Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de abril, 2012

pasión, aversión, confusión

Aquí y ahora, en el cuerpo tosco

I
Toda muerte es por crimen,
aquí, ahora,

se sabe,
mueres porque se te mata,
como al inclinarte, ladearte,
sabes qué haces,
vas y vienes,
y lo sabes,

tendrías que saberlo, que te rodean
victimarios,
inminentes, potenciales,
de hecho, visibles, inadvertidos,

y que también lo eres,
y que te toca esperarlos, el rostro
alargándose en el miedo,
tus espaldas encogiéndose,
y los estados
por los que un cuerpo ensaya
ser víctima:
pasión, aversión y confusión,
duda y dependencia,
y la ninguna fe
en un aquí donde no hubiera tránsitos,
ni nacer, envejecimiento,
marchitamiento,
y como espejismo,
burbuja en la corriente,
un cuerpo tosco.

II

Todos que matan a todos,
¿quién disuadiría a quién?

todo que mata a todos,
¿se disuadiría la piedra
de despegarse de su montaña,
bajando a aplastar,
y el árbol abatido
por la tormenta, derribándonos,
y el gusano que en nosotros
sólo ve comida en corrupción, vísceras?

III

Se sabe,
como no se sabe de victimarios
que pregunten al que m…

notte che tremi

** a M. Serantes

Noche que sientes los sentimientos arder
como un misterio, noche que esperas sus pasos
y su suspiro, noche que tiemblas, preguntas, seduces y engañas,
él no vendrá, encerrado en sus memorias de siempre,
noche que temes que su sandalia suspire amargamente
la tierra y el torbellino, que habitas en su látigo, oh noche
madre de luz y selva de engaños
de mi pasado, él tiembla por sus mismas
pupilas, él exalta el bien de su tierra lejana


de mi patria que es la idea de la vida, él exaspera
mis confines y me confunde y tiembla con mi 
tonta estatura. Oh noche, todas las mujeres
están tan ausentes en su avanzar, todas
las mujeres aspiran al amor como si se tratara
de una esencia de muerte y caminan para no
temblar y violan los principios de la libertad,
todas las mujeres cierran su ternura
en vago tormento.


Yo ya vieja
como una pelota desinflada, expulsada de toda
religión, tirada a la basura de
todos los tiempos, yo desmemoriada y sucia
mujer que no ve los diques del amor,
se prohíbe las caricias y l…

viniste cuando se fue

Soledad tardía

Soledad, bien te busqué
mientras tuve compañía…
Soledad, soledad mía,
viniste cuando se fue… De tus brazos me escapé
cuando en tus brazos dormía;
estar a solas quería
sin adivinar por qué. Toda la noche vagué,
por verte, soledad mía;
regresé rayando el día,
y dormida la encontré. De puntillas me alejé
burlando su compañía
por hallarte, y no te hallé;
pero un día que volví,
no la encontré… ¡Ay, mi soledad tardía,
viniste cuando se fue!
Lloré porque no podía
hallarte, soledad mía…
y lloré porque te hallé…
Enrique González Martínez, Guadalajara, Jalisco, 1871- México D.F., 1952  de Los senderos ocultos, 1911
imagen de Ángela Lergo ©, Even in the darkest hours (1),enUno de los nuestros

dónde estará mi arrabal

Tinta roja


Paredón,
tinta roja en el gris del ayer;
tu emoción de ladrillo, feliz
sobre mi callejón,
con un borrón
pintó la esquina
y al botón
que en el ancho de la noche
puso al filo de la ronda
como un broche...
Y aquel buzón carmín
y aquel fondín,
donde lloraba el tano
su rubio amor lejano
que mojaba con bon vin...
¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?
¿En qué rincón, luna mía,
volcás, como entonces,
tu clara alegría?
Veredas que yo pisé...
Malevos que ya no son.
Bajo tu cielo de raso
trasnocha un pedazo
de mi corazón.
Paredón,
tinta roja en el gris ayer;
borbotón de mi sangre infeliz,
que vertí en el malvón
de aquel balcón
que la escondía.
Yo no sé
si fue el negro de mis penas
o fue el rojo de tus venas
mi sangría...
¿Por qué llegó y se fue
tras del carmín
y el gris fondín lejano,
donde lloraba el tano
sus nostalgias de bon vin?

Cátulo Castillo//Sebastián Piana, Buenos Aires, 1941

la señora llovía dulcemente

Gotan


Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar sus ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.


Atención, atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.


Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados de soledad.


Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.


Juan Gelman, Buenos Aires, 1930
de Gotán, Ediciones Horizonte, Colección de Poesía La Rosa Blindada, dirigida por Carlos Alberto Brocato y José Luis Mangieri, Buenos Aires, 1962
imagen de © Mario Abel Bernabe, en Mario Abel Bernabe

cada uno estaba solo

Dos hombres


a Alejo Carpentier

había dos hombres que vivían en dos terrazas vecinas de la Habana
separadas apenas por un pequeño desnivel
uno era cubano otro no tanto
uno era joven otro no tanto
pero los dos estaban solos
cada uno hacía sus cosas sin mirar al otro
hubiera podido mirarlo
uno martillaba los clavos de sus zapatos
otro bebía su vino
uno encendía sus luces rojas o verdes
otro graduaba el brillo de sus luces equipadas con un relay
inmóviles en la dársena los barcos contemplaban a los dos por igual


hasta que llegaba la noche
cada uno ponía su música favorita
escuchaba también la del otro pero en segundo plano
a veces alguno de ellos llegaba a bailar solo
cada uno estaba solo
pero cada uno nunca miraba al otro


por fin cada uno cerraba su puerta con candado
daba cuerda a su respectivo reloj despertador
se arrojaba en el sueño
cada uno dormía abrazado a una almohada suplementaria
y soñaba que acariciaba
y era acariciado por una mujer
que quizá era la misma


y a la mañana
cuando el sol hacía de las dos azot…

sin horror, oh, sin horror

Alguien mirará

¿Alguien mirará desde aquí este río, estos ríos, a través de los paraísos,
cuando el crepúsculo sea un silencio gris de franjas apagadas?
¿Quién, desde aquí, sentirá el ala del silencio, triste de haber quemado ya sus flores,
y alisándose con vaga solemnidad, tocarle extrañamente?
Hacia qué país o qué abismos el adiós del ala pálida?
No son siempre nuestros, oh alma, las miradas y los sentimientos.
¿No ves los follajes fijarse en un oscuro éxtasis hacia la infinita ceniza todavía viva
y temblar de repente, como espíritus, en un íntimo y leve escalofrío inquieto?
¿Y las paredes blancas, y las corolas aun abiertas, y las aguas fieles, y los pájaros quietos y las gramillas tímidas?
Las criaturas, en fin, que no sabemos, y que el día deja lo mismo que una música o lo mismo que una fiebre...
Ah, y los que vendrán, las jóvenes almas que vendrán, fuertes por el amor para los vértigos sutiles,
de ojos serenos y sonrisa valiente para todos los abismos. ¿Qué fatales
melancolías h…

la pieza es la misma

Hotel

El hombre que anoche se durmió
apretando ese cuerpo de mujer contra su cuerpo
ahora no puede resignarse a ese sol impreciso en la ventana,
esa noche que invade el cuarto no logrará confundirlo
ni los ruidos de la calle lo distraen,
solo las hojas que hacen ruido le traen la certeza;
él aun es el hombre que anoche se durmió
como oyéndolo al viento en las hojas
y ésta es la cama deshecha donde ahora oye las hojas
pero solamente piensa:
la pieza es la misma donde otros tantos durmieron y callaron,

con solo extender los brazos
todos supieron de noche caminar por este cuarto,
la cama está sin embargo deshecha.
Si ahora no deja la cama es porque tiene los cigarrillos cerca,
si ahora no camina a cerrar la ventana
es porque el hombre que está solo en una cama deshecha
solamente piensa,
siempre será desde anoche que no habla
y está deshecha la cama,
si no deja la cama y no camina es porque así está bien,
si tiene los ojos tan abiertos
es porque las hojas hacen ruido y parece la puerta:

s…

el acomodador enciende la luz mala

La antropofagia como una de las bellas artes

Ellas en las filas
Detrás de la escalera
En espacios recién inaugurados por la lluvia
O los pastizales del desnudo aquel
Critican la salita
A la proyección nadie la ve
El cortinaje se mueve agitado por el polvo
que también quiere entrar
Arde a la derecha un gran brasero a alcohol
Se comparan con la Zully Moreno
Vestigios de un rostro jamás olvidado
Acaso no fue en el Tigre aquella antigua vez
Cuando en la lancha se pintaba las uñas de metálico azul
-Sabés lo que era
Murmuran e interrumpen la ajena exhibición
Del filme salen manos
Vaivén de dedos
El acomodador enciende la luz mala
Todo el mundo de pie
-Disimulá el tono,    loca
y bajá un poco esa voz
Alguien grita 'la cana' sin poderse contener
-Francisco parecés un idiota
-Estás como la estatua de Santa no Sé Qué

Algunas pocas zafan
salvadas por azar

Eran el colmo de musa inspiradora
Un espejo sin forma que perfuma y se arroja
Ellas por las calles
las esquinas
los zaguanes vacíos...

qué será de nosotros

Esperando a los bárbaros
—¿Qué esperamos reunidos en el ágora?
Es que hoy llegan los bárbaros.
—¿Por qué el Senado está inactivo? ¿Qué pasa que los Senadores no legislan?
Porque hoy llegan los bárbaros. ¿Qué leyes pueden hacer ya los Senadores? Los bárbaros legislarán cuando lleguen.
—¿Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano y está sentado en la puerta principal de la ciudad, solemne en su trono, luciendo la corona?
Porque hoy llegan los bárbaros. Y el emperador espera recibir a su jefe. Hasta ha preparado un pergamino para entregarle. Allí ha consignado muchos títulos y nombres.
—¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron hoy con sus rojas togas bordadas? ¿Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas, y anillos con espléndidas y brillantes esmeraldas, por qué empuñan hoy preciosos bastones magníficamente recamados de oro y plata?
Porque hoy llegan los bárbaros, y esas cosas deslumbran a los bárbaros.
—¿Por qué los ilustres oradores no vienen como siempre a echar sus discursos, a decir…

un montón de extraños unidos

**
Ahora estás con todos quien te quiera tener te tendrá como nunca
sin necesidad de discutir
dónde dormirás esta noche con quién pasarás el próximo verano.
Pero fuera no estás: la ciudad vacía la casa devuelta
la familia un montón de extraños unidos apenas por un amor
que les diste y todavía conservan.
Sin tu tronco quedamos
ramas por el suelo
leña para el fuego.


**
¿Vas a enseñarme a vivir? Te dejaré tocar mi colección de cáscaras
compartiré contigo las uñas que guardo en los bolsillos.
Las semillas que nos dieron
son pastillas para dormir
y del ombligo dormidos
nos crecen frutales.
Te daré de comer.
Ven.
La tierra prometida es cosa de otros.
Para nosotros la arena:
un paisaje que cambia con el viento.

Miriam Reyes, Orense, 1974 de Desalojos, Hiperión, 2008 imagen de Francesca Woodman©, en Uno de los nuestros

no soy buena nombrando

**
Toma de mí este trozo bendito de mi lengua
deja en ella la oración que unidas
murmuramos en el alba de nuestra pasión.

Toma de mí este rubor, la dulce canción
que entre tus dientes dejo como agua
sagrada. ¡Boca de tu amor sobre mi llaga!

Toma de mí el látigo de piel humana
que construí en mis peores días.
Toma de mí mi absurdo rencor y viértelo
sobre el atlántico como una saliva amarga.

Toma de mí este trozo bendito de mi lengua
y deja en ella la oración que juntas
murmuramos cada día al nacer el alba.

de Puente aéreo


***
No soy buena nombrando flores
o plantas. Son un verde prodigioso,
de sueño amazónico, verde imaginario
de agua y cielo juntos. Llamo apenas
trébol, azucena, después es
un jardín salvaje, sin orden aparente
enredaderas caídas, unidas tallo a tallo
un universo mate hundiéndose
en un charco nocturno, sin un piar
sin un volar. Tendida entre cicutas
y corolas rotas empujo el olvido
como un velero antiguo tocando
un borde
           labios
                 lengua
      …

un silencio erguido

**

Hacia dónde se me cayó la palabra que era inmortal:
en la garganta del cielo detrás de la frente,
hacia allí va, asistida por saliva y basura,
la Siete-Estrellas que conmigo vive.

En la bitácora las rimas, el aliento en el estiércol,
el ojo un serviola de imágenes-
y sin embargo: un silencio erguido, una piedra,
que rodea la escala del diablo.

**

La palabra dolor

Se te dio en la mano:
en tú, sin tu muerte,
junto al que todo el yo volvía a sí mismo. Pasaron
en redor voces sin palabra, formas vacías, todo
entraba en ella, mezclado
y desmezclado
y vuelto a mezclar.

Y números fueron
entretejidos y lo
innumerable. Uno y mil y lo
que delante y detrás
era mayor que sí mismo, más pequeño, bien
maduro y retro- y re-
transformado en
germinante Nunca.

Lo olvidado intentó
agarrar lo por olvidar, continentes, corazones, en partes,
flotaban,
se hundían y flotaban. Colón,
con el cólquico, el in-
temporal, en el ojo, la flor-
madre,
asesinaba mástiles y velas. Todo se largó,

libre,
descubridor,
la rosa de los vientos dejó de florece…

bajo mi mirada inútil

Dulce et Decorum Est

Encorvados, como viejos mendigos con sus bolsas,
torcidos, tosiendo como arpías, maldiciendo en medio del barro,
le dimos la espalda a los inquietantes fogonazos
y avanzamos con dificultad hacia nuestra lejana base.
Los hombres marchaban dormidos.
Muchos habían perdido sus botas
y rengueaban en sus zapatos de sangre. Todos tullidos, todos ciegos;
ebrios de fatiga; sordos al silbido de las cansadas
5.9 que quedaban atrás mientras se alejaban.
¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido, muchachos! Un éxtasis de incertidumbre.
Ponerse las ridículas máscaras justo a tiempo;
pero aun hubo alguien que gritaba y tropezaba,
luchando como un hombre quemándose con fuego o cal…
Borroso a través del cristal empañado y la espesa luz verde
como debajo de un verde mar, lo vi ahogarse.
En todos mis sueños, bajo mi mirada inútil,
se hunde ante mí, boqueando, asfixiándose, ahogándose.
Si en algún sueño sofocante tú también caminaras
detrás del camión al que lo arrojamos,
y vieras sus ojos en blanco,
su …