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Mostrando las entradas de septiembre, 2016

ko un/ choi jeong-rye/ kim chun-su. 19459 km

***
La nieve que cae en la aldea de Chagall

En la aldea de Chagall nieva en marzo.
En las sienes del varón que de pie espera la primavera
laten trémulas
sus venas recién brotadas.
La nieve, que se ha puesto miles de alas,
cae del cielo y cubre
los tejados y las chimeneas de la aldea de Chagall
acariciando las venas recién brotadas
en las trémulas sienes del hombre.
Cuando nieva en marzo en la aldea de Chagall,
los frutos invernales pequeños como caca de ratón
se tiñen de nuevo de color oliva
 y por la noche las amas de casa
alimentan en el fogón
el fuego más hermoso del año.

Kim Chun-su (v. 1922-2004)

***
Esa flor

Al bajar
vi
esa flor
que no vi
al subir,


2001
Ko Un (v.1933-)

***
El bosque

¿Conduce también a otros árboles
el camino que lleva a un árbol?
¿Arriba a todos los árboles hermosos
finalmente?

La belleza de un árbol
se asemeja a la belleza de otro árbol.

Temblor verde
sin principio ni fin,
¿de quién eres sombra
,momentáneamente?

Choi Jeong-rye (m. 1955)

De 19.459 km.,  Antonlogía de poesía coreana contemporánea, Sele…

miguel ángel petrecca. selección de 'la voluntad'

Cotorras

En el momento decisivo de su vida
lo decisivo fue un segundo de duda.
Amigos y enemigos, exégetas naturales
de su biografía estaban de acuerdo en eso,
y acotaban: qué paradoja que un hombre de acción...
El mismo, si hubiera roto el silencio obstinado
que mantenía respecto a este asunto decisivo
no podría sino haber estado de acuerdo,
pero habría agregado, también, detalles decisivos
para arrojar luz sobre su extraña conducta.
Su silencio, sin embargo, era más que entendible,
porque quién le hubiera creído en caso de haber dicho:
justo entonces una bandada de cotorras
pasó sobre mi cabeza haciendo barullo
y me distraje. La verdad suele ser ridícula
pero raras veces llega a estos extremos.
Tampoco habría sido más creíble su relato
si aparte hubiera agregado información
sobre el timbre de las cotorras y el grosor de la bandada,
o incluso sobre la peregrina cadena de ideas
que ligó en un sólo instante el grito de los pajarracos
con el recuerdo de una humillación juvenil.

***
Las cosas

Las cosas que hacen…

paul eluard. la ausencia

La ausencia
Te hablo a través de las ciudades Te hablo a través de los llanos
Mi boca está sobre tu almohada
Ambas caras de los muros se enfrentan Y mi voz que te reconoce
Yo te hablo de eternidad
¡Oh! Las ciudades y los recuerdos Ciudades envueltas por deseos Ciudades precoces y tardías Ciudades fuertes ciudades íntimas Despojada de albañiles De pensadores y fantasmas
Campiña, regla de esmeralda Vívida viviente sobreviviente El trigo del cielo sobre nuestra tierra Alimenta mi voz sueño y lloro Río y lloro entre llamaradas Entre racimos del sol
Y sobre mi cuerpo tu cuerpo extiende El manto de un espejo cristalino.
Paul Éluard, Saint Denis, 1895- De Paul Eluard, Poemas de amor, Selección y prólogo Javier Cófreces, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2016 Por este poema versión de Javier Cófreces

L'absence
Je te parle à travers les villes Je te parle à travers les plaines
Ma bouche est sur ton oreiller
Les deux faces des murs font face A ma voix qui te reconnaît
Je te parle d'éternité O villes souvenirs de vi…

mark strand. tu sombra

Tu sombra
Tienes tu sombra. Los lugares a los que fuiste te la han devuelto. Los pasillos y jardines vacíos del orfanato te la han devuelto. El puesto de  los canillitas te la ha devuelto. Las calles de Nueva York te la han devuelto y también algunas calles de Montreal. Las habitaciones de Belém donde los lagartos atrapaban mosquitos te la han devuelto. Las calles oscuras de Manaos y las calles húmedas de Río te la han devuelto. La ciudad de México de donde te querías ir te la ha devuelto. Y Halifax cuya bahía se lavó  las manos de ti te la ha devuelto.      Tienes tu sombra. Mientras viajabas la secuela blanca de tu partida hizo que tu sombra descendiera pero cuando llegaste ella te recibió. Tenías tu sombra. Las puertas que atravesaste te quitaron tu sombra y al regresar, te la devolvieron. Tenías tu sombra. Incluso si olvidabas tu sombra, volvías a encontrarla; siempre estuvo contigo. Una vez en el campo la sombra de un árbol cubrió tu sombra y fuiste un desconocido. Una vez en el campo pensaste…

miguel gaya. fernando pessoa se lamenta por sus heterónimos

Fernado Pessoa se lamenta por sus heterónimos

Todos se lo llevaron.
Mis mejores ropas, mis modales, las palabras
del manantial secreto. Esa mañana que no le he ofrecido a nadie
uno de ellos la arrojó al mundo, a las bestias
y los periódicos.
¡Mi secreto de dandy! ¡Mis ridículas poses
ante el espejo!
Mis inexistentes 
cartas de amor.

Por donde avanzo, ellos se han adelantado
quemando la hierba, convocando a las gentes
con artificios de circo y de matones.
Llego cuando la estación de trenes está vacía,
los brindis acabaron
y el último camarero me mira a través de la puerta,
descortés y hastiado. Adiós, me señala con la mano,
ya no abrimos hoy.

Cada uno de ellos a cada uno de los cuatro vientos y confines.
Adiós, me dicen también, no te recuerdo.

Entraron a saco en mí, me dejaron
como un espantapájaros. Seco. Viejo.

He vivido la vida que más horror me dio. Me afané
por las calles de Lisboa y no conocí
otras. Cada adoquín fue granito, cada fachada una máscara,
cada máscara,
espejo.

Así he sido, así fui,
y ellos huye…

john ashbery. pronto alivio

Pronto alivio
Apenas soportable, vivir al margen en nuestra sociedad tecnológica, siempre tenían que rescatarnos al borde de la destrucción, como las heroínas de Orlando Furioso antes de que hubiera tiempo de empezar de nuevo. Había truenos en los arbustos,  rumor de remolinos, y Angélica, en la pintura de Ingres, observando al colorido aunque pequeño monstruo cerca de su pie, como si se preguntara si olvidar todo el asunto no sería, al final, la única solución. Y luego siempre llegaba un momento en el que Happy Hooligan aparecía abriéndose paso en su oxidado auto verde, solo para asegurarse de que todo estaba bien. Solo que entonces ya estábamos en otro capítulo y confundidos sobre cómo tomar la última información. ¿Era información? ¿Acaso no estábamos actuando en beneficio de alguien, pensamientos en mente con espacio más que suficiente para nuestros pequeños problemas (eso parecía), nuestras preocupaciones diarias con respecto a la comida y el alquiler y las cuentas a //pagar? Reducir todo esto a…

h.d (hilda doolittle). selección de the flowering of the rod

2
Voy donde amo y donde soy amada, hacia la nieve;
voy hacia las cosas que amo sin pensar en deber o piedad;
voy a donde pertenezco inexorablemente, como la lluvia que corre por largo tiempo
en el surco, le he dado o le habría dado
vida al grano; pero si no crece o madura
con la lluvia de la belleza, la lluvia regresará a la nube;
el cosechador afila su acero en la piedra; pero este no es nuestro campo,
no hemos sembrado esto; implacables, implacables, dejemos
el espacio de una calavera a quienes la fabricaron.
H.D (Hilda Doolittle), Bethlehem, Pennsylvania, 1886 – Zurich, 1961 selección de The Flowering of the Rod,  Trilogy by H.D.,  New Directions, 1998 Versión © Silvia Camerotto

[2]
I go where I love and where I am loved, into the snow;
I go to the things I love with no thought of duty or pity;
I go where I belong, inexorably, as the rain that has lain long
in the furrow; I have given or would have given
life to the grain; but if it will not grow or ripen
with the rain of beauty, the rain will return to the cloud;

theodore roethke- la decisión

La decisión
I ¿Qué agita al ojo sino lo invisible? Escapar de Dios es la carrera más larga. Un pájaro me perseguía cuando era joven– el churrinche es lento para apagar  su canto, no podía sacarme ese sonido de la cabeza, el adormecido sonido de las hojas en el suave viento.
II ¡Levantarse o caer es una misma disciplina! ¡Se achica la línea de mi horizonte! ¿Cuál es el camino?, le grito a la negra, cambiante sombra, las cenizas en mi espalda. ¿Cuál es el camino?, pregunto y me dispongo como un hombre enfrentando a la nieve que se acerca.