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Mostrando las entradas de mayo, 2012

la suerte no es azar

** 1329
Si ellos han olvidado O están olvidando ahora O jamás recordaron— Mejor es no saber—
Las desdichas de las conjeturas Son una pena más leve Que una verdad de hierro Endurecida con un Yo sé—
c. 1874

** 1350
La suerte no es azar— Es trabajo duro— La onerosa sonrisa de la fortuna Se gana— El señor de la mina Es esa antigua moneda Que despreciamos—
c. 1875
Emily Dickinson, Amherst, Massachusetts, 1830-1886
enThe Poems of Emily Dickinson, editado por R. W. Franklin, Harvard University Press, 1999 Versión © Silvia Camerotto imagen de Jamie Baldridge©, A Ten-Penny Prophet, en Uno de los nuestros
** 1329

Whether they have forgotten
Or are forgetting now
Or never remembered—
Safer not to know—

Miseries of conjecture
Are a softer woe
Than a Fact of Iron
Hardened with I know—

** 1350
Luck is not chance— It’s Toil— Fortune’s expensive smile Is earned—

los ausentes soplan

Vértigos o contemplación de algo que termina


Esta lila se deshoja.
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así


***
Privilegio


I
Ya perdido el nombre que me llamaba,
su rostro rueda por mí
como el sonido del agua en la noche,
del agua cayendo en el agua.
Y es su sonrisa la última sobreviviente,
no mi memoria


II
El más hermoso
en la noche de los que se van,
oh deseado,
es sin fin tu no volver,
sombra tú hasta el día de los días




*** Linterna sorda
Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche
tiene el color de los párpados del muerto.
Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo.
Palabra por palabra yo escribo la noche.

Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, 1936-1972 en Alejandra Pizarnik, Poesía Completa, Editorial Lumen, Barcelona, 2001 imagen de Andreea Anghel©, The Judge III, en Uno de los nuestros

no deja pasar nada

X

Por no ser frívola, me he vuelto
piedra -asevera la pared-, o espejo.
Piedra o azogue, da lo mismo, soberbio NO.
No juego -duramente dice.

XII

A decir verdad,
la pared no deja pasar nada.
Es por eso que se pinta a la cal,
resguarda el No: la impenetrabilidad pone a prueba
también la lluvia como duda: "¿Eres así,
materia leve?".

XVI

Cabeza muerta la pared,
echo cal viva sobre esa cabeza
adiós adiós el pensamiento o la flor
allí enredada, la hojita
que titila y se aferra al viento.
No digas más. No digas Nada.

Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
de La pared, Editorial Nudista, Cosquín, 2012
imagen de Sylwia Makris©, en Uno de los nuestros

no te ablandes jamás

Miserable piedra
Oh, piedra dura, miserable piedra,
Yo te golpeo, te golpeo en vano,
Y es inútil la fuerza de mi mano,
Oh piedra dura, miserable piedra.
Pero haces bien, oh miserable piedra,
Deja que tiente un golpe sobrehumano,
Deja golpear, deja golpear mi mano,
Oh piedra dura, miserable piedra.
No me des nada, miserable piedra,
Guarda un silencio altivo y soberano,
No te ablandes jamás entre mi mano;
Oh piedra dura, miserable piedra.
Con tu impiedad, oh miserable piedra,
Recobro alientos y el deseo gano,
No te dejes caer sobre mi mano,
Mezquina, estulta, miserable piedra.
Si un día torpe, miserable piedra,
Te venciera la fuerza del verano
Y cayeras a gotas en mi mano
Yo te odiaría, miserable piedra ...

Alfonsina Storni, Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Ocre. 1925’, Losada, Buenos Aires, 1999
imagen Brooke Shaden©,  Retention, en Uno de los nuestros

así me veo

Autorretrato 
I
Ah, si pudiera recostarme,
ser así, la mosquita muerta que inclina su cuello, lánguida;
si borrara el rictus de una Callas desahuciada, Magnani en batón, así me veo,
dulces musas de la debilidad, dónde estáis, denme la brisa, dénmela,
no la ventolina a orillas del mar, siempre a orillas del mar, ay me,
mandolina y no viola da gamba,
quién me miraría si él observa el culo
de la que pasa, ay me, cuántas uñas delicadas habrán rasguñado el hombro, la nuez,
su espalda, oh, su espalda, y engalanar lo que no tengo,
un aspecto sutil, ese gesto de no haber sufrido hambre, menos ansia
de saber, una sor Juana cortejada por virreyes y virreinas, la suavidad
del papiro, y el vientre sin estrías, ay me,
si hubiese usado aquel pote, si no supiera que el tiempo no es el Teatro No,
máscara que cubre el savoir faire y otras minucias, oh, gatitas, si pudiera lagrimear,
las he visto contonearse sinuosas hacia mi objeto incólume,
han conseguido lo que apenas logré encaramar, robar, gozar
c…

retirada final

Después de la cena y de la charla
Después de la cena y de la charla, cuando el día ha terminado, Como un amigo de sus amigos prolonga la retirada final, Adiós y Adiós repite con labios emocionados, (Tan difícil para su mano soltarse de aquellas manos que no se volverán a encontrar, No más comunión de dolor y alegría, de viejo y joven, Un largo camino que se dilata lo espera, para no volver a regresar,) Eludiendo, posponiendo la separación, intentando distraer la última palabra siempre tan  pequeña, Aun en la puerta de salida volviéndose, superfluas culpas que regresan, aun mientras baja los escalones, Algo para prolongar un minuto adicional, sombras del anochecer se profundizan, Adioses, mensajes abreviándose, más borroso el rostro y  la forma del que parte, Pronto a perderse para siempre en la oscuridad, reacio, ¡oh, tan reacio a partir! Locuaz hasta el último momento.

Walt Whitman,West Hills, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892 De Leaves of Grass, ‘Sands at Seventy’ Version © Silvia Came…

pedro, augusto, alonso o jaime

El nombre de los gatos
El nombre de los gatos es cosa difícil, no es nada más un juego para los días de fiesta; ustedes pensarán que estoy más loco que una cabra cuando les digo que un gato debe tener tres nombres diferentes. Para empezar,  el nombre que la familia usa a diario, como Pedro, Augusto, Alonso o Jaime, como Víctor o Jonathan, Jorge o Guille Bailey— todos ellos razonables nombres cotidianos. Existen nombres más elaborados, si les parece, más melodiosos, unos para los caballeros otros para las damas: tales como Platón, Admeto, Electra, Démeter— todos ellos también razonables nombres cotidianos. Pero les diré que un gato necesita un nombre que le sea propio, un nombre especial,  majestuoso, de otro modo ¿cómo podría mantener su cola erguida o desplegar sus bigotes, o alimentar su orgullo? Puedo sugerir muchos nombres de este tipo, tales como Munkustrap, Quaxo o Coricopat, como Bombalurina o si no Jellyrum— nombres que solo pertenecen a un gato. Pero por sobre todo queda todavía un nombre, y éste…

antes de que la derrumbe un fuego

La pared 
(fragmento)

I

Le hablo a la pared.
Hay quien escribe poemas
en un muro y luego se despide, tira
la carbonilla a un lado.
Lo mío es hablarle siempre a la pared,
antes de que la derrumbe un fuego
o el tiempo simple.

Ah, ilusa,
empecinada en atender lo que calla,
lo que dice.


VII

Vidrios empañados: si fueran la pared hasta esa poca humedad sería rechazada; el agua es débil, se resbala.
Impenetrable y a veces mortal, como cal viva que quema los cuerpos, cenizas quedan de un líquido temblar, si me le acerco.
La cal es otro No de la pared, Llanto, lluvia o simplemente sangre quedan como manchas, graffiti, nada que no salga mañana o pasado mañana…

XIII

juana bignozzi. la vida en serio y otros

La vida en serio

Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras.
La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica.
Cierro los ojos y tomo sol, juego con un perro tan vulgar
que es imposible sentirse separada de él y miento.
Eso me obliga por las noches a sacarme los zapatos
como quien se desnuda,
a caminar descalza por mi casa,
a llorar a solas cada tanto.
Ahora miro a una mujer ni linda ni fea,
pienso que la pequeña vida continúa
y que todo dolor importante tiene testigos,
aunque sean un perro, el sol o las mentiras.

***
Una poesía para impresionar
con grandes imposibles olvidos que no llegan
o esas frases de: tengo para poco
una poesía en realidad para ser un animal herido entre la gente
para irse a un rincón y tratar de no molestar
si digo es poesía ya no me interesa
es porque he empezado a sentir gusto por la vida en serio.

*** 
Pertenencias

Como toda persona que se respeta
tengo una ventana para decir buen día
para dejar que se acerquen
las imágenes que aun reconozc…

por qué no

Asimetría
Pasando el puente bajo, nuestras cuentas dan rienda suelta a una sarta de insultos. Los castaños alteran sus hojas una a una. Probando un tópico de conversación atrás de otro, la puerta admitiendo solo visitas por separado. ¿Por qué no?
¿Fue por eso que evitamos llamar la atención mientras estábamos en el centro comercial después de que el sol terminara de alunarse? Había conejos en el oasis de los que nadie nos habló, menos aun los vendedores de turrones cercanos. Una canción de cuna sirve para todo. No hay reglas para escuchar, solo hábiles gigantes devoradores de perspectivas o la soledad que se impone a sí misma, anodina como destacada en píldoras de luz.
John Ashbery, Rochester, 1927
A worldly country, New poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007
versión © Silvia Camerotto
imagen de  Kaveh H. Steppenwolf© , enUno de los nuestros
Streakiness
Passing the low bridge, one’s beads give vent to a volley of abuse. The chestnut trees shed their leaves one by one. Trying one topic of conversa…

para poder nombrar

Un lugar entre los hombres


Para poder hablar
solamente para eso
para que tu palabra
mereciera tu propia confianza
te has abierto a todo
has extendido tus propiedades


Para que ninguna línea
escrita por tu mano
ninguna palabra dicha
en bajo o alta voz a los vecinos
mereciera la sospecha
de un amaño
o de trabajada impostación
para poder nombrar
de torpe modo
la torpe vida
o la brillante y altanera
has mezclado tu acento
en el tumulto
y has perdido o ganado
tu silencio
un lugar entre los hombres




Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
fuente: Edgar Bayley, Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1976
imagen de Michal Macku© , Gellages, en Uno de los nuestros

y uno solo puede mirar

El coraje de callar
¡El coraje de la boca cerrada a pesar de la artillería! La línea rosa y callada, un gusano deleitándose al sol. Hay discos negros  detrás, los discos del ultraje, Y el ultraje de un cielo, su cerebro arrugado. Los discos giran, piden ser escuchados,
Cargados como están, con historias de bajezas. Bajezas, maniobras, abandonos y dobleces, La púa viajando por el surco, Bestia plateada entre dos oscuros cañones, Un gran cirujano, ahora un tatuador,
Tatuando una y otra vez los mismos tristes agravios, Las víboras, los bebés, las tetas De las sirenas y las chicas de sus sueños en dos patas. El cirujano está callado, no habla. Ha visto demasiada muerte, sus manos están llenas de ella.
Entonces giran los discos del cerebro, como las bocas de los cañones. Y allí está esa antigua podadora, la lengua, Incansable, púrpura. ¿Debemos cortarla? Tiene nueve colas, es peligrosa. ¡Y el ruido de sus latigazos en el aire una vez que empieza!
No, la lengua también fue arrancada, Colgada en la biblioteca ju…

homologadas las existencias

Cortejo dialéctico

Animados de ganancias y pérdidas,
de lo que ganaríamos
reconociéndonos indefinidos:
ni carne ni pescado;

de lo que perderíamos,
por negarnos a otros,
sus lágrimas, salivas;

de convencernos que de ganar
todos en todo nadie ganaría,
si todos perdiesen
nadie perdería,
ninguno rendiría cuentas,
no las pediría;

de que a la larga no se reciben
más favores por ganar
que oprobios por perder,
homologadas las existencias;
en todas,
ganar o perder transcurriendo
como al pie de un muro
siempre por resquebrajarse,
caerse,
y sin excepción
ocupando idéntica pulgada
de sombra en el cuadrante solar.

Perder, ganar,
partida nuestra alma,
el buen olor
que no sobrepasa al malo,
simétricos.



Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
de Existenciales, 1986
en Alberto Girri, Obra Poética V, Corregidor, Buenos Aires, 1989
imagen Dino Valls©, Barathrum, enUno de los nuestros

el infortunio

Sin tenerlo claro

Confiar en la dicha,
hada de la casa, deidad del lecho,
aun sin tenerlo claro,

si con solo
invocarla es suficiente,

si envolviéndonos
en la voz dicha,
de la belleza visual,
somos ya su abundancia,
y su exceso,
exagerados lo bueno y lo mejor,
con más de réplicas agradables,
más de contento,
más de resarcirnos,
más de desasirnos de cuanto
aprendimos sin dicha,
duro de cargar,
más de no participar
más de lo que toda dicha
guarda, latente:
el infortunio,
perversidad en lo sano,
y más de ligereza,
aun frente a una daga
que viniera  a arrebatarnos;

dicha y dichas,
movilizándonos,
aunque nunca
en contacto, cabalmente,
con lo que la dicha tiene
por sustancia,
y que quizás no exista,
como el error, fruto
también de nuestro pensar,
es sin sustancia.

Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
de Inéditos, 1987 
en Alberto Girri, Obra Poética V, Corregidor, Buenos Aires, 1989
imagen Daria Endresen©, Kevlar Soul, en Uno de los nuestros