martes, marzo 29, 2011

julio cortázar. crónica para césar



Crónica para César

Y levantarás una gran ciudad
y los puentes de la gran ciudad alcanzarán a otras ciudades
como la peste de las ratas cae sobre otras ratas y otros hombres

Todo lo que en tu ciudad esté vivo proclamará tu nombre
y te verás honrado
alabado y honrado
y tú mismo dirás tu nombre como si te miraras al espejo
porque ya no distinguirás entre los adoradores y el ídolo

Probablemente serás feliz
como todo hombre con mujer como todo hombre con ciudad
probablemente serás hermoso
como todo ídolo con piedra en la frente
como todo león con su aro de fuego corriendo por la arena
y levantarás una torre
y protegerás un circo
y darás nombre al séptimo hijo de las familias trabajadoras
No importa que en la sombra crezcan los hongos rosados
si el humo de las fábricas escribe tus iniciales en lo alto

El círculo de tiza se cerrará
y en las cavernas de la noche acabarán de pintar las imágenes protectoras

De hoy en adelante serás el sumo sacerdote
de mañana en mañana el oficiante de ti mismo

Y levantarás una gran ciudad
como las hormigas diligentes exaltan sus pequeños montículos
y harás venir la semilla de Rumania y el papel de Canadá
Habrá una loca alegría en las efemérides
y en el retorno de los equipos victoriosos

Todo esto no pasará de los límites de tu cuarto
pero levantarás una gran ciudad
de mediodía a medianoche
una ciudad corazón una ciudad memoria una ciudad infamia
La ciudad del hombre crecerá en el hombre de la ciudad

y se protegerán los unos de los otros
las sombras de las sombras
los perros de los perros
los niños de los niños
aunque las mujeres sigan tendidas contra los hombres
y clamen los pacifistas en las esquinas

Creo que morirás creyendo
que has levantado una ciudad

Creo que has levantado una ciudad

Creo en ti
en la ciudad

Entonces sí
ahora que creo
entonces sé que has levantado una ciudad

Ave César

Julio Cortázar, Bruselas, 1914- París, 1984
en Salvo el crepúsculo, Suma de letras, Buenos Aires, 2004
imagen: Yves Tanguy

domingo, marzo 27, 2011

te reclaman destinos más gloriosos


Duerme tranquilo

Dijiste la palabra que enamora
a mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
y hermoso el rostro tuyo a toda hora.

Cuando encanta la boca seductora
debe ser fresca, su decir ameno;
para tu oficio de amador no es bueno
el rostro ardido del que mucho llora.

Te reclaman destinos más gloriosos
que el de llevar, entre los negros pozos
de las ojeras, la mirada en duelo.

¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
de algún bárbaro rey y tiene estatua.

Alfonsina Storni,Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Ocre. 1925’, Losada, Buenos Aires, 1999

sábado, marzo 26, 2011

julio cortázar. hablen, tienen tres minutos y otros poemas



Hablen, tiene tres minutos

De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botella de Beaujolais, para bajar al pozo donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.

Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.

Máxime sabiendo
que pienso en, ti obstinadamente, como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminable el gongo de la fiebre,
o el loco que cobija su paloma en la mano,
acariciándola hora a hora,
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.

Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntaste
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solo, que nos demos
un pétalo, aunque sea un pastito, una pelusa.


Si he de vivir

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me pequen las sábanas, y nada me de paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.

Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.


Julio Cortázar, Bruselas, 1914- París, 1984
en Salvo el crepúsculo, Suma de letras, Buenos Aires, 2004
imagen Pamela Wilson© – The Absinthe Drinker and the Hostile Silence, en Uno de los nuestros

miércoles, marzo 23, 2011

qué saber


A otro hablar

¿Y qué puedo decir con la lengua trabada?:
esto, y la sombra piso,
palabras huecas alzo, tomo
de la cola un ratón y lo suelto,
no es lo que busco.

Ando a ver en qué ando, qué saber,
hallar mi centro fijo, un rastro, el carozo;
me respiro y no.

Una mujer ayer su cabellera puso,
venda en mis ojos;
pero no dejé de buscar lejanías.

Quiero decir hermosas, no razones,
palabras como hombres pétalos y estrellas,
seudópodos de mí hacia lo inaprensible.

Ando andando estas averiguaciones
a ver si se me desata la lengua.

Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920
en 200 años de poesía argentina, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Alfaguara, Buenos Aires, 2010
imagen: s/d

sábado, marzo 12, 2011

frías formas metálicas



De Profundis

Hay un campo de rastrojos sobre el que cae la lluvia negra.
Hay un árbol que oscurecido está allí, solo.
Hay un viento susurrante que ronda las chozas abandonadas.
Qué tarde tan triste.

Más allá de la aldea
la dulce huérfana aún recoge escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados contemplan el crepúsculo
y su regazo espera al novio celestial.

De regreso a casa
unos pastores encontraron el dulce cuerpo
podrido en la zarza.

Una sombra soy apartado de los poblados sombríos.
Bebí el silencio de Dios
de la fuente en el bosque.

Frías forma metálicas en mi frente.
Las arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se extingue en mi boca.

Me encontré de noche en un brezal,
engrosado con basura y polvo de estrellas.
En el bosquecillo de almendros
ángeles de cristal han vuelto a repicar.

Georg Trakl, Salzburgo, Austria– 1914, Cracovia
Versión © Silvia Camerotto sobre la versión del inglés
Imagen: Pieter Brueguel, El triunfo de la muerte

De profundis

Es ist ein Stoppelfeld, in das ein schwarzer Regen fällt.
Es ist ein brauner Baum, der einsam dasteht.
Es ist ein Zischelwind, der leere Hütten umkreist.
Wie traurig dieser Abend.

Am Weiler vorbei
Sammelt die sanfte Waise noch spärliche Ähren ein.
Ihre Augen weiden rund und goldig in der Dämmerung
Und ihr Schoß harrt des himmlischen Bräutigams.

Bei der Heimkehr
Fanden die Hirten den süßen Leib
Verwest im Dornenbusch.

Ein Schatten bin ich ferne finsteren Dörfern.
Gottes Schweigen
Trank ich aus dem Brunnen des Hains.

Auf meine Stirne tritt kaltes Metall
Spinnen suchen mein Herz.
Es ist ein Licht, das in meinem Mund erlöscht.

Nachts fand ich mich auf einer Heide,
Starrend von Unrat und Staub der Sterne.
Im Haselgebüsch
Klangen wieder kristallne Engel.


De Profundis

There is a stubble field on which a black rain falls.
There is a tree which, brown, stands lonely here.
There is a hissing wind which haunts deserted huts.
How sad this evening.

Past the village pond
The gentle orphan still gathers scanty ears of corn.
Golden and round her eyes are gazing in the dusk
And her lap awaits the heavenly bridegroom.

Returning home
Shepherds found the sweet body
Decayed in the bramble bush.

A shade I am remote from sombre hamlets.
The silence of God
I drank from the woodland well.

On my forehead cold metal forms.
Spiders look for my heart.
There is a light that fails in my mouth.

At night I found myself upon a heath,
Thick with garbage and the dust of stars.
In the hazel copse
Crystal angels have sounded once more.

Traducido por Jurek Kirakowski*

*versión recibida a través de Gabriela Adelstein

viernes, marzo 11, 2011

nacen, se reproducen, después mueren


Canto a los hombres del pan duro

Nacen, se reproducen después mueren.
De cobre son y el cobre los golpea.
Llevan de cobre el corazón y la camisa.
Llevan de cobre las mujeres recias.
Llevan de cobre el ojo y los abuelos.
De cobre son y suenan.

Nacen, se reproducen, después mueren.
Y es de cobre el vapor del caldo escaso,
de cobre el duro tálamo, la higuera,
el defendible hinojo,
la charla sobre el pan, el hasta cuándo,
las mesas de hule roto, la impaciencia
por ver caras alegres, frutillas, casas propias,
amigos bajo el sol, bajo la siesta.

Nacen, se reproducen, después mueren.
Fueron cadetes de la industria,
albañiles de andamios,
fabricantes de cosas inútiles modernas,
paladines del aire y del martillo,
fregadores de pisos, humo de chimeneas.

Nacen, se reproducen, después mueren.
¿Quién obtuvo sus sangres?
¿Quién destinó sus vértebras?
¿Quién los puso de gallos en la aurora
caminando y gritando, pateando y acatando,
hirviéndoles la sangre compañera?

Yo los he visto hastiados hasta decir no quiero,
los he visto matando en frigoríficos, matando en primaveras
en que todo nacía sin motivo aparente como nacen las flores;
los he visto con bolsas, moverse, trabajando, cuando era
la hora de comer, la hora egregia del amor y del descanso;
los he visto trepados a las torres, trepados a las viejas
torres, dándoles cal, charlando con los ángeles,
mirando un punto en la tierra,
un solo punto vivo
al cual pertenecían
y por el cual hilaban sus días, sus esencias.

Los he visto volviendo a sus hogares
con la honradez al hombro, mirándose las piernas,
detallándose niños y costumbres, algunas cosas que suceden,
pisándose las huellas,
hollándose los marzos, los octubres,
los panes sin almuerzo, las amargas cosechas
del frío, las amargas recolecciones para otros
y las amargas siembras
del cobre que resuena en el alma
como un gran acordeón tocando a fiesta.

Yo sé que nace, sí,
Yo sé: se reproducen. Yo sé: se mueren.
Sé que suenan a cobre, sé que suenan
a rasgadoras fiebres, a pan hermoso y triste.
Tienen hijos de cobre, muy sonoros;
tienen mujeres recias,
cigarrillos baratos en los dedos,
hondas causas vitales manchando sus ojeras.

Están aquí y allá.
Suenan, resuenan.

Son de una gama gris.
Andan y trepan.

Naturalmente cobres, naturalmente solos,
tienen el sol cerrado sobre la mano abierta.

Y un día caen trizados por el tiempo,
con unos ojos amplios hacia el norte
y un pan duro indicando sus presencias.

Son esos hombres duros como el cobre.
Suenan, resuenan.

Mario Jorge de Lellis, Buenos Aires, 1922 - 1966
de Cantos humanos
en Los poetas sociales, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968
imagen: Van Gogh

miércoles, marzo 09, 2011

fabián casas. goodbye


Goodbye

Benditos los que no tienen mitologías
y se refugian agazapados
bajo las lámparas del criadero;
benditos los que no saben que la muerte
da clases en todos lados
y se conforman con una palmada
y un plato de comida;
benditos los que entran en ese lugar
donde los significantes
le dan vuelta la cara a Dios.

En el vidrio

Después de insistir mucho,
conseguí quedarme diez minutos solo con mi madre.
Un guardia gordo, que mascaba chicle,
me llevó hasta el lugar de visitas.
Estaba ahí, de pie, con su delantal naranja.
Separados por un vidrio inmenso
nos sentamos uno frente al otro.
Ella agarró su teléfono, yo agarré el mío.
Su idioma era un extraño
caminando por una voz muy débil.
Entonces, viendo mi desesperación,
se acercó al vidrio
y lo empañó con el aliento.
Con el dedo índice escribió ahí
el día y la hora en que va a resucitar.

Sindicalismo

No te dejes engañar
por el papel brilloso de los chocolates
ni la vista iluminada de la ciudad cuando oscurece.
No te distraigas
con los que fotografían en familia,
alzan trofeos,
o se muestran seguros
en las revistas de mucho tiraje.
Que tu corazón esté
con los que viven solos,
los que saben que un par de tragos
jamás abolirán el azar
y por eso forman parte de ese estúpido club.

Fabián Casas, Buenos Aires, 1965
de Oda, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2003
imagen: John Jude Palencar

lunes, marzo 07, 2011

gris se endurece el cielo



Tres visiones en un ópalo
Drei Blicke in einen Opal

a Erhard Buschbeck

1

Visión en ópalo: una aldea coronada de secas viñas,
la calma de nubes grises, amarilla colina rocosa
y frescura de fuentes crepusculares: espejos gemelos
enmarcados por sombras y peñascos babeantes.

El camino y las cruces del otoño se disuelven al anochecer,
peregrinos que cantan y lienzos ensangrentados.
Entonces la figura del solitario se vuelve hacia dentro
y marcha, ángel pálido, por el desierto vergel.

Desde lo negro sopla el viento sur. En compañía de sátiros
hay mujercitas esbeltas, monjes, pálidos sacerdotes de la voluptuosidad,
bello y tétrico se adorna su desvarío con lirios
y alza las manos hacia el dorado ataúd de Dios.

2

Lo humedece una gota de rocío que pende del romero:
fluye hacia allí un soplo de olores sepulcrales.
Hospitales que colma un tumulto de gritos febriles y maldiciones.
Huesos pútridos y grises se incorporan en el sepulcro.

Envuelta en velos y babas azuladas danza la mujer del anciano,
el mugriento pelo empapado de negras lágrimas,
los muchachos tienen sueños confusos en la seca maleza,
y sus frentes están excoriadas y ásperas por la lepra.

Por la ventan ojival desciende un atardecer plácido y tibio.
Un santo emerge de sus negras llagas.
Los purpúreos caracoles se arrastran fuera de sus rotas conchas
y escupen sangre sobre la corona de espinas rígida y gris.

3

Los ciegos derraman incienso en purulentas heridas.
Vestimentas de oro rojizo; antorchas; salmodias;
y muchachas que envuelven como a ponzoña el cuerpo del Señor.
Marchan figuras de rigidez de cera a través de brasas y humo.

Un enjuto petrimete dirige el baile de medianoche
de los leprosos. Jardín de aventuras maravilosas;
lo desfigurado, mamarrachos floridos, risas, lo monstruoso
y astros que ruedan por el negro matorral.

Oh pobreza, sopa de pordiosero, pan y dulce puerro;
la ilusión de vivir en cabañas a la entrada del bosque.
Gris se endurece el cielo sobre los amarillos campos
y una campana vesperal canta al antiguo estilo.

Georg Trakl, Salzburgo, Austria– 1914, Cracovia
de De Profundis, en Georg Trakl, Poemas, Traducción, prólogo y notas de Aldo Pellegrini, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1972

sábado, marzo 05, 2011

esa cama estúpida


La yerba espera


a Javier Adúriz

Ahora que sé que las sentencias no convienen
y que Café Bretaña es un buen libro
A vos te va la vida alucinando, envuelto en un turbante
en medio de mensajes para el pueblo
que alientan lo que a los otros nos falta
Un samurái en cuerpo y alma o simplemente un hombre
que fue y que vino para buscar la calle que sabemos
que no existe
En Peña me enrostraste complejo de católica
y me dejaste yerba junto a una nota de tres líneas
Después de mucho tiempo leí los primeros dos poemas
que escribiste contra el disgusto y placer
de los más últimos
Y si lo pienso, la dama de pelo fucsia no fue tu gran amiga
pero nos abrazamos muchas veces
pero nos escuchamos muchas veces
y diste justo en el clavo
y supiste de dónde me tenían agarrada
como a vos, a esa cama estúpida
a la ruina sistemática de lo que importa.


Silvia Camerotto, Lomas de Zamora, 1959
Inédito
imagen: s/d

viernes, marzo 04, 2011

eres esplendorosa y desvalida


Enumeración de la patria

Oh, desmedido territorio nuestro,
violentísimo y párvulo. Te muestro
en un infiel espejo: Tus paisanos
esplendores, tus campos y veranos
sonoros de relinchos quebradizos,
tus noches y caminos despoblados
y con rebaño de ojos constelados.
Entre bandadas de árboles mestizos,
entre múltiples sombras y basuras,
te muestro con nostalgias asombradas
con niñas de trece años y maduras
en las puestas de sol inmoderadas.

Trémulas nervaduras de una hoja,
los ríos te atraviesan de agua roja,
sobre el primer cuaderno con paisajes
pintados por las manos de algún niño.
Tienes plantas y pájaros salvajes,
somnolientas mujeres en corpiño
trenzándose los dedos. Quietas balsas
para cruzar los ríos. Cangrejales
devoradores de hombres y animales,
montones de hijas negras y descalzas
cruzando tus desiertos y estaciones.
Tienes provincias y gobernaciones,
poblaciones vacías y distancias
con nombres melancólicos de estancias,
indomables cansancios y mortales,
pavorosos pantanos estivales,
médanos, viento norte y osamentas,
fragancias de altamisas y de mentas,
almacenes en todas las esquinas,
grandes patios con muchas ventolinas.
Tienes plantas perversas y sumisas,
con todos los venenos predilectos
de muertes repentinas y precisas,
como en las grandes cajas con insectos,
colecciones de arañas venenosas,
palúdicos mosquitos, mariposas.

Patria, he nacido tantas veces muda.
Inmóvil como un árbol he dejado
tu cielo iluminarme de rosado.
He visto tu llanura tan desnuda
quedándose sin pastos, y sin riegos
tus plantaciones, tus huertas escasas.
He visto disparar caballos ciegos,
en distintas ventanas de tus casas,
deslumbrada y atenta, he conocido
inclementes tormentas. He oído
el grito del chajá y del terutero,
el grito de la garza y de la iguana,
y llevando la tropa cotidiana,
alto y nocturno, el grito del resero.
He respirado todos tus olores:
frescura del jazmín en los calores
de febrero. Magnolias, malvas, rosas,
perfumes de tumbergias pegajosas
y el fervoroso olor de los zorrinos.
En quintas con glorietas y en las noches
vuelos de pájaros azulmarinos,
tu canto de piedritas y de coches
me ha regalado infancias prolongadas,
dulce de leche y siestas desveladas,
verdes y embalsamados picaflores,
la fuente sostenida por amores,
bombas de carnaval anaranjadas
y hamacas paraguayas olvidadas.

Patria, en una plaza, de memoria
he sabido pasajes de tu historia,
debajo de la mano indicadora
de San Martín, he sido la impostora
de indios en los límpidos ponientes.
He transformado próceres dolientes
con cuidadoso lápiz colorado
invasiones inglesas he soñado
en azoteas llenas de imprevisto
aceite hirviendo y pelo suelto. He visto
a la Santa de Lima desatando
los temporales malos y adorando,
sobre un papel de encaje, corazones
y tocayas con muchas perfecciones.

Patria vacía y grande, indefinida
como un país lejano, interrumpida
por las llegadas lentas de los trenes
la jubilosa espera en los andenes.
Es que en la madrugada incierta, cuando
tus gauchos invisibles van cruzando
potreros alambrados y cañadas,
jagüeles y tranqueras atrofiadas,
que tu alma lenta y de madre se queda
con silencios de urraca en la arboleda.
Tu ancho río tiene mimetismos
secretos con tus dulces, con tus cielos
y tus grajeas lilas de bautismos.
Ecuatorial calor y azules hielos
en tus montañas, derramadas piedras
como bandadas de tortugas, hiedras.
Eres esplendorosa y desvalida
con un frío y un ardor que no descansa
desde el seno de la Última Esperanza
al Pilcomayo de agua bienvenida,
la indolente violencia de tus sierras
se repite con lunas o entre sierras.

Silvina Ocampo, Buenos Aires, 1903 - 1994
de Enumeración de la patria y otros poemas, 1942
en Roy Bartolomew,Cien poesías rioplatenses, 1800-1950, Buenos Aires, Raigal, 1954
imagen de Silvina Ocampo

miércoles, marzo 02, 2011

las leyes que las rigen



Recuerdos del Dr. Watson

a José C. Chiaramonte

Vimos en Holmes la lluvia desde el carruaje
en la hermosa avenitda Brixton, yendo hacia Andley's Court.
"Esta tarde en el Concert Hall oiremos cantar a Noman Neruda".
Ráfagas mudas de agua lenta golpeaban contra los vidrios,férrea
realidad nos rodeaba y nos movíamos en ella, nítidos. Puedo,
si quiero, evocar el preciso rumor de las ruedas sobre las piedras mojadas
y el resoplar de los caballos atravesando la ciudad familiar.
Ladrillos rojos chorreando agua, hombres borrosos en la lluvia;
la luz de gas manchaba la oscuridad matinal. Siento otra vez, con noble
fruición, el peso cálido y el vaho de nuestros abrigos,
la mirada de un muerto en honda persecución
golpeando contra el revés de mi mente. Hombres del porvenir, plagados
de irrealidad, para ustedes no habrá nunca este collar
de sólidos minutos, este edificio de horas de piedra. La niebla
carcomerá las paredes de Londres y el corazón de nuestra descendencia
yacerá débil o muerto, ciego de humo amarillo Honda
es nuestra pobre vida en comparación, y benditos
nuestro violín, nuestra fiebre de Afghanistán, nuestra deliberada morfina.

de El arte de narrar

Bottom's dream

Algo nos puso en esta noche profunda para que, continuamente soñara
sombras que vienen y se van y las leyes que las rigen
y sacara, más tarde, de ese arte tenue, una canción
llamada, intencionadamente, el sueño de Bottom
porque ese sueño no tiene fin.

de El arte de narrar

Juan José Saer, Serodino, 1937- París, 2005
en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo 3, Edición Librerías Fausto, Buenos Aires,1979 
imagen: F. Wentworth

martes, marzo 01, 2011

elizabeth azcona cranwell. única duración


Única duración

Tiempo hubo ya para reconocer los signos de las vidas remotas
donde nos hemos recorrido
entre la gracia, el júbilo, el dolor y la muerte
tiempo para aceptar las vidas que vendrán
insinuadas en espejos y hogueras, en lámparas y sueños.

Sombras de extinguidos jardines que rozan suavemente el olvido
narran su realidad en un vaivén de hojas, en múltiples regresos
y la memoria enciende lentamente sus formas
como juegos del agua, como notas que caen al espacio

(la voluntad y el verbo
estallido mutable de la luz)

Es la ilusión del nombre
el cuerpo y las palabras.
Somos los herederos del amor y la fiebre
de la desolación, el goce, sangre y mito
entre generaciones que se encuentran y crecen
se desgastan y mueren.

Todo sonido se disuelve en silencio
y el silencio es la sombra del poema.

¿Por qué ese canto de tristeza que atenúa la vida
que hace la sed en Dios
y alza su voz estéril en el empecinado grito de los días?

La tristeza es el honor de los muertos
y la muerte es un modo más hondo de la ausencia.

Pero el verano es fiel a sus designios
las estaciones giran destellos y tinieblas
y hasta la ausencia anuda sus contornos
y se disuelve en luz estalla de presencia colmadora.
Y el sol sacerdote del cuerpo
custodio de la ilusión de ser
vuelve una emoción clara la presencia del día.

Con este sol y mi sed de infinito
hago mi sitio en las edades
creo un lugar permanente y efímero
única tierra donde la memoria resplandece.

de Anunciación del mal y la inocencia
Elizabeth Azcona Cranwell, Buenos Aires 1933-2004
en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo 3, Edición Librerías Fausto, Buenos Aires,1979
imagen: s/d

yolanda pantin. divagación X y otro

24 horas en la vida de una mujer Se levanta se peina se lava llena de agua un tarrito se viste se arregla se calza ...