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Mostrando las entradas de octubre, 2012

más bajo que la noche

Estas
son las desoladas y oscuras semanas en las que la naturaleza iguala en su aridez la estupidez del hombre.
El año se hunde en la noche y el corazón se hunde más bajo que la noche
en un lugar vacío y barrido por los vientos sin sol, estrellas o luna sino una luz extraña como la del pensamiento
que teje un fuego oscuro— girando sobre sí hasta que en el frío, se inflama
para que un hombre no se de cuenta de nada de lo que conoce, ni de  la misma soledad— Ni un fantasma
que fuera abrazado—el vacío de la desesperación— (ellos gimen y aúllan) entre
los fogonazos y  estruendos de la guerra; casas en cuyas habitaciones el frío es más grande de lo que podemos imaginar,
la gente que amamos se ha ido, las camas están vacías, los sofás húmedos, las sillas sin usar—
Escóndelo en algún lugar de tu cabeza, deja que eche raíces y crezca, sin relación con los celosos
oídos y ojos— por sí mismo. A esta mina vienen a cavar — todos. ¿Es este el contrapunto de la música
más dulce? La fuente de la poesía que viendo el reloj de…

el arte no es para nosotros

Los monos
Guiñaban demasiado los ojos y temían las serpientes. Las cebras, destacadas en su anormalidad; los elefantes con su piel neblinosa y sus apéndices rigurosamente prácticos estaban allí, los pequeños gatos; y el periquito– trivial y monótono al ser examinado, destruyendo cortezas y porciones de la comida que no podía comer.
Recuerdo su magnificencia, ya no más magníficas sino difusas. Es difícil recordar el ornamento, el discurso, el modo preciso de eso que uno puede llamar las relaciones menores de hace veinte años; pero no lo olvidaré —aquel Gilgamesh entre los peludos carnívoros— aquel gato con manchas en sus patas con forma de cuña, de color pizarra y su cola concluyente, comentando caústico, “Ellos abusaron de nosotros con sus débiles declaraciones encubiertas, temblando en desarticulado frenesí, diciendo que comprender el arte no es para nosotros; hallando todo tan difícil, examinando la cosa como si fuera incomprensiblemente arcana, —simétricamente frígida como si hubiera sido esculpida …

excepto la estúpida vida

"... ed ecco il loco"

...y cómo de repentino azar se hace el infierno.
Y también de azahares. El que encontraste al pie
del monte, la cabeza entre las piernas,
la que apenas giró para mirarte por sobre
su muslo y te dijo: ahora, prueba subir tú.
Y aquel otro, el que te dijo: hay mejores que yo
en el arte de la iluminación; y sobre todo
el que en el fuego
te señaló con el dedo
al que iba adelante:
ese fue el mejor herrero.

Como si en el infierno y el purgatorio
todos asumieran su cruel y pura verdad,
aun vos,
diciéndote "canta", te eligieron
no te ungieron ni te destinaron, no eras Eneas
ni Pablo,
sino el que ha escuchado el rumor de voces
en la vida de arriba, y ha hallado
su sentido de turbulenta sinfonía abajo
y en las duras laderas del monte
de los aun no salvados.
Los que lloraban por amor más que por los tormentos;
los que callaron la autoconmiseración,
los que dijeron: de corazón he pecado,
entre ellos, reinando,
el que imitaba la voz de Zeus
pidiendo ayuda a Vulcano;
el que se burlaba d…

una mentira subjetiva

¿Estás ahí?
Cada amante tiene su propia teoría acerca de la diferencia entre el dolor de estar con su amor y estar solo:
Porque cuando soñamos es amada presencia que en verdad nos conmueve, y cuando despiertos, parece un simulacro de sí misma.
Narciso no cree en lo desconocido; ni puede unirse a su imagen en el lago mientras piensa que está solo.
Es que el niño, la cascada, el fuego, la piedra, siempre están tramando diabluras  y dan por sentado que el universo es de ellos.
Los ancianos, como Proust, siempre tienden a pensar  en el amor como una mentira subjetiva; cuanto más  aman, más solos se sienten.
Cualquiera sea nuestro punto de vista, debe demostrarse por qué todo amante desea hacer el otro a su imagen: quizás, en realidad, nunca estamos solos.

W. H. Auden,York, 1907- Vienna, 1973 Version © Silvia Camerotto imagen de Anka Zhuravleva© – Ruth and Chaos, en Uno de los nuestros
Are You There?
Each lover has some theory of his own
About the difference between the ache
Of being with his love, and being a…

por humano exceso

*** 

Es destrucción sempiterna por destino 
porfiada como el mundo en perpetuo movimiento
irrepetible quién sabe 
nido 
con una hoja filosa clavada en el costado mismo de su razón 
amurallá 
arrasá 
des 
aparecía. 

Van y vienen. 
Arden 
flotan 
emergen las gentes boca abajo 
se trizan boca arriba aplastadas 
por humano exceso de obra soberbia 
por naturaleza a secas 
porque sangran la fuerza de las especies 
y mueren/gritan dolor 
porque heridos los sobrevivientes 
porque herida también tú 
la condenada al claroscuro 
tú 
la profanada santa 
sobrevives hundida por gracia de 
por tanto morir tu resistencia 
un poco más acá del saber que por cierto guardas 
de la preñez que hará reventar tu semilla 
misma la memoria en polvos suspendidos en el viento 
un poco más o un poco menos que cualquier cosa 
en el anónimo y nombrado desastre de las inversiones 
que arrasa y corroe y mata el corazón del humedal 
y erige poder tan anónimo frente al horizonte 
que envenena las arterias/ las venas/ los capilares 
y agota los cauces/ …

durante esa noche meditó el terror

Luego de las sorprendentes conversiones

Veintidós de septiembre, Señor: hoy
contesto. Hacia fin de mayo,
durante la Ascensión de Nuestro Señor, comenzó
a ser más sensible. Un caballero 
de inteligencia más que común, estricto
en la moral, piadoso en la conducta, resistióse
en contra de nuestro aguijón. Un hombre de cierta fama,
una persona de provecho, honrada en la ciudad,
provenía de padres melancólicos; propensos
a secretos arrobamientos, durante años vivieron apartados;
su tío, creo, murió de eso:
buena gente, pero de demasiada o de poca agudeza.
Un domingo prediqué sobre un texto de los Reyes;
y él demostró preocupación por su alma. Algunas cosas
de su experiencia daban esperanzas. Se sentaba
a observar el viento golpeando un árbol,
y alababa este campo que nuestro Señor ha hecho.
Una vez, cuando murió la ternera de un pobre hombre,
él dejó un chelín en el umbral; aunque la sed
de amar lo sacudía como una serpiente, no se atrevió
a abrigar demasiadas esperanzas sobre su lugar
en el cielo. Una vez lo v…

en la desierta plaza

***
3

En la clave del arco ruinoso,
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de un cincel rudo, campeaba
el gótico blasón.

Penacho de su yelmo de granito,
la hiedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tenía un corazón.

A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos:
y "Ése -me dijo- es el cabal emblema 
de mi constante amor".

¡Ay! y es verdad lo que me dijo entonces:
verdad que el corazón
lo llevará en la mano..., en cualquier parte...
pero en el pecho, no.

***
48

Fingiendo realidades
con sombra vana,
delante del Deseo
va la Esperanza.
Y sus mentiras
como el Fénix renacen
de sus cenizas.


Gustavo Adolfo Bécquer, Sevilla, 1836- Madrid, 1870.
de Rimas, Editorial Kapeluz, Buenos Aires, 1971
imagen de MichaelO© – Carve Your Own Destiny, en Uno de los nuestros

la verdad, no sé qué estaba haciendo

El sano juicio
Hemos crecido bajo el concepto de la devoración del héroe. Las enciclopedias en ese momento y lugar pasaron de moda y belleza. Comimos del carbón su quebradizo despojo, sembrados en pozos construidos por nuestros padres. No vimos, ni participamos del inicio del fuego. Las cenizas que quedaron, primigenias sustancias minerales, no se detuvieron jamás y permitieron reconstruir la historia a nuestra manera, a nuestro sano juicio. 08.08.11
Nueva Roma
Estruja el papel y lo arroja al río. A la deriva, flota. Bosteza en el día y se estira y se hace barquito. Cruza el camino trazado por la natural corriente esencial de cualquier vivir. Llega al mar. Deja la ciudad de los eternos vagabundeos de viejos y pálidos estilos para ingresar de una buena vez en los ojos del otro, de los otros (que aún no se animan a viajar a Roma). 20.09.11
La herida de París
La verdad es que no sé qué estaba haciendo en París. Lo único que recuerdo es que caminaba herido, y caminaba, caminaba… Un tren y catorce h…

jonio gonzález. virago

**
Virago

I
los niños caminan delante
de algún lugar llega
la voz del que iba a ser mi esposo

sus alas se cierran como la noche
y sólo permanece el brillo de la perla
en mi cuello

hay un animal extraviado
en cada hombre
en cada mujer
una roca tallada por el agua

II
la próxima palabra
será incomprensible

ah corazón deja de hablar
no me aturdas una y otra vez

con tu mirada decente
con tu camisa limpia

se sienta a la mesa
bruñido por el sol de mis batallas

III
era su consuelo
su predilección
el aliento de su vida

una eternidad

mira al cielo
cada estrella zigzaguea
en busca de su lugar

y ahora cierra la casa
vete

Jonio González, Buenos Aires, 1954
en Últimos poemas de Eunice Cohen, Plaza Janés, Barcelona, 1999
imagen de Alberto Pancorbo© – Laberintos del alma III, en Uno de los nuestros

jonio gonzález. selección

**
Tigresa

una mirada
dos miradas
su respiración apenas si se agita

este mesías
yace mudo a mi lado

inválido en su inteligencia


***
Pentimento

junto a los poemas de Eliot
la foto de Annie
-imposible no recordar
el Retrato de una dama
especialmente ahora
que "el último polaco! suena en la radio
y he quitado las flores marchitas
del jarrón-

hay una evanescencia
diríase que voluntaria
en el aire
todo lo que ha desaparecido
se concentra en una idea
que desaparece
-también ella-
antes de que logre tomar forma

en la reluciente superficie
del espejo
me aliso el vestido
su rostro asoma por detrás de mi hombro

viene en busca de mí
como de la muerte


***
Fotos

la primera vez la última
de pie sentada
sangre y huesos
la piel flexible
¿de qué reíamos?
¿por qué esa mirada absorta?
¿en qué?
aquel vestido
la brisa despeinándonos
en una calle
un brazo alrededor de mi cintura
ven y mira
aquel verano
la vida era
esas risas
ese vestido
esa corrupción detenida



Jonio González, Buenos Aires, 1954
en Últim…

julio cortázar. after such pleasures

After such pleasures

Esta noche, buscando tu boca en
otra boca,
casi creyéndolo, porque así de
ciego es este río
que me tira en mujer y me
sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la
orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese
esclavo innoble
que acepta las monedas falsas,
las circula sonriendo.
Olvidada pureza, cómo quisiera
rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa
espera sin pausas ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el
puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarme en el café de
la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este
olvido que sube
para nada, para borrar del
pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una
ventana sin estrellas.

Julio Cortázar, Bruselas, 1914- París, 1984
de Salvo el crespúsculo, recopilación 1984-2009
imagen de Olga Noes© – Breakable Girl, en Uno de los nuestros

una mínima cosa ciega...

Este río, estas islas

Para "comprender" este paisaje habría que estar muerto...  un poeta español
Mirábamos el río, las islas, este río, estas islas.
Dos o tres notas, sólo, que jugaban apaciblemente
hasta el infinito, sin elevarse mucho,
en el brillo matinal como de rocío persistente.
Una gracia quieta, quieta, de melodía algo aérea,
que se veía morir, sin embargo. 

¿Fue eso, amigo, lo que te trajo el pensamiento de la muerte?
¿O esa paz que parecía, aunque suavemente ensimismada,
querer alzar quién sabe qué vuelo en el celeste húmedo
hacia sutiles "ídolos de sol"?

Venías del centro de la gran inquietud y de la lucha.
Venías del dolor y de la angustia por la suerte de los hermanos.
Venías de la vida noblemente quemada por la pureza de la mañana.
Caías también con cada ráfaga que abatía a los héroes como espigas.
¿Había pues, este río y estas islas;
había, pues, este amor lejano, azulado, del cielo y de las islas?
¿Había, pues, este olvido que temblaba en su fragilidad hialina?
¿Estab…

ni tú ni yo jamás

XXXIII
Es cuestión de palabras, y no obstante ni tú ni yo jamás, después de lo pasado, convendremos en quién la culpa está.
¡Lástima que el Amor un diccionario no tenga donde hallar cuándo el orgullo es simplemente orgullo y cuándo es dignidad!

Adolfo Bécquer, Sevilla, 1836 – Madrid, 1870
en Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, Editorial Castalia, 1993
imagen de Jack Vettriano© – Motel Love II, en Uno de los nuestros

descarada y arrogante

Ella Mason y sus once gatos
La vieja Ella Mason tiene al menos once gatos, en su destartalada casa de Somerset Terrace; al observar la guarida de nuestra vecina, la gente se pregunta, y dice: “Algo raro debe haber en una mujer 
que cobija tantos gatos”.
Borracha y de cara roja como una sandía, su voz ahora jadeante y en declive, 
sin razón aparente 
Ella Mason es anfitriona de Tabby… Tom y el resto con nata y menudos de pollo complace los paladares de gatos melindrosos.
Los chismes del pueblo cuentan que en los viejos tiempos ella se pavoneaba, arrogante y descarada, una belleza muy chic, que mataba a los dandis con sus ojos esmeralda; hoy, es una solterona entrada en carnes, cuya puerta está cerrada para todos, con excepción de los gatos.
Cuando niños, una vez espiamos a Miss Mason cabeceando en su cocina cubierta de platos. En tapetes sobre la mesa, en alacenas, gatos insolentes apoltronados, un único ronco  ronroneo surgiendo de sus gargantas peludas: ¡escandalosos gatos!
A codazos y entre risas, listos …