Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de mayo, 2013

hay tiempo para decisiones y revisiones

La canción de amor de J. Alfred Prufrock S’io credesi che mi risposta fosse
a persona che mai tornasse al mondo
questa fiamma staria senza piú scosse.
Ma per ció che giammai di questo fondo
non tornó vivo alcun, s’i’odo il vero,
senza tema d’infamia ti rispondo.
Vayamos, entonces, tú y yo, Cuando la tarde se extiende sobre el cielo Como un paciente anestesiado sobre una mesa; Vayamos por algunas calles medio desiertas, Los refugios susurrantes De noches agitadas en baratos albergues transitorios Y restaurantes con piso de aserrín y conchas de ostras: Las calles que se alargan como una discusión tediosa De insidiosa intención Para dar lugar a una pregunta abrumadora... Oh, no preguntes, “¿Qué pasa?”
Vayamos y hagamos nuestra visita. En la sala las mujeres van y vienen Hablando de Miguel Ángel.
La niebla amarilla que frota su lomo contra los vidrios de las ventanas, El humo amarillento que frota su hocico contra los vidrios de las ventanas, Lamió con su lengua las esquinas de la noche, Se detuvo en los charco…

y todo se desgasta

Un quieto, una ciudad

Un quieto, una ciudad,
anulado carisma,
callados corcoveos,
música que contemplas
brotando de otros poros,
y la foto que sabe
que las cosas no pasan,
y botellas vacías,
voluntario abandono.

Una ciudad que muere, 
y que se recupera,
y motos en la noche,
comprar, comer, pasar,
y todo se desgasta,
colectivos que caen
y pedradas que pegan,
un pasaje a la gente,
hilo de otro horizonte.

Un quieto es una sombra
que formula, linchado,
sentidos, y los quiebra,
y la vida es un ángel.
Una ciudad es alguien
que miente de continuo
para sobrevivir,
y te hunde en el silencio.

Pablo Seguí, Córdoba, 1973
de Naturaleza muerta, Ediciones del Copista, Colección Fénix, Córdoba, 2011
imagen de©Joaquín Torres García, en Guggenheim Collection

yo te recuerdo, narciso

Il nini muàrt
Sera imbarlumida, tal fossàl a cres l'aga, na fèmina plena a ciamina pal ciamp.
Jo ti recuardi, Narcís, ti vèvis il colòur da la sera, quand li ciampanis a súnin di muàrt.
Pier Paolo Pasolini, Bolonia, 1922- Ostia, 1975 Composición lírica en fruilano incluida en Poesías a Casarsa en Pasiones heréticas, Cuenco del Plata, Buenos Aires, 2012, Selección, traducción y notas de Diego Bentivegna imagen de Salvador Dalí © , Metamorfosis de Narciso, en ReprodArt
El niño muerto
Oh noche, en el foso crece el agua, una mujer encinta camina por el campo.
Yo te recuerdo, Narciso, tú tenías el color de la noche, cuando las campanas suenan con sonido de muerte.

o quam te memoren virgo

La figlia che piange
O quam te memorem virgo
Párate en el descanso más alto de la escalera— Descansa en una urna de jardín— Teje, teje la luz del sol en tu cabello— Estrecha las flores contra ti con dolorosa sorpresa— Arrójalas al suelo y voltéate Con un resentimiento fugaz en tu mirada: Pero, teje, teje la luz del sol en tu cabello.
Entonces hubiera hecho que él se fuera Entonces la hubiera dejado a ella parada y llorando, Entonces él se habría ido Como el alma abandona el cuerpo desgarrado y herido, Como la mente abandona el cuerpo que ha usado. Debo encontrar Algún modo de incomparable luz y destreza, Algún modo que ambos comprendiéramos, Sencillo e incrédulo como una sonrisa y apretón de manos.
Ella se fue, pero el clima otoñal Avivó mi imaginación durante muchos días, Muchos días y muchas horas: Su pelo sobre sus brazos y sus brazos llenos de flores. Y me digo ¡ellos deberían permanecer juntos! Yo debería haber abandonado el gesto y la pose. A veces, estas cavilaciones todavía sorprenden La ardua mediano…

la repetición es un rito

Versos del testamento

La soledad: hay que ser muy fuerte
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo común; hay que evitar
resfríos, influenza y anginas; no se debe temer
a rapiñadores o asesinos; si toca caminar
toda la tarde o quizá toda la noche,
hay que saber hacerlo sin pensar mucho; sentarse no se puede,
especialmente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada
y con las piedras entre la inmundicia, húmedas y fangosas;
no hay ninguna gratificación, de eso no hay duda,
salvo la de tener por delante un día y una noche
sin deberes o límites de ningún género.

El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-incluso en invierno, por las calles abandonadas al viento,
entre las pilas de inmundicia contra los edificios lejanos,
suelen ser muchos- no son sino momentos de la soledad;
cuanto más caliente y vivo es el cuerpo gentil
que unge de semen y se va,
más frío y mortal alrededor es el dilecto desierto;
es éste quien llena de alegría, como un viento m…

palabras de reminiscencia

21
Cada cosa  a su tiempo tiene su tiempo. No florecen en el invierno las arboledas, ni en la primavera tienen blanco frío los campos.
A la noche, que entra, no pertenece, Lidia, el mismo ardor que el día nos pedía. Con más sosiego amemos nuestra incierta vida.
Junto al hogar, cansados no de la obra sino porque la hora es la hora de los cansancios, no forcemos la voz a estar más que en secreto,
y casuales, interrumpidas sean nuestras palabras de reminiscencia (no para más nos sirve la negra ida del sol).
Poco a poco el pasado recordemos y las historias contadas en el pasado ahora dos veces historias, que nos hablen
de las flores que en nuestra infancia ida con otro fin en el gozo cogíamos y con otra ciencia en la mirada lanzada al mundo.
Y así, Lidia, junto al hogar, como estando, dioses lares, allí en la eternidad, como quien avía ropas el otrora aviemos
en ese desasosiego que el descanso trae a nuestras vidas cuando sólo pensamos en lo que ya fuimos, y es noche sobre Ceres.

somos lo que apareció de él

***
Barro adentro

La Pampa entera es el vasto lecho de un mar Adán Buenosayres
Dos metros bajo el agua crece el monte. No hay luz ni mirlos, aquí la palabra está muerta podrida con otros organismos. Crece negro y baboso el alambrado, viene en aguas turbias el desierto.
Somo lo que apareció de él y rayamos el crepúsculo con las uñas de los gauchos fósiles. Nada se parece al encanto infantil de las horas, yermo el cielo faenada la carne de nuevas cautivas la patria grande  envenena.
*** Eso
Existió el tiempo la sed, detrás del alambrado la línea infinita el sol horizontal de las siete en los ojos. Hubo Laura Ingalls Sarah Kay Heidi.
Cuando la pampa apaga su aro de sombra las púas recogen mechones de crin de caballo ofrendas al viento rasguños eso que resta del ímpetu de los que saltaron fuera del llano.
Leticia Ressia, Pellegrini, Buenos Aires, 1979 de la selva oscura, Editorial Gráfica, Córdoba, 2012 imagen de Paul Klee, The Growth of the Night Plants, en Pinterest