martes, junio 26, 2012

cerramos la puerta




CXXXI

Nunca sabemos que vamos, cuando estamos yendo
bromeamos y cerramos la puerta;
el destino que nos sigue le pone el pasador,
y no avanzamos  más.

Emily Dickinson, Amherst, Massachusetts, 1830-1886
en The Poems of Emily Dickinson, editado por R. W. Franklin, Harvard University Press, 1999
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Francesca Woodman©, en Uno de los nuestros

CXXXI

We never know we go, — when we are going
We jest and shut the door;
Fate following behind us bolts it,
And we accost no more.

domingo, junio 24, 2012

por qué me llamas con su nombre



En la torre de Babel


-¿Qué hora es? -Sí, soy feliz,
y solo me fata una campanilla al cuello
que suene encima de ti cuando estés dormido.
-¿Entonces, no has oído la tormenta? El viento ha sacudido el muro;
la torre ha bostezado, como un león, con su gran puerta
de goznes chirriantes. -¿Cómo? ¿Lo has olvidado?
Yo llevaba un sencillo vestido gris
abrochado en el hombro. -E inmediatamente después
el cielo se rompió en mil destellos. -Cómo iba  a entrar, 
si no estabas solo. -Vi de repente
los colores anteriores a la existencia de la vista. -Lástima
que no me lo puedas jurar. -Tienes razón,
probablemente fue un sueño. -¿Por qué mientes,
por qué me llamas con su nombre,
la amas todavía? -Oh, sí me gustaría
que te quedaras conmigo. -No siento rencor,
tendría que haberlo imaginado.
-¿Sigues pensando en él? -No, no estoy llorando.
-¿Y eso es todo? -A nadie como a ti.
-Por lo menos eres sincera. -Puedes estar tranquilo,
me iré de esta ciudad. -Puedes estar tranquila,
me iré de esta ciudad. -Tienes unas manos tan hermosas...
-Es una vieja historia, el filo pasó
sin lesionar el hueso. -No hay de qué,
querido, no hay de qué. -No sé,
ni quiero saber,  qué hora es.


[AM]


Wislawa Szymborska, Kórnik, 1923- Cracovia, 2012
en Wislawa Symborska, Poesía no completa, Texto introductorio de Elena Poniatowska, Edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia,  FCE, México, 2011
imagen de Lester Lee©, en Uno de los nuestros

miércoles, junio 20, 2012

esta pequeña fea



Risa

A la muchacha que fui...
la conozco,  naturalmente.
Tengo varias fotografías
de su corta vida.
Siento una piedad alegre
por algunos de sus poemas.
Recuerdo unos cuantos acontecimientos.

Pero,
para que el que está aquí conmigo
sonría y me abrace,
recuerdo solo una historia graciosa:
el amor infantil
de esta pequeña fea.

Le cuento
que estaba enamorada de un estudiante,
es decir, que quería
que él la mirara.

Le cuento
que, sana, corrió a su encuentro,
con una venda en la cabeza
para que él preguntara al menos
qué le había pasado.
Qué graciosa chiquilla.
Cómo podía saber
que hasta la desesperación tiene ventajas
si por fortuna
se vive un poco más.

Le daría para pasteles.
Le daría para el cine.
Déjame, no tengo tiempo.

¿No ves
que la luz está apagada?
No me digas que no entiendes
que la puerta está cerrada.
No tires del picaporte...,
el que se reía,
el que me abrazaba
no es tu estudiante.

Lo mejor sería que te fueras
de donde has venido.
No te debo nada,
yo, una simple mujer,
que solo sabe
cuándo
revelar un secreto ajeno.

No nos mires así
con esos ojos tuyos
demasiado abiertos,
como los ojos de los muertos.

[AM]

Wislawa Szymborska, Kórnik, 1923- Cracovia, 2012
en Wislawa Symborska, Poesía no completa, Texto introductorio de Elena Poniatowska, Edición y traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia,  FCE, México, 2011
imagen de Wislawa Szymborska, S/D

domingo, junio 17, 2012

john ashbery. santamaría



Santamaría

Todo ocurrió hace tiempo—
un turbio, lechoso precipitado
de algunos años atrás acercándose al fin,
como la agitación de una alcantarilla pluvial. La furia del camino reventó sus lados;
todo era incierto en la Vía Negativa
menos la certeza del regreso, regreso
a lo cercano.

Un cuerno sonaba noche y día,
convocando los fieles a la oración, los infieles al placer.
En ese callejón indecoroso primero lancé
una broma a tus labios cómicos, tramposos e insolentes:
¿Qué si todos ignoramos todo lo que nos ha ocurrido,
la canción que comienza a medianoche,
más tarde el sueño de canónigos y moho
cerca de donde fluía el Aqueronte?

Pero soy el único, ahora, vine porque llorabas y tuve que hacerlo.
Las cortezas trenzadas amortiguan la aldaba, pero el timbre
penetra profundo en el cerebro del que vivió acá.
Oh nubes salobres y peligrosas,
la luna es inequívoca.

John Ashbery, Rochester, 1927
A worldly country, New poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007
versión©Silvia Camerotto
imagen de Jonas Burgert©, Temple, en Uno de los nuestros


Feverfew

It all happened long ago—
a murky, milky precipitate
of certain years then drawing to a close,
like a storm sewer upheaval. Road rage had burst its flanks;
all was uncertain on the Via Negativa
except the certainty of return, return
to the approximate.

Night and morning a horn sounded,
summoning the faithful to prayer, the unfaithful to pleasure.
In that unseemly alley I first exhaled
a jest to your comic, crumb-crusted lips:
What if we are all ignorant of all that has happened to us,
the song starting up at midnight,
the dream later, of lamb’s lettuce and moss
near where Acheron used to flow?

But it’s only me, now, I came because you cried and I had to.
Plaited bark muffles the knocker, but the doorbell
penetrates deep into the brain of one who lived here.
O brackish clouds and dangerous,
The moon is unambiguous.

jueves, junio 14, 2012

le faltan dos a mi chaqueta





Annie


Sobre la costa de Texas
Entre Mobile y Galveston hay
Un gran jardín lleno de rosas
Contiene también un caserón
Que es una gran rosa


Una mujer se pasea a menudo
En el jardín completamente sola
Y cuando paso por el camino bordeado de tilos
Nos miramos los dos


Como esa mujer es mennonita
Sus rosales y sus vestidos no tienen botones
Le faltan dos a mi chaqueta
La dama y yo seguimos el mismo rito.


Tarjeta Postal


Te escribo bajo la tienda
Muere otro día de estío
En que cual flor deslumbrante
En el cielo azul apenas
Un brillante cañonazo
Se mustia antes de haber sido


Esponsales


A una que está al borde del Océano


Desposó amor a la ausencia un día de verano;
Tanto como mi amor por esa adolescencia
Lentamente acompaña a su mujer, tu ausencia,
Que, muy dulce, lo lleva y, tranquila, se calla.
Y el amor que se vino a los bordes oceánicos,
Donde, de estar desnudas, el cielo sería griego,
Allí llora ser dios aún y desconocido,
Ese dios tan celoso como los dioses únicos.


Guillaume Apollinaire, Roma, 1880-París, 1918
en Poesía Europea Contemporánea, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988
Traducción,selección y prólogo de Rodolfo Alonso
imagen de Nuria Fortuny©, en Uno de los nuestros

martes, junio 12, 2012

hemos dragado en el silencio


**
El poema

vas solo mundo arriba

en tu alma de aire
el rumor de Lesbos

despertar y decirle
yo no he podido hacer el amor
no lo comprendes
un recién muerto es como un niño

**
sin el refugio de tu nombre
yo era el desierto    la extranjería
que pagaba sirviendo y callando
por el trigo salvaje de tu frontera

todo al fin me alegraba

nadie veía de tu noche
de tus plazas heladas
tal sueño fértil para mis ojos

**
que mis ojos no miren donde mi alma ha mirado
que algo menos se resista 
a la sombra sin día de sus temores

que no se detengan mis ojos nunca
en el país de nombre salvaje
en el suburbio de hilos y peces negros

**
ronda la fauna de la herrumbre
aquí bebimos
de la mano del agua en otro tiempo
bajo el nombre del sol
y el nombre de los días
aquí fuimos
de amor y sombra juntamente
y de la lealtad de nuestra ruina

**
ya es hoy aquel mañana de la muerte o la luz

y nuestra edad no ha florecido
y hemos dragado en el silencio
por alimento o madre
por presagio o delirio
y al fin por nada en memoriosa derrota

solo nos guarda aquella infancia de invierno
las flores de humo    la sonrisa tardía

**
igual que un niño hermético
tu nombre
sitiado en su infinito

**
mis amigos han muerto
voy por sus nombres de tierra en tierra
me inclino     escucho
algo inmortal me persigue


Susana Thénon, Buenos Aires, 1935-1991 en La morada imposible, Susana Thénon, Tomo 2, edición a cargo de A. M. Barrenechea y M. Negroni, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2004 
imagen de Masaki Mizuno©, en Uno de los nuestros



domingo, junio 10, 2012

joaquín giannuzzi. yo sostengo lo siguiente



Yo sostengo lo siguiente

En verdad señor mío que la metafísica
libra su propia batalla en su propio círculo,
y que Heidegger,vivo o muerto, es capaz
de hacer estallar mi cerebro
después de estrujarlo
y volverlo hacia el solo como un bolsillo.
También es verdad que me duelen los pies,
pero esta es una falla en mi historia particular.
Yo reconozco, yo reverencio, yo me inclino,
yo saludo esa perpleja lucha de forzados
por librar el pensamiento de toda mitología,
pero el pensamiento vuelve jadeando al punto de partida
y usted no puede obtener otra cosa
de la fúnebre lógica del círculo.
Quisiera explicarme, no quiero confundir
el plano en que se mueven mis zapatos y mi perro
(en general mi mente corre tras ellos)
con el nivel absoluto de una realidad que está primero,
delante, atrás, en torno y en la profundidad
de la calle, de la guerra, de García, del gobierno y de la letra de mi hija.
Pero, señores, yo sostengo que dos niveles son uno solo,
que las jerarquías del conocimiento 
son una cuestión de lenguaje y de ponerse de acuerdo
en medio de la noche, como ladrones.
Una región secreta no puede concluir en sí misma,
como un jardín recluso una música privada,
a menos que usted lo desee; derribando sus muros de hiedra
verá que los rosales internos y los de afuera
optan igualmente por el sol. No quisiera
agregar un problema a los vastos mecanismos sin conclusión
que inquietan el sueño de Heidegger
(yo mismo en lugar de problemas aceptaría tener una culebra en mi plato)
pero habría paz y gracia para romper el círculo,
si usted explicara por qué motivos, por ejemplo,
una vieja andrajosa con la bolsa vacía
viene a golpear mi puerta justamente
cuando estoy cenando con mi familia.


Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924- Salta 2004
en Joaquín O. Giannuzzi, Poesía Completa, edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Sibilina, S:L.U, Sevilla, 2009
imagen de Danilo Buccella©, en Uno de los nuestros

miércoles, junio 06, 2012

joaquín giannuzzi. botella de leche


Botella de leche

De madrugada
junto a la abierta ventana
que da al invierno
mis sentidos se desconcertaron
ante la plenitud
de un peso total contenido
en la fría blancura irreal.
Nada más lejos del amor
que esto: quisiera comprender
el aislamiento absoluto
de la materia incomunicable,
la integridad de la constante
tensión hacia abajo
de la fuerza obstinada
que se colma  a sí misma.

Vlamink padeció este blanco
no perfecto, precisamente,
sino extrañamente total,
como si sólo pudiera hallarse
en la raíz, en la primera sustancia
de las cosas, cuya segunda imagen
se da en lo ilusorio
casi con indecencia.
De allí lo caótico
de todo amor humano, el abierto desorden
con que relaciona
una carne con otra.
Pero este denso volumen
silencioso, indiferente
a todo lo que no sea
su propia fuerza interior,
persiste
en su atroz uniformidad, remoto
y sin relación alguna
con la insensata mezcla
de aconteceres que colman
la confusión del mundo.
De manera
que la botella de leche
contra la madrugada de invierno
también precipitó mi mente
en una repentina perplejidad
y sólo me pareció,
meramente, la idea
de una botella de leche.

Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924- Salta 2004
en Joaquín O. Giannuzzi, Poesía Completa, edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Sibilina, S:L.U, Sevilla, 2009
imagen de Maurice de Vlaminck, en Mayaestudi

martes, junio 05, 2012

qué es volver





**
Inmediatez de los afectos


Prefiero
las palabras
aguamarina
zafiro
o colibrí


Prescindo 
lo más que puedo, del vocablo
barrera


Admito
que el exilio
del cuerpo de la juventud
es irremediable


***
Rompehielos Bonanza


Nunca escribiste ni en broma
la palabra bonanza
Hasta hoy
Será por eso
Que nos fue como nos fue
O como nos está yendo
Hasta hoy
Que cambio de nombre
de mano 
pero de órbita quién puede


Nada vivo a pérdida de horizonte
Joder con las nieves eternas


Quién querría jugar al ajedrez
Esperar el mesías
enamorarse
ahora


***
Soportales


el olvido como realidad
es propicio?
los campos magnéticos
son nocivos?


Pretérito indefinido
tuve un amante más inclemente 
que el tiempo de París


todos tenemos un Egipto que abandonar
y un prometido Edén
para esperar
tiritando
la vana primavera


***
Plena primavera


Cuando sepa
qué es casa
qué es volver
voy  a
volver a casa


mejor 
en plena primavera
pero si tiene que ser ya
dejo de lado la exigencia
sol perfumando azahar y brisa tibiecitos
bastan


que yo lo vea




Luisa Futuransky, Buenos Aires, 1939
en Luisa Futuransky, Inclinaciones, Leviatán, Buenos Aires, 2006
imagen de Jack Vettriano©, The Look of Love?, en Uno de los nuestros

lunes, junio 04, 2012

saber partir el pan y repartirlo



La vida sencilla

Llamar al pan y que aparezca 
sobre el mantel el pan de cada día; 
darle al sudor lo suyo y darle al sueño 
y al breve paraíso y al infierno 
y al cuerpo y al minuto lo que piden; 
reír como el mar ríe, el viento ríe, 
sin que la risa suene a vidrios rotos; 
beber y en la embriaguez asir la vida, 
bailar el baile sin perder el paso, 
tocar la mano de un desconocido 
en un día de piedra y agonía 
y que esa mano tenga la firmeza 
que no tuvo la mano del amigo; 
probar la soledad sin que el vinagre 
haga torcer mi boca, ni repita 
mis muecas el espejo, ni el silencio 
se erice con los dientes que rechinan: 
estas cuatro paredes ?papel, yeso, 
alfombra rala y foco amarillento? 
no son aún el prometido infierno; 
que no me duela más aquel deseo, 
helado por el miedo, llaga fría, 
quemadura de labios no besados: 
el agua clara nunca se detiene 
y hay frutas que se caen de maduras; 
saber partir el pan y repartirlo, 
el pan de una verdad común a todos, 
verdad de pan que a todos nos sustenta, 
por cuya levadura soy un hombre, 
un semejante entre mis semejantes; 
pelear por la vida de los vivos, 
dar la vida a los vivos, a la vida, 
y enterrar a los muertos y olvidarlos 
como la tierra los olvida: en frutos... 
Y que a la hora de mi muerte logre 
morir como los hombres y me alcance 
el perdón y la vida perdurable 
del polvo, de los frutos y del polvo.



Octavio Paz, Ciudad de México, 1914-1988
Imagen: Salvador Dalí, La cesta de pan, 1945

yolanda pantin. divagación X y otro

24 horas en la vida de una mujer Se levanta se peina se lava llena de agua un tarrito se viste se arregla se calza ...