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Mostrando las entradas de diciembre, 2015

josé villa. escombro

Mosca en la ventana

Escribe sobre sus bordes
este trazo morado en el vidrio:
cables de alta tensión
en el suelo de grumo; se extiende
un celaje con arrugas metálicas
en dirección que un poco va aguándose;
trapos, la ceniza armada que cayó
sobre un campo de nieve;
la mosca intenta salir
por un lugar que no existe

***
El talismán

Después de la tormenta
te vi tomar una de
las piedras de hielo
y caminar rumbo al contorno
sombrío de la casa

Ponés la piedra 
dentro del congelador
donde yo me asomo
a ver cada tanto aquel 
resplandor crepuscular

***
Rastro de Grace

Después de años vuelvo a ver
algo que te pertenece:
el trazo de tu letra sobre 
la madera de la mesa
que encierra dos nombres
dentro de un corazón tallado
como las líneas de la vida
en la mano

José Villa, Martín Coronado, 1966
de Escombro, Club Hem editores, La Plata, 2016
imagen s/d

carina sedevich. klimt

***
Mi tía, siempre pobre,
la que hacía grabados
en los muebles,
la que pintaba,
la que cosía libros,
quería ver llegar 
el fin del mundo.

Mi tía, siempre sola,
la que ya no comía,
la que dormía
debajo de la cama
como un indio,
sólo quiso
ver el apocalipsis.

Mi noble tía,
ajada y seca
como el corazón
de una  nuez vieja,
hubiera muerto
mejor
sin su deseo.

Carina Sedevich, Santa Fe, 1972
de Klimt, Club Hem Editores, La Plata, 2016
imagen de Pablo Picasso, Mujer melancólica

maría laura decésare. somos lo que damos

Vuelo de Cabotaje

Un mensaje nuevo nos acerca,
vos en las alturas
y yo aquí.
Decís que estás en el avión,
miro el cielo y sigo una luz
que se pierde en lo alto.
El diálogo continúa,
me recordás una imagen
que no olvidaste nunca:
una joven sentada en su silla
con un plato sobre la cabeza
y su madre haciendo cruces
en el aceite contra el mal de ojo.
Reímos
y como si fuera una película
pasa la vida.
Norte y sur, cielo y tierra
el tiempo que dura
tu vuelo.

María Laura Decésare, Rufino, 1969
de Somos lo que damos, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015
imagen de Kate Oberreich, en Kate Oberreich Art & Illustration

john ashbery. nos interesa el lenguaje

[…]
Nos interesa el lenguaje, eso que ustedes llaman aliento, si aliento es en lo que nos convertiremos, y creemos que así es, dijo el zurdo. Tirarle a ella un hueso a veces, a veces expresándonos,  a veces expresando algo parecido a un leve             interés, modo tan usado por los viajeros que se ha vuelto sórdido. Lleva a la muerte. Lo sabemos, y aun así por un tiempo limitado solo deseamos arrancar el girasol, transportarlo de donde estaba, orgulloso y erecto, a un bungaló de cielo celeste, que             busque el sol, y llevarlo adentro, mientras el resto se hunde en el molde común.  El día había comenzado poco propicio, pero mejoró a medida que avanzaba, hasta que a la hora de la cama parecía que habíamos prosperado, yo y usted. Nuestros frustrantes primeros intentos de comunicación en tal caso habían muerto hacía              rato. Aun así yo había rogado por algo de urbanidad en el aire antes de comenzar, tal como lo hicieron             mis ancestros y ninguno fue herido. Y  me abst…

eduardo aibinder. ¡Párense derecho!

Si no le gusta

que golpeen a su puerta
se transforma en un pariente pobre
en un recién llegado, inoportuno siempre.
Si no le gusta lo sucio
se viste como un deshollinador.
Si no le gusta salir de su casa, oficia de cicerone;
de noche, parado en ciertas esquinas,
señala a las niñas que hermosean el paisaje
tomadas del brazo con quienes lo decepcionan.
Si no le gustan las plantas
se las encuentra a cada momento.
Con una cara le ocurre, que si la desagrada
se transforma en esa cara.
Cuando se lo mira de lejos
se ve venir el fantasma de un pelele,
cuando se lo observa de cerca
se ven irse uno a uno los sueños en retirada
de quien se convierte en todo lo que abomina.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires, 1968
de ¡Párense derecho!, Gog y Magog, Buenos Aires, 2015
imagen de

william blake. todas las religiones son una

TODAS LAS RELIGIONES SON UNA


La voz de uno que clama en el desierto

Argumentación: Así como el método verdadero de conocimiento es la experiencia, la verdadera 
facultad de conocimiento debe ser la facultad que experimenta. Sobre esta facultad hablo.
Principio I. Que el Genio Poético es el Hombre verdadero y que el cuerpo o forma externa del Hombre deriva del Genio Poético. Asimismo que el aspecto de todas las cosas derivan de su Genio, que los antiguos llamaban Ángel & Espíritu & Demonio.

Principio II. Que así como todos los hombres se parecen en su forma externa, También (y con la misma infinita variedad) se parecen en el Genio Poético.


Principio III. Ningún hombre puede pensar, escribir o hablar desde su corazón, sino que debe buscar la verdad. Por lo tanto, todas las sectas de la Filosofía derivan del Genio Poético, siendo adaptadas  a las debilidades de cada individuo.

Principio IV.  Ya que nadie puede descubrir lo desconocido viajando por tierras conocidas, del conocimiento pre…

eileen miles. qué arbol espero

Qué árbol espero?

Toda esa parte del mundo a la que no iré nunca- más toda esa separación que no volveré a sentir alto en esta casa en este hemisferio en esta luz artificial que es artificial a la mañana bien temprano; oscuro en páginas y lapiceras en una cama extraña en la curvatura del pie los muebles cada pelea cuando empieza la mañana y aun es de mañana y aun es de noche Me casé con una chica muerta nacimos con su Florecer recuerda ese abejorro gordo que aterrizó en una lámpara Yo abrí las puertas y lo olvidé y la casa se enfriaba y se enfriaba donde la casa es la unión entre bordes y apenas llama mi atención es oscura y delgada Monitoreo cada situación con mi vejiga llenándose subo bajo qué árbol estoy esperando mi vida entera en aguaceros esperando mi balsa Volaré a otra isla tomaré un tren que ya conozco dolerá este es el país herido vine aquí para contar la herida como un pájaro como un árbol el tráfico tiene vueltas lo vemos voltearse arruinando nuestra noche contiene grandes continentes los sentimientos y los años lo …

laura garcía del castaño. los demonios del mar

los demonios del mar

cada día que asistí  a la defunción de un hombre o de un atleta cada noche que arrojó  mi vida al fuego o al ensayo la desilusión que me arrastró en su oleaje los fuegos que estallaron en China  para ahuyentar a los demonios del mar  tan semejantes a la detonación de una mujer cercana el picaporte gastado  por un antiguo instinto de huir el chófer que anunció los cinco minutos finales Chopin, que me acompañó en cada viaje las hileras de árboles  que advertí sólo de regreso las tardes que pasé a los seis años  cuidando esos cachorros o las horas que paso aquí  centinela de lo perdido han sido por desandar por no ser domesticada delirar un salmo leer en voz alta algún pronóstico
el mate que mi padre dejó cargado esa mañana su amigo ferroviario  en el trencito del parque Las Heras la desolación que pude ver en sus ojos ha sido desandar ayudar a no rendirse
subir al podio que no premia nadar tras los demonios del mar encandilar a los cachorros de la desolación
los minutos finales  de un viaje y los …

hugo zonágles. pernocte

Pernocte
Le hablo a un intercomunicador pido una habitación me pregunto si los anónimos somos nosotros o los que están del otro lado por un buzón aparece una llave con un número caminamos por pasillos alfombrados desodorante de ambiente puertas blancas numeradas todo parece estéril quizás la entrada a cualquier mundo sea de esta manera abro la puerta con un pequeño empujón las luces rojas bañan cada mueble la cama parece una bolsa de cuero rellena de agua con cada movimiento hace un sonido como si también tratara de devorarnos los espejos partidos divididos en lugares que nunca hubiese imaginado me siento como si fuera Conan el Bárbaro solo encerrado en una cueva con un monstruo intocable que se desvanece al querer atravesarlo con la espada a lo mejor debería romper los espejos para que esta noche no haya monstruos.

Hugo Zonáglez Buenos Aires, 1985


De Días perfectos, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015

césar moro. la tortuga ecuestre

6.

El agua lenta las variaciones mínimas lentas
El rostro leve lento
El suspiro cortado leve
Los guijarros minúsculos
Los montes imperceptibles
El agua cayendo lenta
Sobre el mundo
Junto a tu reino calcinante
Tras los muros el espacio
Y nada más el gran espacio navegable
El cuarto sube y baja
Las olas no hacen nada
El perro ve la casa
Los lobos se retiran
El alba acecha para asestarnos su gran golpe
Ciegos dormidos

Un árbol ha crecido

En vano cierro las ventanas
Miro la luna
El viento no ha cesado de llamar a mi puerta
La vida oscura empieza

César Moro (Alfredo Quíspez Asín), Lima, Perú, 1903-1956
de La tortuga ecuestre (1938-1939)
en César Moro, Obra poética completa, Edición crítica, Alción editora, Córdoba, 2015

silvia arazi, claudine y la casa de piedra

De harinas y de aromas 
(Para esa mujer, mi madre)


-Cuando mi madre habla de zapallos,
de mazapán, de ollas, de manzanas,
todo se enciende en sus ojitos grises.
Por eso a veces,
le pido que me diga
cómo debo elegir las berenjenas. “¿Las más sabrosas?”, pregunta, agradecida,
“¡Las de cáscara negra, las pequeñas!” Ella habla largo
de harinas y de aromas.
(inagotable mujer entre fulgores)
Y luego vuelvo a preguntarle todo,
acerca del perejil, del pan
o de la albahaca. Lo hago, en verdad, de puro gusto,
para encenderla toda, para que arda. Porque me gusta ver
cómo se enciende,
por el gusto, nomás, de que me cuente.
Silvia Arazi, Buenos Aires, 1957 en Claudine y la casa de piedra, Ediciones del Dock,  Buenos Aires, 2015 imagen s/d

ana maría intili. en parís con aguacero

En París con aguacero
“Andes, frío, inhumanable, puro” Trilce, poema LIX.César Vallejo.


Hay un lenguaje extraño que viene de tus labios un camino incierto una voz ahogada a la deriva
en qué meses sucesivos tus Marías te dejaron qué pan salvó de morir en la puerta del horno fue media vida + dos veces tu vida
cuántas veces tu nombre cuántos poemas en el aire cuánta frente de tu frente cuánta Rusia en tus pupilas cuánta España en la nostalgia cuánto Picasso retratando Franco y su guadaña
tus zapatos gastados tus maletas vacías tus monedas regadas el destierro doble doble Georgette cosida a tu costado
He pasado por allí tumba fría / París con aguacero es tumba silenciosa    lejana Y toda la tierra andina negándote
Ana María Intilli, Tucumán, Argentina. Actualmente reside en Perú En Antología Internacional de Mujeres, Compilación en homenaje al Festival Internacional de Poesía, Grito de Mujer, Fundación Poetas Mujeres Internacional y Biblioteca de las Grandes Naciones
Imagen de Hartwick HKD

carina sedevich. nivel del mar

Nivel del mar


Dice mi padre
a propósito del agua
que hierve mejor
en la montaña.
Es por eso
que guardo mi respeto
para los hombres
capaces de templanza.

***

Es invierno todavía.
El ruido de la estufa
funcionando
es el amor.
El ruido del agua
que se templa
es el amor.
El ruido del agua
sacudiendo
la ropa que se lava
es el amor.
Nos desvelamos
para escucharlo todo
la gata y yo.



***


Acuarela


Hay un ardor brevísimo, fatuo,
ante la pena.
La gota de vino se desliza,
enturbia el cristal.
Luego se seca.
De agua son los frutos
del invierno.
De agua
son los años por venir.


Carina Sedevich, Santa Fe, 1972 de Klimt, Club Hem editores, 2015 imagen s/d

javier galarza. la hendidura

La Hendidura

Algo en la alternancia entre los colores de la tinta y la hendidura certera de la pluma sobre el papel, lo blanco. Sea la pluma, el canto o la voz, como el eco que vuelve con el viento, y sea esta luz también que alumbra las aperturas del mundo, aún en la noche, el estilo o estilete que rasga el blanco de la hoja.
Javier Galarza, Buenos Aires, 1968 de Lo atenuado, audisea, buenos aires, 2014 imagen s/d

judith filc. vida en la tierra

Vida en la tierra

Tendida en la arena
la boca abierta al sonido del
infinito
me adentro en el
laberinto
mi cuerpo se acomoda a las volutas
palpa la fría lisura del nácar
Ovillada en lo más hondo
siento el golpe de la arena arrastrada en el viento
Ovillada en lo más hondo capa tras capa
Desplazada por el hielo en movimiento
en lo hondo de paredes nacaradas donde se cierra el último recodo
aún vivo
dormida en mi forma

Judith Filc, Buenos Aires, 1962 de Vida en la tierra, 2015, Barnacle & Cía imagen s/d

laura garcía del castaño. la sangre del espejo

La sangre del espejo

Nos despertó un zumbido
Habías soñado con pelusas enganchadas a las patas de un sofá,
yo, en cambio, con abejas pegadas a
los vidrios
deseando abrirse paso hasta mi cuello
La furia nos acompañó toda la siesta
Tarde cenamos
apartando del pescado las espinas
de nuestro diálogo
Qué poco se requiere para extinguir
las brasas de una cena

un cuchillo presiona la planta de los pies
un trapo seca la sangre de un espejo

Dormimos abrazados a un panal
evitando movernos
despertar al enjambre.
Laura García del Castaño, Córdoba, 1979 imagen de Sara Pedigo en Sara Pedigo

georg trakl. canción de kaspar hauser

Canción de Kaspar Hauser
Amaba el sol que purpúreo bajaba la colina, los caminos del bosque, el oscuro pájaro cantor y la alegría de lo verde. Digno era su vivir a la sombra del árbol y puro su rostro. Dios habló como una suave llama a su corazón: ¡Hombre! La ciudad halló su paso silencioso en el atardecer; pronunció la oscura queja de su boca: soñaba ser un jinete. Pero le seguían animal y arbusto, la casa y el jardín de níveos hombres y su asesino lo asediaba. Primavera y verano y el hermoso otoño del justo, su paso silencioso ante la alcoba apagada de los soñadores. De noche permanecía solo con su estrella. Miró caer la nieve sobre el desnudo ramaje y la sombra del asesino en la penumbra del zaguán. Entonces rodó la cabeza plateada del no nacido aún.
Georg Trakl, Salzburgo, Austria– 1914, Cracovia
enGeorg Trakl, Poemas, Traducción, prólogo y notas de Aldo Pellegrini, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1972 imagen s/d

griselda garcía. la siembra

La Siembra
Hice de tu abundancia un banquete egoísta un rito privado una fiesta de uno. Pude verte pero no supe decir tu nombre ni velar tu sueño.
Asustaba lo grave de tu canto tu insistencia en dar verdad. Cerré los ojos. Borré el rastro que llevaba a vos.
Como frutas que había que multiplicar me encontré, después diciendo a otros tus palabras amando como un animal frágil como una larva en su capullo.
Ahora: la siembra. Esperaré con la paciencia del que deseó y obtuvo.
Griselda García, Buenos Aires, 1979 De Griselda García, Mi pequeño acto privado, Barnacle & Cía, Buenos Aires, 2015 imagen de Renoir, Reading Woman