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Mostrando las entradas de noviembre, 2016

ignacio de tullio. las hienas

Las hienas

Desde tu contestador automático
la voz de mi madre pronuncia tu nombre
como si fuese lo único que sabe decir.
Al nacer, dos palabras nos son dadas
como único patrimonio.
Una pequeña parcela donde crecer, criar hijos
servir de abono a la tierra.
Pues bien, mi madre ocupó tu terruño
y con las palabras de tu nombre 
hizo una hoguera de leña húmeda
para espantar las hienas.
También ella será la encargada
de barrer las cenizas, de mezclarlas
con lo que quede de tierra.

Ignacio Di Tullio, Buenos Aires, 1982
de Famiglia, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015

olga orozco. pavana para una infanta difunta

Pavana para una infanta difunta

Pequeña centinela, caes una vez más por la ranura de la noche sin más armas que los ojos abiertos y el terror contra los invasores insolubles en el papel en blanco. Ellos eran legión. Legión encarnizada era su nombre y se multiplicaban a medida que tú destejías hasta el último hilván, arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada. El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo. El que los abre traza la frontera y permanece a la intemperie. El que pisa la raya no encuentra su lugar. Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad; noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro, y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte: esa perversa tentación, ese ángel adorable con hocico de cerdo. ¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento? ¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir? Sólo había un jardín: en el fondo de todo ha…

alfonsina storni. selección

Espera
He de darte las manos, espera, todavía está llena la tierra del murmullo del día. La bóveda celeste no deja ver ninguna de sus estrellas... duerme en los cielos la luna.
He de darte las manos, pero aguarda, que ahora todo piensa y trabaja -la vida es previsora- Pero el corazón mío se esconde solitario, desconsolado y triste por el bullicio diario.
Hace falta que todo lo que se mueve cobre una vaga pereza, que el esfuerzo zozobre, que caiga sobre el mundo un tranquilo descanso, un medio todo dulce, consolador y manso.
Espera... dulcemente, balsámica de calma, se llegará la noche, yo te daré las manos, pero ahora lo impiden esos ruidos mundanos; hay luz en demasía, no puedo verte el alma.
De Irremediablemente, 1919 *** Tanta dulzura…
Tanta dulzura alcánzame tu mano que pienso si las frutas te engendraron, si abejas con su miel te amamantaron y si eres nieto excelso del verano.
Tanta dulzura no es de rango humano: los dioses tus pañales perfumaron, sobre tu sangre roja destilaron ojos de niños, lasitud de l…