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Mostrando las entradas de febrero, 2016

derek walcott. fama

Fama

Esto es la fama: domingos,
un vacío
como en Balthus,

callejones empedrados,
soleados, áureos,
una pared, una torre dorada

al final de una calle,
un azul sin campanas,
como una tela muerta

fijada en su marco
blanco, y flores:
gladiolos, insípidos

gladiolos, pétalos de piedra
en un florero. La altísima
alabanza del coro

apagada. Un libro
de grabados mirándose
a sí mismo. El repiqueteo

de los tacos altos en una vereda.
Un reloj que arrastra.
Un ansia de trabajo.
Derek Walcott, Castries, Santa Lucía, 1930 Versión © Silvia Camerotto De The Arkansas Testament de Derek Walcott. Copyright © 1987  imagen de © Balthasar Balthus, Large Composition with Raven, 1986

alberto girri. la sombra

La sombra
De algún modo soy tu cuerpo,
Me designo en él, me quema
En la mentira útil como un remo,
En la desgracia y la amorosa lucha
Abriendo Los huecos de su máscara.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo,
Cuando la rica, inexplicable sangre,
Transcurre en medio de representaciones.
Y lo seré hasta que cenizas
Acaricien tu prestada, última parcela.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo,
La opresión que difunde me sostiene,
Y no en otro descienden las palabras,
Urde la disculpa el vejado sermón
Por nuestras pasadas facciones.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
De algún modo soy tu cuerpo
Y si en atención a su dañina mengua
Me cuido bien de mirarlo como esencia,
¿Con qué prodigio, incisivo milagro,
Percibiré tu pasión cuando lo excluya?
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.
Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991 en Alberto Girri, Obra Poética IV, Corregidor,…

jorge leónidas escudero. amigo íntimo

***  Amigo íntimo
Era noche de viento anoche cuando desvelado oí al gato amigo, el perdido, llamándome. Su quejumbre apagada oí e el impulso tuve de abrir todas las puertas a recibirlo.
Veinte días ya, y si no lo mató un perro viene ahí. Salte de la cama y corrí a la ventana ver si lo veía y hacerlo entrar acariciarlo darle comida. Sucio, flaco estaría después e tanta ausencia.
Entonces otra vez oí el llamado; pero mi di cuenta no era el gato, era una persiana que con el viento hacía tal quejumbre.
Cerré la ventana. Fui a mirarme al espejo ver qué cara le queda a uno después de desilusionarse. Y en esas vecindades de viento engañador y ladridos nocturnos volví a la cama a no poder dormir. Acaso ¿esto es mucho decir sobre la ausencia de un gato?
 *** Del amor
Mas quisiera un final algo florido ya que el amor es poesía. Para esto adhiero a una sabiduría antiquísima Y suspiro: Las abejas no saben por qué van a las flores y las flores no saben por qué atraen a las abejas. La palabra única (del libro "Tras la llave&…

wallace stevens. tristes acordes de un alegre vals

Tristes acordes de un alegre vals
La verdad es que llega un momento cuando ya no podemos lamentarnos más por música que es sonido sin movimiento.
Llega un momento en que el vals deja de ser un modo de deseo, un modo de revelar el deseo y está vacío de sombras.
Muchos valses han terminado. Y después está ese Hoon subido a la montaña, para quien el deseo nunca fue el de un vals,
quien encontró la forma y el orden en soledad, para quien las figuras nunca fueron las de los hombres. Ahora, para él, sus formas han desaparecido.
No hay orden ni en el mar ni en el sol. Las figuras han perdido su brillo. Estas son las inesperadas multitudes humanas,
estas nubes inesperadas de caras y brazos, una inmensa represión, liberada, estas voces que lloran sin saber por qué,
excepto para ser feliz, sin saber cómo, imponiendo formas que no pueden describir, requiriendo un orden más allá del discurso.
Demasiados valses-La épica del descreimiento resuena más seguido y pronto, pronto será constante. Algún escéptico armonioso pro…