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Mostrando las entradas de abril, 2015

los restos de dos días

*** Fisiología

del camión de la basura que pasó de noche cuando sacaba la bolsa a la vereda sólo recuerdo los ruidos
el motor con hambre de velocidad las palas mecánicas con hambre de residuos: digestión lenta
los restos de dos días no alcanzaron a tocar el suelo y fueron procesados en el aire hasta casi desaparecer
adentro la casa parece más limpia -un cuerpo que ha eliminado toxinas- como si un viento hubiese barrido de golpe todo rastro de la domesticación que cada objeto aún no desechado recuerda
con su presencia imperturbable
de La Música del Caleidoscopio, inédito

*** Tregua
It’s me, it’s me, O Lord standin’ in the need of prayer(1)

de la cuerda del tendedero me cuelgo con broches junto a la ropa húmeda a descansar soy una prenda más bajo el sol que declina con gotas que se escurren sobre la piel ajada y esto se parece a la resignación con que una camisa, a mi lado, espera la noche -los brazos extendidos en cruz- en su propio calvario

(1) Soy yo, soy yo, Señor / de pie, en necesidad de oración
De Spiritu…

el resto, ya lo sabe

***
Domínguez, sí

¡Claro que estuve! Estuve hasta el final. Yo desarmé los techos y la máquina, pieza a pieza, y la subimos al camión. Fue raro, como desguasar treinta años de una vida. Había tanto sol que no dejaba de llover. El resto, ya lo sabe. Nos dejaron en esas oficinas del centro, donde cobrábamos a veces. Con los brazos cruzados nos pusimos en fila. Era como esperar algo cuando no había qué. No le digo, el hijo de puta de Domínguez lloraba como un chico. Domínguez, sí.
***
Esto está hecho, muchacha

Esto está hecho, muchacha. Ahora hay que volver. Juntemos las tripitas, los pedazos de eso y cortemos desierto de un tirón...
Ya sé, ya sé, yo lo había visto antes y creamé se me torcía la entraña. Porque también tuve un futuro, que es pasado, hasta que el amigo se fue.
Oiga el viento, oiga, es un largo alarido. No queda nada, usted me entiende, habla el idioma. No gima, por favor...
Ni aquí ni allí, no sé dónde más ir. Por eso... monte, muchacha, monte ese caballo y véngase conmigo.
Javier Adúriz, Buenos Ai…

no por convicción

El problema de la ansiedad
Cincuenta años han pasado  desde que empecé a vivir en esas ciudades oscuras de las que te hablé. Bueno, nada ha cambiado. Todavía no sé cómo llegar desde el correo hasta las hamacas del parque. Los manzanos florecen en el frío, no por convicción,  y mi pelo es del color de la pelusa del diente de león.
Supongamos que este poema fuera sobre ti–¿le agregarías tú las cosas que he omitido adrede: descripciones de dolor y sexo, y la falsedad   con que se comporta la gente entre sí? No, eso por lo visto, ya fue incluido en un libro. Para ti he reservado las descripciones de sándwiches de pollo,  y el ojo de vidrio que me mira asombrado desde la repisa de bronce de la chimenea, y que jamás se calmará.
John Ashbery, Rochester, 1927 de Can You Hear, Bird (1995) en Notes from the Air, Selected Later Poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007 versión © Silvia Camerotto
imagen s/d
The Problem of Anxiety

Fifty years have passed
since I started living in those dark towns
I was t…

no fue corriendo a cubrirse

***

Todo vino de afuera.
Llegó hasta nuestro patio rodeado de macetas
desde un país que brillaba a la distancia
donde se habla un idioma que jamás logré aprender.
Un tren eléctrico para mi hermano menor
largos rieles que relampaguean en líneas paralelas
vagones que ante mi espeluznante desconcierto
lograron reducirse en su tamaño.
Para mí, una muñeca que dentro de su panza hueca
guardaba un disco que al girar le hacía decir "I am a pretty girl"
y el vestido de mamá
al que un día el cigarrillo de papá se acercó
demasiado
y desde su refunfuñante ruedo
desde el borde vibrante que acarició rodillas
aquel vestido
amplio 
lujurioso
se incendió completamente
mientras ella 
veloz y desesperada 
se iba desamarrando de él: mamá en bombacha blanca y portasenos negro
mira con desolación su vestido transformado en cenizas
no 
no fue corriendo a cubrirse
sentada en el suelo se empezó a reír a carcajadas.
Aquella noche llovió.
La lluvia intensa resbaló por los techos
ahogó rejillas
desbordó macetas.
Mi muñeca había qued…

tomó papel y lapicera

Como ese cumpleaños al que llegamos tarde
y  al preguntar por la tía enferma
una prima dijo "tenía sueño, se fue a dormir"
por la forma en que miró el rincón
donde una nena chupaba restos 
de corazón de torta
pegados a una vela, supimos
no la veríamos otra vez.

Alguien hizo con los dedos un hueco
probó encender la llama que el viento apagaba,
alguien recogió del suelo uno por uno
pañuelos de papel,
alguien tomó papel y lapicera
pero la tinta no salía,
alguien dejó su pálido rouge en el borde de una copa,
alguien frotó el círculo de esa copa marcado en la madera,
alguien miró la madera y dijo "Oh"
cuando no había 
de qué asombrarse, antes
de que otra nena
saliera de su escondite bajo la mesa y de un tirón
del mantel
arrasara con la medida de esos gestos.
Silvina López Medín, Buenos Aires, 1976
de Esa sal en la lengua para decir manglar, Ediciones del Dock,  Buenos Aires, 2014 imagen de Joao Carvalho, en Vos

necesitas tu nombre...

Hablándole a la pena

Ah, Pena, no debería tratarte
como a un perro sin dueño
que viene hasta mi puerta
por un mendrugo, o un hueso pelado.
Debería confiar en ti.

Debería convencerte
de que entres en mi casa y darte
tu propio rincón,
una alfombra raída donde echarte,
tu propio plato de agua.

Crees que no sé que has estado viviendo
bajo mi portal.
Anhelas que tu lugar definitivo esté listo
antes que llegue el invierno. Necesitas
tu nombre,
tu collar y medalla. Necesitas tener
el derecho de espantar a los intrusos,
para considerar tuya
a mi casa
y a mí tu persona
y a tí misma mi perro.
Denise Levertov, Ilford, 1923- Seattle, 1997 versión de Sandra Toro imagen en What lies within the text
Talking to Grief
Ah, Grief, I should not treat you
like a homeless dog
who comes to the back door
for a crust, for a meatless bone.
I should trust you.

I should coax you
into the house and give you
your own corner,
a worn mat to lie on,
your own water dish.

You think I don't know you've been living
under my porch.
You long for your re…

escapar a la infección que arrasó

***
Yo no quería  ser esposa sino musa cruzar  los aldabones del tiempo retratarme con la espalda al hombro escapar a la infección que arrasó  aquel año la tierra. Yo no quería otra cosa que tus hombros porque no tenían ojos ni expresión ni boca ni nada. Pero resultó  que sí que al final sí y terminé por usar tu espalda como espejo.
Mercedes Álvarez, de Saigón, Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2014 imagen de Picasso, Muse, Centre Pompidou

la cautivante sincronización

Lo luminoso que se ve de noche
En las épocas míticas salía sola de noche: salía al patiecito y pisando la maceta trepaba hasta la medianera y me sentaba a interrogar los cielos desde lo mas profundo del corazón de Villa Crespo. Porque si antes las estrellas señalaban el camino en el mar tal vez ahora esta galaxia de neones, resplandores de hielo, ventanucos de baño, rayos móviles provenientes de ferias, la cautivante sincronización de las luces de pasillos de edificios pudiera sugerirnos variar unos centímetros el recorrido, a ver donde llegamos. Un helicóptero en un cielo negro es su luz blanca y su sonido jadeante. No por urbana la luna es menos poderosa. Últimamente veo desde mi balcón algo como una grúa inmensa, una viga infernal que, paralela al cielo, se encaja entre edificios altos como dispuesta a rearmar el panorama, delimitada por dos luces fatuas: punto rojo en un extremo, y en el otro la extrañeza hecha luz: un rectángulo verde fluorescente, imposible de entender: de día parece una pantalla que pro…

un orden perverso

Ostensiblemente
Nos puede gustar descansar o leer, caminar, festejar en la mesa de la cocina, acariciar al perro distraídamente, mientras pensamos en cosas tristes —tantas maneras diferentes de estar, uno no sabe cómo el futuro manejará esas cosas. ¿Se develará a sí mismo, o acaso en la calma ficticia de la decisión personal de estar mejor será el peor negocio, la próxima vez?
Los jardineros no hacen el mundo ni las brujas lo deshacen, aun así el doctor loco se siente a salvo en su laboratorio de paredes compactas, detrás de canteros siempre verdes, ahora ennegrecidos por la nieve, precisos como las costuras de las medias estiradas de nuevo. Nunca hay noticias de ese lado.
Una rigidez que puede bien ser permanente parece habernos atacado. El péndulo está detenido; la corrida de estación en estación ostensiblemente incompleta. Un orden perverso ha ocurrido ahí en el recodo donde el año se divide en artificio por un lado, en lasitud votiva por el otro, pero está atascado: una vieja instantánea que pronto se difuma…

ah, ningún viento...

El valle intranquilo

Hubo un tiempo en que el valle sonreía,
silencioso, aunque nadie allí vivía;
su gente había marchado hacia la guerra
confiando el cuidado de esa sierra,
por la noche, a la mirada fiel
de las estrellas desde su azul cuartel
y de día, a los rojos resplandores
del sol que dormitaba entre las flores.
Mas ahora para todo visitante
el valle triste es inquieto e inquietante.
Nada allí se detiene un solo instante...
nada salvo el aire que se cierne
sobre la soledad mágica y perenne.
¡Ah, ningún viento agita los ramajes
que palpitan como el glacial oleaje
en torno a las Hébridas salvajes!
¡Ah, ningún viento empuja el furtivo
manto de nubes que, sin respiro,
surcan durante el día el cielo esquivo
sobre las violetas allí esparcidas
como ojos humanos de mil medidas...!
sobre las ondeantes azucenas
que lloran junto a las tumbas ajenas!
Ondean: y en sus pétalos más tiernos
se juntan gotas de rocío sempiterno.
Lloran: y por sus tallos claudicantes
bajan perennes lágrimas como di…

las pértigas tocan fondo

La gran nube
El hombre ha trabajado durante años para poner sus sueños en orden. Vean el resultado. Una vez que una idea como la del momento preciso es dilucidada debe desaparecer o expandirse. La descomposición, bajo el viejo árbol, es visible. Es por eso que los tutoramos, tratando de ponerlos contra la pared, aunque está decretado que lo amigable que se amontona para estar con nosotros, en parte, para ser nosotros debe continuar para que ellos y nosotros florezcamos: las solícitas plumas una vez separadas, el objeto de nuestra visión, la hierba, simplemente está ahí como un florero vacío en un alféizar.
Y un nuevo sueño nos involucra aun más en esa proximidad. Sí, sé que había  praderas de tulipanes y hojas puntiagudas para ocultarnos los unos de los otros, lo que todos pretendíamos, y un anuncio en contra de la atmósfera imperturbable de la habitación para todos los que pertenecían o no a ella.
Parece que finalmente se disgregaron. No queda ni un espécimen a mano. Y llaman a esto paz, vivir nuestras…