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Mostrando las entradas de junio, 2015

bálsamo después de la violencia

2.
Verano después de que el verano ha terminado, bálsamo después de la violencia: no me hace ningún bien ser bueno conmigo ahora; la violencia me ha cambiado.
Amanecer. Las bajas colinas brillan ocre y fuego, incluso  los campos brillan. Conozco lo que veo; el sol podría ser el sol de agosto, devolviendo todo lo que nos quitaron—
¿Oyes esta voz? Esta es lo voz de mi mente; no puedes tocar mi cuerpo ahora. Cambio una vez, se endureció, no le pidas que reaccione otra vez.
Día como un día de verano. Excepcionalmente calmo. Las altas sombras de los arces casi malva en los caminos de grava. Y al atardecer, el calor. Noche como una noche de verano.
No me hace ningún bien; la violencia me cambió. Mi cuerpo se volvió frío como los campos despojados; ahora solo queda mi mente, cautelosa y precavida, con la sensación de ser puesta a prueba.
Una vez más, el sol sale como salía en el verano; generoso, bálsamo después de la violencia. Bálsamo después de que las hojas han cambiado, después de que los campos fueron cosechado…

no terminó la noche...

1.
¿Es invierno otra vez, hace frío otra vez, no resbaló Frank en el hielo, no sanó, no se sembraron las semillas de primavera
no terminó la noche, no se derritió el hielo inundando las estrechas alcantarillas
no rescataron mi cuerpo, no estaba a salvo
no se formó la cicatriz, invisible sobre la herida
terror y frío, no terminaron, no rastrillaron y sembraron el jardín trasero–
recuerdo cómo se sentía la tierra, roja y densa, en filas agarrotadas, no se sembraron las semillas, no crecieron las vides por la pared sur
no puedo oír tu voz porque el viento gime, silbando sobre el suelo vacío
ya no me importa que sonido tiene
cuando me callaron, cuando por primera vez no tuvo sentido describir ese sonido
cómo suena no puede cambiar lo que es–
no terminó la noche, no estaba la tierra a salvo cuando fue sembrada
no sembramos las semillas, no éramos indispensables para la tierra,
las vides, fueron cosechadas?

de 'October' Louise Glück, Nueva York, 1943 En Averno, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2007 Versión  …

ellas desaparecen

Las migraciones nocturnas
Este es el momento en que vuelves a ver las bayas del fresno de la montaña y en el cielo oscuro las migraciones nocturnas de las aves.
Me duele pensar que los muertos no las verán– estas cosas de las que dependemos, ellas desaparecen.
¿Qué hará el alma entonces para consolarse? Me digo a mí misma que tal vez no necesite de estos placeres otra vez; quizás no ser es lo suficientemente sencillo, tanto como es difícil imaginarlo.

Louise Glück, Nueva York, 1943 De Averno, Farrar, Straus and Giroux, New York, 2007 Versión  © Silvia Camerotto imagen de Bob King, en birdnote.org

The Night Migrations
This is the moment when you see again
the red berries of the mountain ash
and in the dark sky
the birds’ night migrations.
It grieves me to think
the dead won’t see them–
these things we depend on,
they disappear.
What will the soul do for solace then?
I tell myself maybe it won’t need
these pleasure anymore;
maybe just not being is simply enough,
hard as that is to imagine.

I Wanted to Write a Poem

[...]

Antes de conocer a Ezra Pound es igual a A.C. y D.C. Ya había comenzado a escribir y anotaba mis pensamientos inmortales a diario. Pequeños poemas, poemas bastante malos. No los que le había mostrado al Sr. Bates. Eran más whitmanescos que los de Keats. Había leído Hojas de hierba y casi nada me gustó, pero quedé impresionado por las primeras líneas de 'Canto a mí mismo'. Mis espontáneos poemas, contrariamente a mis estudiados sonetos keatsianos, fueron escritos en gruesos cuadernos de tapa dura. Aún puedo verlos, encuadernados en papel marmolado. Eran dieciocho, llenos. Estaba profundamente emocionado con ellos, y los guardaba debajo de mi cama. Parecían serios e importantes. El hecho es que ahora sí tenía algo para mostrarle a Ezra Pound en nuestro encuentro. 
Él no estaba emocionado. Estaba emocionado con su propia poesía; pero, yo también estaba emocionado con mi propia poesía, así que nos llevamos muy bien.

William Carlos Williams, Rutherfo
rd, 1883- 1963
de I Wanted to …

el crescendo de errores

Caja negra
Cada matrimonio estrellado tiene su caja negra, la cuenta detallada de lo que salió mal y de cómo, el crescendo de errores que aumenta, queda por un instante quieto en su cresta de trauma, y luego se hunde con nosotros
en una cascada de estática. Lo que sobrevive es la caja negra; un destello de antracita entre los restos donde, preservadas con ira, las voces que contiene repiten sus últimos momentos de vida y hablan de cómo, hasta el final mismo, podrían haber sido
tan diferentes; y de cómo, desde el principio, sabían que nunca habrían podido.
Patrick McGuinness (Túnez, 1958)  Traducción de Jorge Fondebrider Poesía galesa gentileza de Jorge Fondebrider

Black Box
Every crashed marriage has its black box, the blow- by-blow account of what went wrong and how, the crescendo of mistakes that peaks, is for an instant quiet on its crest of trauma, then drowns itself and us
in a cascade of static. The black box is what survives; anthracite gleaming in the wreckage where, preserved in anger, the voices…

responder esa pregunta

Días
¿Para qué son los días? Los días son donde vivimos. Llegan, nos despiertan una y otra vez. Son para ser felices allí: ¿Dónde podemos vivir sino en los días? Ah, responder esa pregunta hará que vengan el cura y el médico en sus largas batas corriendo por los campos.
Philip Larkin, Coventry, 1922- Kinsgton-upon-Hull, 1985 Versión © Silvia Camerotto Imagen de Edward Weston, Doctor and Priest at bedside of patient,  en Ashville Art Museum
Days
What are days for?
Days are where we live.
They come, they wake us
Time and time over.
They are to be happy in:
Where can we live but days? Ah, solving that question
Brings the priest and the doctor
In their long coats
Running over the fields.

seguramente vendrá

Cuarto solo

Si te atreves a sorprender 
la verdad de esta vieja pared; 
y sus fisuras, desgarraduras, 
formando rostros, esfinges, 
manos, clepsidras, 
seguramente vendrá 
una presencia para tu sed, 
probablemente partirá 
esta ausencia que te bebe. 

Alejandra Pizarnik, Avellaneda, 1936- Buenos Aires, 1972
en Alejandra Pizarnik, Poesía completa, Editorial Lumen, 2003
imagen de 1920 en Chronically Vintage