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Mostrando las entradas de diciembre, 2016

margaret atwood. muerte de un hijo joven por ahogamiento

Muerte de un hijo joven por ahogamiento

Él, que navegó con éxito
por el río hostil de su alumbramiento
zarpó una vez más

hacia un viaje de hallazgos
en la tierra donde una vez floté
pero no pude tocar para reclamarla.

Sus pies resbalaron por la orilla,
la corriente lo arrastró
en un remolino de árboles y hielo en la creciente

y fue a dar a una región lejana,
su cabeza una escafandra;
por las burbujas de fino vidrio de sus ojos

observó, aventurero temerario,
un paisaje más raro que Urano
que todos hemos pisado y algunos recuerdan.

Hubo un accidente; se bloqueó el aire,
él colgaba en el río como un corazón,
recuperaron el cuerpo anegado,

túmulo de mis planes y futuros mapas,
con varas y ganchos
de entre los troncos amontonados.

Era primavera, el sol seguía brillando, el pasto nuevo
se hizo firme;
mis manos destellaban detalles.

Después de un largo viaje me cansé de las olas.
Mis pies tocaron fondo.
Las velas de los sueños se desplomaron,
Se desgarraron.
Yo lo planté en este país
como una…

roberto appratto. es la voz de tu conciencia

***
Es la voz de tu conciencia la que te habla Y te dice: no has de sufrir. Has de pensar en ti sobre todas las cosas, Es decir en mí: sin distraerte Con las ansiedades y los sentimientos de pérdida Que te acechan a cada paso. Escucha: Es la voz de tu conciencia la que te pide Concentración y seriedad Para pensar en tu vida. Ésta es la voz de tu conciencia que te exige, Desde ahora, Escribir un poema por día. Un poema. No es una broma Ni una exageración: un poema por día Te ayudará a limpiar tu espíritu Para no sufrir. Repito: no has de sufrir Por los problemas amorosos, sino Amar a ese poema que escribirás Para no sufrir. La voz de tu conciencia Vuelve a hablar: escúchame: no te pierdas En los trajines del día. No duermas tanto. No vayas al cine Sólo para pasar el rato. Debí haberte hablado antes. Debí Haberte prevenido contra todo eso, Pero esperaba que actuaras Por ti mismo. De modo Que me mantuve en silencio. Hoy, Con una voz ronca, tal vez por desuso, Pero fuerte, He decidido hablar, y por eso me estás escuchan…

john ashbery. y ut pictura poesis es su nombre

Y ut pictura poesis es su nombre
Ya no puedes decirlo así. Concernido por la belleza tienes que salir al aire libre, a un claro, y descansar. Sin duda cualquier cosa divertida que te ocurre está bien. Pedir más que esto sería raro en ustedes, ustedes que tienen tantos amantes, gente que te admira y que está dispuesta a hacer cosas por ti, pero piensas que no está bien, que si en verdad te conocieran. . . tanto como para un auto-análisis. Ahora, sobre qué poner en tu poema-pintura: las flores siempre son agradables, en particular la espuela de caballero. Nombres de chicos que conociste alguna vez y sus trineos, los cohetes son buenos-¿existen todavía? Hay muchas otras cosas de la misma calidad como las que he mencionado. Ahora uno debe encontrar algunas palabras importantes, y otro montón de palabras discretas, aburridas. Ella se me acercó por la compra de su escritorio. De repente la calle fue plátanos y el estruendo de los instrumentos japoneses. monótonos testamentos desperdigados por ahí. Su cabeza se …

césar vallejo. altura y pelos

Altura y pelos
¿Quién no tiene su vestido azul? ¿Quién no almuerza y no toma el tranvía, con su cigarrillo contratado y su dolor de bolsillo? ¡Yo que tan sólo he nacido! ¡Yo que tan sólo he nacido!
¿Quién no escribe una carta? ¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído? ¡Yo que solamente he nacido! ¡Yo que solamente he nacido!
¿Quién no se llama Carlos o cualquier otra cosa? ¿Quién al gato no dice gato gato? ¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!
¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!

César Vallejo, Perú, 1892- París, 1938 de Poemas Humanos, 1923-1938

rosario castellanos. el resplandor del ser

El resplandor del ser
Sólo el silencio es sabio. Pero yo estoy labrando, como con cien abejas, un pequeño panal con mis palabras.
Todo el día el zumbido del trabajo feliz va esparciendo en el aire el polvo de oro de un jardín lejano.
En mí crece un rumor lento como en el árbol cuando madura un fruto. Todo lo que era tierra -oscuridad y peso-, lo que era turbulencia de savia, ruido de hoja, va haciéndose sabor y redondez. ¡Inminencia feliz de la palabra!
Porque una palabra no es el pájaro que vuela y huye lejos. Porque no es el árbol bien plantado.
Porque una palabra es el sabor que nuestra lengua tiene de lo eterno, por eso hablo.
El ser eterno, único, la redondez del círculo cumplida.
Boca que se abre para decir sí como se abre -asintiendo- la semilla.
Baja a la inteligencia total, sin mengua, la palabra; y queda (como el ámbito por el que vuela un pájaro) plena y maravillada.
En mí su voluntad no fue hermosura. Me hizo, como a la planta del desierto, áspera y taciturna. Me alzó para medir la soledad en la extensi…

yvor winters. the old weep gently

Los viejos lloran suavemente
Estos viejos árboles suspiran en cada hoja, miran sus troncos como si regresaran años atrás. Los viejos nudos permanecen allí donde los miembros fueron arrancados- pequeños rostros borrados con la mano de su pena gargoleana; mientras las sombras se deslizan por los troncos como lágrimas.
Yvor Winters, Chicago, 1900- Palo Alto, 1968 Versión © Silvia Camerotto imagen de Osnat Tzadok

The Old Weep Gently
These old trees Sigh in every leaf, Look down their trunks As if back down the years. Old knots stay Where limbs were torn away- Little fist-rubbed faces Of gargoyle grief; While shadows Slip down the trunks Like tears.


yvor winters. sobre blake

Sobre Blake
Cuando la madre de Blake murió, él se levantó de la cama (era inválido) y le cerró sus ojos y acomodó su cabello; y sacó la almohada bajo su cabeza, y puso la sábana sobre su delgado y sereno rostro, y la dejó allí.
El pequeño Mayordomo se deslizó a través de la penumbra- una cucaracha asustada. Blake lo arrinconó para darle indicaciones. Y él: “¿A qué hora murió?”- La última palabra salió entrecortada con una mueca serena y dolorida. Gran problema. Su cabeza se sacudía ante Blake en el crepúsculo, febril, sombría. Blake es también pequeño, su cuerpo frágil se retorcía. Su cara transparente y afeminada algo estremecida,  congelada volvió a casa. El llanto de su hermana, apenas visible por la penumbra. estupefacta, borracha, al final del corredor. Esto fue todo.
Luego Blake regresó al cuarto crepuscular donde las velas luchaban débilmente con el anochecer. Retiró la sábana blanca del  blanco rostro. Su bata cayó en pliegues cerezas sobre esta, manchas de fiebre en la sombra. Estaba cansado y débil y …

joaquín giannuzzi. cumpleaños

Cumpleaños

He cerrado la puerta de mi padre.
Finalmente lo supe, al amanecer
de este cumpleaños en que te sobrevivo.
Pero aún con la difícil respiración
al borde de la cama y sombrías
opciones por delante, puedo entender
que tú y todos los muertos han perdido
y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra.
Entonces, todo lo que es está bien.
Por alguna razón me incorporo; jadeando,
vacío tu rostro hacia la pesada oscuridad
y tengo tu misma manera de torcer la boca
al paso de la puntada por el pecho anginoso.

Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires, 1924 - Salta, 2004
en Poesía Completa, Joaquín O. Giannuzzi, edición y prólogo de Jorge Fondebrider, Sibila, Sevilla, 2009Imagen de Soledad Calés

edgar bayley. entre un hombre y una mujer

Entre un hombre y una mujer

entre un hombre y una mujer
la vida crece
y crecen las lunas
los techos
la intemperie
mientras se entrecruzan palabras halcones arañas
zigzagueos de la sombra y la espera

entre un hombre y una mujer
la pasión crece 
el fulgor de una lucidez relampagueante
que traza en lo oscuro sus presagios
y cada uno teme al otro
y cada uno confía entrega una almendra al otro
y cada uno espera y dice: dios mío amor mío
y cada uno quisiera un reino azul para el otro
en cualquier parte del cielo o de la tierra
una magnolia
la arcilla
unos balcones que dan a un bosque espeso
mientras oscurece
pero el otro no sabe nada y calla

esto suele pasar entre un hombre y una mujer
que se aman
y que apenas se conocen
hasta que las caricias estallan
y se dicen todo sin decírselo
con las manos en sus cuerpos
con la respiración entrecortada
la misma de la tierra toda

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
de 'Algunos poemas más (1984-1990)' en Edgar Bayley, Antología poética, Tierra Firme, Selección y prólogo de …

juan manuel inchauspe. selección

6.

No serán las mismas huellas
del tiempo.

Tal vez mi fantasía
o mi tristeza las altera
abandonado como estoy
en medio de este paseo
inútil.

Pero cómo se parecen
éstas hojas de plátano
gruesas y húmedas
adheridas al borde del estanque.

1969

El centro de nuestra vida

El centro de nuestra vida 
es lo que importa
el centro
no la periferia abarrotada y estéril

La periferia de nuestra vida
que no pudimos prever
que hicimos 
que se hizo
y que va y viene
con nosotros.

El centro oculto de nuestra vida
es lo que vale.

Juan M. Inchauspe, Salta, 1940- Santa Fe, 1991
de Juan M. Inchauspe, Poesía completa, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1994
imagen de Susana Munay

jorge aulicino. la cara resplandeciente

I

La cara resplandeciente con que dijiste "nadie"
hace por un momento que la imaginación se tranquilice
ante un vacío acogedor, un vacío de los signos,
un cielo en el que las constelaciones suenan
como la música cóncava de un órgano
pero sin resonancias afectivas.

El maestro ha dicho "nadie", en cuanto al quién de la Creación, y
ese nadie se convierte en Nadie, un radiante e infinito hueco.
De ese modo, querido maestro Ateo, con tu voz muchachil
has encendido de nuevo la Presencia, has activado las
mayúsculas, los entes, las geografías,
los trasgos, los humores, los elementos (cuatro),
los elementos del clima también, los elementos periódicos,
y el carbono, la respiración de las plantas, el alelí abatido
por la lluvia y no sé cuántos jardines, Maestro. Has lavado el
misterio de Dios. Y en tu "nadie" suena el Nadie de todas 
las iglesias góticas y romanas.

Me has hecho dormir tranquilo, protegido por Nadie,
en el sordo rechinar nocturno, ese silbido urbano, la cabeza
sobre la…

william faulkner. sobre el borde del mundo

XXVIII

Sobre el borde del mundo, arrastrando a un suave noviembre
que reacio, los sigue, arrastrando a las lunas del frío:
¿qué recuerdan, al despertar, sus voces solitarias
en este polvo, antes de que fuese carne? ¿Qué antiguo e inquieto

sueño, dormido un milenio sin sobresalto,
despierta mi sangre a este punzante malestar? ¿Qué corno
les convoca? ¿He sido libre alguna vez? ¿He recorrido
sus cielos indómitos y solitarios antes de nacer?

La mano que moldeó mi cuerpo, que me dio la visión,
me hizo esclavo de la arcilla, a cambio de un sueldo de aliento.
Seguid, seguid, oh indómitos y solitarios: sean para mí las burlas,
y vengan después el esplendor y la velocidad, la limpieza de la muerte.

Sobre el borde del mundo, desde algún espléndido mediodía,
persiguiendo, y no en vano, algún alto deseo,
llenan y vacían la luna roja, agonizante,
y cruzan de nuevo, entre lágrimas, el borde del mundo.


William Faulkner, Albany, 1897- Oxford, 1962
en Poesía reunida , William Faulkner, Bartebly Editores, Traducción y p…