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Mostrando las entradas de marzo, 2016

louise glück. viudas

Viudas
Mi madre juega a las cartas con mi tía, Rencor y Malicia, el pasatiempo familiar, el juego que mi abuela enseñó a  todas sus hijas.
Pleno verano: demasiado calor para salir. Hoy, gana mi tía; le tocan las mejores cartas. Mi madre está lenta, tiene problemas de concentración. No se acostumbra a su propia cama este verano. El verano pasado no tuvo problemas para acostumbrase al piso. Aprendió a dormir ahí para estar cerca de mi padre. Él estaba muriendo; tenía una cama especial.
Mi tía no afloja, no tiene consideración con el cansancio de mi madre. Es como fueron criadas: muestras tu respeto peleando. Aflojar es un insulto al oponente.
Cada jugador tiene una pila a la izquierda, cinco cartas en la mano. Está bueno quedarse adentro en días como este, quedarse donde está fresco. Y este es mejor que otros juegos, mejor que el solitario.
Mi abuela se anticipó; preparó a sus hijas. Ellas tienen cartas; se tienen una a la otra. No necesitan más compañía.
El juego continúa durante toda la tarde, pero el sol…

maría mascheroni. la bella vejez

la bella vejez
hoy tengo un buen día    dice y mira las flores    con la punta de los dedos se cerciora día a día se cuentan ahora los días de su vida roza las flores decide recomenzar con las orquídeas mientras me cuenta un interruptor celeste ordena como puede la partitura inicial de la mañana        olvida que sus ojos no        -la mano o incluso mi relato verán más-        y la escena de pétalos carnosos desata la visión                 milagro otra vez entre las ramas negras                 detrás de las ramas negras
mi madre tiene hoy un buen día ochenta y tres años y un hilo de colores variados con el que enhebra diaria y delicadamente su coronilla a los instantes                 - alegría de cada siesta en el relámpago- si dios quiere
yo sólo atino a declinar mi infancia y alzo las flores ante ella con alegría
como si el abrigo no acabara nunca
María Mascheroni, Buenos Aires, 1958 imagen de Redouté (Les Liliacees, vol. 4: t. 181, as Crinum giganteum) [Public domain], via Wiki…

sor juana inés de la cruz. detente sombra de mi bien esquivo

Detente sombra de mi bien esquivo
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Sor Juana Inés de la Cruz, (Juana de Asbaje y Ramírez), San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695 imagen s/d

edgar bayley. cambio de estación

Cambio de estación

los ruidos de la calle
tan diversos
la agitación del follaje
de los árboles cercanos
el ir y venir de las hormigas
el fin del verano
ponen un orden nuevo
en el peldaño
el estribo
en la cabellera de la noche
un balcón entreabierto
la luz crece como un río
rodando por escaleras
es el primer paso del sueño
en la fogata lejana
un hombre camina solo
se detiene a ratos
observa
escucha una risa
la fiesta está por comenzar
y baila finalmente
con la mujer que lo llamaba en sueños
en la luz y el aire
y en la noche despierta

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990 de Edgar Bayley, Obra poética, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1976 imagen Getty Images

santiago sylvester. las palabras diarias

Las palabras diarias

La cuestión es entender la intención
de las palabras que usamos empecinadamente:
las que grita el diarero,
las que el lechero murmura entre los vapores
del amanecer,
las que giran obsesivamente en la cabeza del loco,
las que el cartero lleva sin saberlo en su bolsa. Son pocas las palabras que sostienen la realidad
y que podrían destruirla con su sola ausencia;
son las que usamos para explicar nuestra porción del mundo,
las palabras de nuestra convicción,
de nuestra íntima apuesta. La cuestión es entender la intención de las palabras,
esa armonía sin énfasis que se parece al destino.

Santiago Sylvester, Salta, 1942 de Entreacto, ICI-Quinto Centenario, Madrid, 1990
imagen de Erik Johansson en Erik Johansson


alberto girri. terminado el poema

Terminado el poema
En principio, Como más fácilmente engañables.
Los simples poco esperan, lo mismo, Y lo reciben y cuidan intuyendo Vagamente que Dios impele los sonidos Y a la vez alerta,             Y los sofisticados Analizan, examinan, consultan Espejos en lugar de entregarse A lo que provoca una sensación, O al dolor que provoca un goce,             Y elaboran abstracciones, jamás Reconocerían por el contacto físico con algo El conocimiento del género de ese algo.
Mientras los simples, Actores natos, espontáneos, Se identifican con lo que se les pide, Los sofisticados no vacilan En concluir que carne y hueso Sólo cuentan en la mente, Ilusorios contornos.
Sin discutirlo, unos Pretenden que todo corresponde A un tiempo, pertenece a un sitio,             Y otros fluctúan, escépticos, Del pensamiento al vacío:             Y así, Cuando el simple Boom aferra un cuchillo             Meramente está aferrando un cuchillo, En tanto que al sofisticado Dedalus Su tacto no le sirve, no manti…

john keats. en un sueño luego de leer sobre Paolo y Francesca en el Infierno de Dante

En un sueño luego de leer sobre Paolo y Francesa en el Infierno de Dante

Como Hermes cuando agitó sus plumas ligeras
Mientras el arrullado Argos estaba atontado, desmayado,
Dormido, en un cañaveral de Delfos, así mi pereza voló,
Así jugué, así encanté, así conquisté, así despojé
Al dragón del mundo de sus cientos de ojos,
Y lo miré mientras dormía y volé muy lejos,
No para purificar a Ida con sus fríos esquíes de nieve,
Ni para ir a Tempe donde Júpiter penó algún día,
Si no para bajar a ese segundo círculo del triste Infierno
Donde entre las ráfagas, los torbellinos y los golpes
De la lluvia y el granizo los amantes no necesitan decir
Sus pesares. Pálidos eran los dulces labios que vi;
Pálidos eran los labios que besé y bella la forma
Que flotó conmigo sobre aquella melancólica tormenta.


John Keats, Moorgate, Londres 1795 - Roma, 1821
de Robin Hood y otros poemas, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2001
Tratamiento: Jorge Aulicino
imagen de Dante Gabriel Rossetti


A Dream, after Reading Dante…

lyzandro z.d. galtier. vértigo

Vértigo
I’m looking for the face I had Before the world was made. W.B. Yeats
Del silencio venido hacia el silencio voy, hacia las fuentes tiendo, hacia lo Absoluto, que en el mundo latente de lo manifestado, ya no ha menester de otro signo mayor.
Con el pensar mi cuerpo —roja tierra de espinas germinando— poco a poco de mí se libera y me abandona y no es de pronto sino la vestidura de mi espíritu y su tabernáculo.
Mi nombre aún solo un guarismo es, insombre. Sucede incluso que, despierto, no soy más que el objeto, la cosa y la persona que por ojo (el ojo, la lámpara del cuerpo) percibo, que siento por palpadura y por oído escucho, —todo cuanto por magia, en fin, intuyo y me rodea.
En mi más alto sueño, en cambio, —costumbre de costumbres, subvida de lo eterno trastornado— el universo todo, sin tiempo ni riberas vibra, vibra insondable en mi dentro, ¡oh milagro del ritmo transitivo, o microcosmo sigiloso!
Soy centro entonces y horizonte con el centro y con el horizonte, punto de reencuentro y puerta por un detrás de luz configurado…

ignacio di tullio. la nuez

La nuez
Casi al ras del suelo todos los hombres que yo no era miraban tu nuez subir y bajar a cada trago. Cuando me alzabas en brazos estudiaba el recorrido del hueso irregular que sobresalía de tu garganta como de la piel de un reptil. Atrapaba la nuez con el índice y el pulgar y me entretenía obstruyendo su trayecto hasta que te atragantaras de risa.
Creía que el hueso cabía en el hueco de una mano.
Soñaba que un golpe podía partir ese fruto y en su interior, la lágrima seca que duerme en el corazón de los duraznos.


***
Recuerda siempre al hombre
Recuerda siempre al hombre que cada sábado te despertaba para que lo ayudaras con la casa. Decía para qué llamar a alguien si el único problema que no tiene solución es la muerte. Recuerda su cara crecida de sombra y los ojos achinados por el humo del cigarrillo. Subía a altillos y tejados y vos lo esperabas al pie de la escalera con la caja de herramientas. Odiaste a ese cavernícola. Decía dejame a mí, pedía que le alumbraras con la linterna. Recuerda su catequesi…

sharon olds. vuelvo a mayo de 1937

Vuelvo a mayo de 1937


Los veo parados frente a los portones formales de sus colegios secundarios,
veo a mi padre salir caminando
por debajo del arco de piedra ocre, los
destellos de los azulejos rojos como curvos
platos de sangre detrás de su cabeza, veo
a mi madre con unos pocos libros livianos contra su cadera
parada contra un pilar hecho de pequeños ladrillos con el
portón de hierro forjado todavía abierto detrás de ella, las
puntas de lanza negras en el aire de mayo,
están por graduarse, están por casarse,
son chicos, son tontos, todo lo que saben es que son
inocentes, no lastimarían a nadie.
Yo quiero acercarme a ellos y decirles Alto,
no lo hagan - ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, van a hacer cosas
que no pueden imaginarse que harían,
van a hacerles cosas malas a los niños,
van a sufrir de maneras de las que nunca oyeron hablar,
van a querer morirse. Quiero acercarme
a ellos ahí en el sol de esa tarde de mayo y decirlo,
la cara ávida y preciosa de ella gi…