miércoles, septiembre 17, 2014

vi de pie ante mí



La mañana antes de la batalla

Hoy, la pelea: mi fin está muy cerca,
y sellada la orden que limita mis horas:
lo supe mientras caminaba ayer al mediodía
por un desierto jardín lleno de flores.
... Cantando, despreocupado, me prendí unas rosas en el pecho,
sopló por el jardín desde el norte y el este
agostando toda la belleza con un aliento helado.

Miré, y ¡ah! vi de pie ante mí a mi espectro,
con la cabeza aplastada por violentos golpes:
la fruta entre mis labios en sangre coagulada
se había transubstanciado, y exudaba la pálida rosa un olor enfermizo,
que hombres muertos en el cercado jardín florecían.

Robert Graves, Wimbledon, 1895- Dejà, 1985
versión de Rolando Costa Picazo
imagen de William Robert RA, en Trench Art


The Morning Before the Battle

To-day, the fight: my end is very soon,
And sealed the warrant limiting my hours:
I knew it walking yesterday at noon
Down a deserted garden full of flowers.
...Carelessly sang, pinned roses on my breast,
Reached for a cherry-bunch −and then, then, Death
Blew through the garden from the North and East
And blighted every beauty with chill breath.


I looked, and ah, my wraith before me stood,
His head all battered in by violent blows:
The fruit between my lips to clotted blood
Was transubstantiate, and the pale rose
Smelt sickly, till it seemed through a swift tear-flood
That dead men blossomed in the garden-close.


lunes, septiembre 15, 2014

desgarrada fidelidad a lo pasajero



Sobre el arte de tejer

No recuerdo cuándo empecé a tejer.
En algún momento de los banquetes o de las siestas
sin darme cuenta dejé de esperar
y me dediqué a otra actividad,
también sin porvenir.

Así es que ahora tejo historias increíbles
que cada noche destejo
y cada día recomienzo
con esa inocencia imperturbable
del que mira los templos, las guerras,
los sacrificios y los día como lo que son.

Troya, las hazañas de mi marido,
las naves, la victoria, los dioses, el regreso,
¿quién sabe cuántas cosas más pasaron
en estas historias
que me cuento y que al día siguiente
ya no existen más?

Porque, díganme, ¿qué se puede pretender
de lo que, quizá, venga con el tiempo?

Por eso, amigos, no se engañen.
Esto que parece una obstinada espera
es, en verdad, una desgarrada
fidelidad a lo pasajero:
cuando el tiempo me envuelva
con este sudario interminable,
sentirá en sus manos el filo
de mi vida
deshecha por las noches
y vueltas  a empezar por las mañanas.

Tom Maver, Buenos Aires, 1985
de Yo, la incesante nieve, Huesos de Jibia, 2009
imagen de John Flaxman, El encuentro de Ulises y Penélope

domingo, septiembre 14, 2014

vinimos para rondar aquí



***
Para esta hora siempre fuimos preparados. Sin
enaltecer la noche se toma el agua del mediodía. En 
la punta extrema de las cosas, en su costado blando,
en el terror mismo de un sol sin concesiones. Vinimos
para rondar aquí por un lago estrecho, la cabeza
vuelta hacia el olvido, como quien inventa una sed.


***
Así se pule el día. Cada
pregunta en su bolsillo, las
caras al frente, un gesto
torcido. En fila nacidos, en 
fila idos hacia dónde?


***
Cada uno de estos mapas nada indica
sobre el continente perdido de las horas.
Ni de remos con que sortear esa lágrima que
escampa en los pretiles de la duda. Divididos
como un ojal toda carencia se nos asoma como
una pierna que el paso imprime para huir

Lilián Cámera, Montevideo, s/d
De Maut, arteBA 2014, Buenos Aires, Argentina

jueves, septiembre 11, 2014

acaso



***
Acaso sea el tiempo,
el solo tiempo
de la noche sola
en que la soledad
es uno mismo.

de Palabra Sola, 1971
Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
en Javier Adúriz, Poesía Completa, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2014 
imagen de Joan Miró, La escalera de la evasión

marina serrano. formación hospitalaria (selección)

Enfermedad de Charcot Decían que era el suegro del director, alguien acomodado, por eso, lo atendíamos todos los días a las ocho y me...