el amor con el mismo desamparo con que un
forastero recorre la calle principal de un pueblo.
Y sin embargo ella y yo permanecimos unidos y separados a la vez como
las islas de un mismo archipiélago.

XIII,XIV, 12

El amor en su sitio

Amarla
Amarla Seguirla hasta el recinto temible de su investidura carnal Allí
donde se destruye la indiferencia de la participación
Sí La amo
La amo sin otro descanso que la anormalidad
Ella y yo en el centro del lecho para generaciones
De destreza útil para vivir
Ella y yo en los fines de semana. En los viajes hasta la linterna del barco
de otro siglo
Estos …

en los ojos de nadie

Pánico en Valparaíso

Para los invencibles corazones
agua de invierno o acero de verano
para las invencibles convulsiones
del amor en la boca del alba.

Para los deslumbrados por las bellas palabras
y las grandes mentiras
nosotros, los que erramos la primera oportunidad
y ardimos en lo verdadero y en lo falso
congregados bajo la lluvia sagrada
los ojos obstruidos por la melancolía
y a veces por el sol de otra patria.

Para nosotros el cielo transcurre de un día a otro
arrastra un hotel llamado septiembre
multitudes perdidas en los pasos de lobos
incendios entrevistos desde lo alto de la ciudad
muertes, secretos y otras manos solícitas.

En vano nuestro amor gestionaba un acuerdo
de noche junto al mar de voz sin atenuantes
juntos como cobardes o reyes ateridos de locura
gastando el tiempo
descubriendo el margen de la ley
dándole a nadie el espectáculo de nuestro amor.

Así luchamos y así caeremos
exhaustos como las medusas del anochecer
mientras los jóvenes invictos celebran el alcohol
y co…

el vaivén de las balanzas

La araña desnuda

De las siete teorías sobre lo perfecto
la primera es la más difícil de sobrellevar:
estrecharse las manos entre desconocidos
seguir sin fatiga el itinerario de un muñeco que reparte profecías
el vaivén de las balanzas que se usan para prometer y no cumplir

Siempre habrá una tolerancia especial para estos seres tiernamente pecadores
por la forma elegante de jugar su última estrella
de escamotear los ceniceros
o hacer correr la sangre mientras beben gentilmente una taza de té

Condenados por sus equivocadas predicciones
son los que deben esperar los días amables de fiesta para arrancarse los dedos

Juan José Ceselli, Buenos Aires, 1909-2008
en El movimiento poesía Buenos Aires, 1950-1960, Selección, prólogo y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979
imagen: s/d

eduardo aibinder. el hombre bala del circo

Bastard Son Los Que Lo Cuidamos

Salvarse del terror paterno y
salvarse de cuidar al padre
enfermo. Que nunca tuvo enemigos:
pero sentados al borde de la
cama; para los que lo cuidamos
es imposible una redención cuando
lo que queda es aire de tormenta.

**

Borde de la cama

Lo real no se parece a nada:
un padre no es el hombre bala
del circo, alguna vez tuvo esa fuerza
en el cuerpo, ahora le dice al médico:
"terminaron mis hazañas" mientras
se sienta al borde de la cama:
para dar o no su salto mortal.

**

Mundo exterior

Un camillero corriendo
bajo la lluvia, piensa:
que ahora la tormenta ha dado una tregua
y "el mundo se ha vuelto hospitalario"
no cordial, hospitalario:
rodeado de enfermos.

**

Si mi padre fuese el hombre bala del circo

Si mi padre fuese
el hombre bala del circo podría
despegar de la camilla en la que está
montado y circula por los pasillos
del hospital. Si fuera el enfermero
que lleva esa camilla
le diría a mi padre: "Te llevo
como un botín, prendido a un
enemigo arrepentido y sin…

y por tu enorme parecido con tu sombra

***

Alfonso: estás mirándome, lo veo,
desde el plano implacable donde moran
lineales los siempres, linealeslos jamases
(Esa noche, dormiste, entre tu sueño
y mi sueño, en la rue de Ribouté)
Palpablemente,
tu inolvidable cholo te oye andar
en París, te siente en el teléfono callar
y toca en el alambre a tu último acto
tomar peso, brindar
por la profundidad, por mí, por ti.

Yo todavía
compro «du vin, du lait, comptant les sous»
bajo mi abrigo, para que no me vea mi alma,
bajo mi abrigo aquel, querido Alfonso,
y bajo el rayo simple de la sien compuesta;
yo todavía sufro, y tú, ya no, jamás, hermano!
(Me han dicho que en tus siglos de dolor,
amado sér,
amado estar,
hacías ceros de madera. ¿Es cierto?)

En la «boîte de nuit», donde tocabas tangos,
tocando tu indignada criatura su corazón,
escoltado de ti mismo, llorando
por ti mismo y por tu enorme parecido con tu sombra,
monsieur Fourgat, el patrón, ha envejecido.
¿Decírselo? ¿Contárselo? No más,
Alfonso; eso, ya nó!

El hôtel des Ecoles f…

en el vano intento

Soy la muchacha mala de la historia

Soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.

Soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril.
Soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.

Soy
la muchacha mala de la historia.

**

Como tú lo estableciste

Sola,
descubro que mi vida transcurrió perfectamente
como tú lo estableciste.

ahora
cuando la sensación de algo inacabado,
inacabado y ajeno
invade de escrúpulo mis buenas intenciones,
solo ahora
cuando me siento en la mitad de todos mis camino
atada a frases hechas
a cosas que se hacen por haberlas aprendido
como se aprende una lección de historia,
puedo pensar
que de nada sirvieron los consejos
ni las interminables conversaciones con tu madre,
y esas largas horas de mi vida
perdidas
en aprendizajes extraños sobre pesas y medidas…

pero regreso a mis versos...

Mayakovsky

1.
¡Mi corazón se agita!
Estoy parado en la bañera,
llorando. Madre, madre
¿quién soy? Si él
regresara solo una vez
y me besara en la cara
su grueso pelo rozara
mi sien, ¡está latiendo!

entonces podría vestirme
creo, y caminar por las calles.

2.
Te amo. Te amo,
pero regreso a mis versos
y mi corazón se cierra
como un puño.

¡Palabras! sean
tan enfermas como yo, desmáyense,
pongan sus ojos en blanco, un remanso

y clavaré la mirada
en mi belleza herida
que es como mucho, sólo un talento
para la poesía.

No puedo, por favor, no puedo seducir o ganar
¡qué poeta!
y se espesa el agua clara

con estallidos sangrientos en la cabeza.
Abracé una nube,
pero cuando cuando quise elevarme
llovió.

3.
¡Es gracioso! hay sangre en mi pecho
oh, sí, he estado transportando ladrillos
¡qué lugar tan cómico para desgarrarse!
y ahora está lloviendo en el ailanto
mientras bajo a la cornisa de la ventana
las huellas detrás de mí son difusas y
brillan con pasión por correr,
salto hasta las hojas, verd…