lunes, mayo 12, 2014

arnaldo calveyra. alcanzar y otros. de novela


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"Alcanzar": tu palabra. ¿La mía? Casi nunca, casi ninguna, la que nadie dice ni dirá, ni que me dirá ni diré por tu boca. Por eso, seguirnos deletreando: ¿pero no se podría verdaderamente un poquito más, ir un poquito más? Huyendo uno del otro, cada uno se quedó con el ícono inmortal, su otro de obsidiana. Tienes que comprenderlo, no ser más el pararrayos del otro y acaso (ya) de nadie, y con este cielo tan de calma chicha, animal acorralado en medio de una selva de llamados.

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¿Cuántos simbades tendrán que pasar antes por cada uno de nosotros, cuántos ríos vadear los ojos desmesurados del sin memoria?, maestro que no enseña soledad.

Tu vida de cumpleaños, tantas veces curiosa de tristeza. Tu vida en un renglón, la carta de tu vida entre las hojas del cuaderno, rayada la linda persiana de la mañana que sube, eso. Tantos días en un decorado desierto vestido de desierto, mucho impulso y poco decidido el paso. Lejos. Lejos. Lo que les faltaba a las flores en el vaso, y eso que parecían más rozagantes que en lo mejor del jardín. La mariposa loca con su sombra descubierta ahora tiene espejo para ella entre las flores. ¿Qué esperan esas cortinas de árboles pintados de colores por la tierra, esos ajetreos, ese ir y venir  y de golpe quedarse quietos bajo un mismo seguro de árbol? Eucalipto para ser joven y el viento que de nuevo se vuelve hacia nosotros, aquí una primera noche, vida de aguas arriba, y ahora el cielo del tamaño de la noche sin postigos. No hagas caso de la fuente que parece descansar si de golpe se queda muda en el pequeño ombligo balbuceante, desvelo del quedarse sin agua que la corra y que la vele, agua de paso sin descanso y no dejes de estar sola.

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Nadie descansa en una pieza como esta, aparentemente vacía. No para mí que deseo hablarles, ofrecerles inmortalidad, acechar el instante en que, cansado de deberles infinito, inicio esta travesía de estrella constelada. No le creas a una pared sin manchas; no le creas a una corza extraviada en el empapelado de una pieza aparentemente vacía, en su blancura de entraña de cal por apagarse. Te mentirán las palabras que ya existían al estado de mentira, palabras, casi seguro, al estado de mentira.


Arnaldo Calveyra, Mansilla, 1929
de Novela, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2014
maqueta de tapa de Gabriela Di Giuseppe 

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